La liberación del joven sicario Alberto Carlos Mejía Hernández, de tan solo 18 años, ha desatado una ola de alarma y sorpresa tanto en Chile como en Perú. Este miembro de la temida organización criminal Tren de Aragua, conocido por su vinculación con varios crímenes violentos, logró eludir los estrictos controles migratorios y cruzó de manera irregular la frontera entre Chile y Perú, generando interrogantes sobre la seguridad y las debilidades en el control fronterizo de ambos países.
Liberación “por error” y su posterior huida
El 11 de julio de 2025, Alberto Carlos Mejía Hernández fue liberado del penal Santiago 1, ubicado en la capital chilena, debido a un error administrativo por parte de Gendarmería. Según informes de la periodista chilena Marcela Rojas, Mejía fue excarcelado después de haber sido detenido por el asesinato de un empresario en Santiago, pero por una confusión judicial, su salida fue autorizada y salió caminando por la puerta principal del centro penitenciario.
El sicario, conocido en el mundo criminal por su participación en diversas actividades ilícitas en Chile y otras naciones, no dudó ni un segundo en aprovechar esta oportunidad para escapar, iniciando una huida que se extendió por más de 20 horas.
El largo viaje: desde Santiago hasta Tacna
Una vez fuera del penal, Mejía emprendió un largo viaje, primero en taxi, desde Santiago hasta Iquique, una ciudad ubicada en el norte de Chile. Durante el trayecto, el criminal pagó alrededor de 2.5 millones de pesos chilenos (aproximadamente S/9,300), cifra que confirma la organización bien estructurada que facilitó su escape. Esta tarifa exorbitante revela que no estaba solo en este viaje, y que los responsables de su traslado probablemente forman parte de una red de apoyo delictiva que opera en la región.
En Iquique, el sicario cambió de vehículo y siguió su camino hasta Arica. De allí, abordó un tercer taxi junto a tres pasajeros más con destino a un paso fronterizo no habilitado, cercano al control fronterizo de Chacalluta, en el norte de Chile. Fue en ese punto donde finalmente logró cruzar la frontera hacia Perú de manera ilegal.
El ingreso clandestino al Perú y el apoyo del Tren de Aragua
A pesar de los controles migratorios establecidos en la frontera, el joven sicario logró ingresar al Perú sin ser detectado. Según la periodista Rojas, su entrada fue facilitada por miembros del Tren de Aragua, quienes lo habrían recibido en la ciudad de Tacna, en el sur de Perú. Este detalle pone en evidencia la red organizada que opera en la zona, con la capacidad de eludir los controles oficiales y ofrecer apoyo logístico a los miembros de la organización.
De acuerdo con los análisis de expertos en seguridad, la organización delictiva Tren de Aragua ha establecido una estructura operativa que no solo se extiende por Venezuela, sino que también tiene presencia en otros países de América Latina, como Chile, Perú y Colombia. La información sobre la llegada de Mejía al Perú sugiere que este podría no ser su destino final, ya que muchos miembros de esta banda criminal tienen como objetivo llegar a otros países de la región, donde las leyes de extradición son más débiles, como Colombia o Costa Rica, o incluso regresar a Venezuela, donde las posibilidades de extradición son prácticamente nulas.
La creciente preocupación por la inseguridad y los controles fronterizos
Este caso ha generado una gran preocupación sobre la capacidad de los países involucrados para garantizar la seguridad en sus fronteras. El hecho de que un sicario tan peligroso haya podido cruzar de manera ilegal y sin ser detectado resalta las fallas en los sistemas de control migratorio de Chile y Perú, además de evidenciar la extensión de la influencia de las organizaciones criminales transnacionales en la región.
Expertos en seguridad advierten que el Tren de Aragua y otras bandas criminales siguen expandiendo su influencia en América Latina, y que su capacidad para operar en múltiples países representa una amenaza creciente para la seguridad pública en la región. Las autoridades tanto en Chile como en Perú se han visto presionadas a revisar y reforzar los protocolos de seguridad en las fronteras, especialmente ante la llegada de miembros de estas organizaciones.
¿Qué medidas están tomando las autoridades?
Aunque el Ministro del Interior de Perú, Carlos Malaver, se mostró despreocupado inicialmente sobre la presencia de Mejía en el país, los últimos informes indican que la Policía Nacional del Perú (PNP) y las autoridades migratorias han iniciado una búsqueda activa para localizar al sicario y evitar que continúe con sus actividades delictivas en el territorio peruano. Sin embargo, hasta el momento, no se ha proporcionado información detallada sobre las acciones concretas que se están tomando para capturarlo.
En cuanto a Chile, las autoridades han emitido alertas internacionales sobre el caso de Mejía, pero muchos se cuestionan la eficacia de los controles penitenciarios y migratorios en ambos países, dada la facilidad con la que el sicario pudo cruzar la frontera.
Un problema de seguridad regional
Este incidente pone de manifiesto no solo la preocupación sobre la seguridad en las fronteras, sino también la urgencia de un trabajo más coordinado entre los países de la región para enfrentar la creciente amenaza de las organizaciones criminales transnacionales, como el Tren de Aragua. La cooperación internacional, el fortalecimiento de los controles migratorios y la persecución más efectiva de los criminales son esenciales para evitar que situaciones como esta se repitan.
El caso de Alberto Carlos Mejía Hernández es un claro recordatorio de los desafíos a los que se enfrentan las autoridades latinoamericanas en su lucha contra el crimen organizado y la violencia transnacional.
La fuga de Alberto Carlos Mejía Hernández y su ingreso ilegal al Perú revela serias fallas en el sistema de justicia y en el control fronterizo, además de evidenciar la creciente presencia del Tren de Aragua en la región. Las autoridades deberán actuar con celeridad y eficacia para evitar que el sicario continúe operando en el país y, sobre todo, para reforzar los mecanismos de seguridad en las fronteras para evitar que más criminales logren burlar la justicia. Este caso también resalta la necesidad de una mayor cooperación entre los países de América Latina para frenar la expansión de estas organizaciones criminales.