La crisis de gobernabilidad, el avance de la corrupción y la falta de liderazgo de los funcionarios públicos que llevan las riendas del Perú han sumido a los ciudadanos en la desconfianza, el pesimismo y el hartazgo. Por esa razón se hace vital un golpe de timón urgente que nos guíe a una transformación real, pronta y duradera. Este giro solo es posible con un cambio de paradigma que solo el conocimiento, la ética y la experiencia pueden ofrecer.
Es aquí donde hace su aparición la Maestría en Gestión Pública de la UCV, que ofrece una formación estratégica y orientada al impacto. Está diseñada para quienes lideran o desean liderar el cambio dentro del Estado, con una visión ética, innovadora y enfocada a servir al ciudadano.
Según el Dr. Heraclio Campana, vicerrector académico de la UCV, “la gestión pública enfrenta déficit de profesionales capacitados para enfrentar los requerimientos de la sociedad, especialmente en sectores claves como salud, educación y seguridad ciudadana. En ese sentido, es necesario preparar de forma permanente al funcionario público actual y a los futuros para una adecuada toma de decisiones y ejercer un óptimo desempeño de sus funciones en favor de una sociedad más justa y democrática”.
Transformación total
La Maestría en Gestión Pública de la UCV cuenta con un gran pilar, que es la formación en gobernabilidad, que le permite al especialista gestionar asuntos públicos con eficiencia, transparencia y con la participación de los ciudadanos, desde la planificación, diseño e implementación de políticas públicas. Todo esto desde una visión estratégica constante.
“Es necesario contar con funcionarios públicos comprometidos con servir al país con visión estratégica y digital, que solucionen los problemas que aquejan a la sociedad a través de un servicio eficiente y de calidad. En este sentido, podemos señalar que la academia juega un rol importante en el proceso de reducción de estas brechas”, explica Campana.
En ese sentido, la Maestría en Gestión Pública de la UCV puede transferir conocimientos a los gobiernos, producto de las investigaciones que desarrollan, contribuyendo a la formulación de políticas públicas basadas en evidencias concretas. Por otro lado, ofrece competencias que permiten al funcionario público dominar el funcionamiento de las instituciones públicas con ética. Por último, contribuye a que los actuales y futuros funcionarios dominen las nuevas tecnologías, incluyendo la inteligencia artificial, para reducir la brecha tecnológica y digital que existe actualmente.
