González-Olaechea: "Aconsejaría que, previo diálogo, se dé el salvoconducto a Betssy Chávez"

Sobrio pero tenaz. El excanciller Javier González-Olaechea traza la hoja de ruta que, a su juicio, debería seguir el próximo gobierno en política exterior. Cuestiona la postura de la ONU sobre Pedro Castillo y revela qué prioridades debe tener el nuevo quinquenio en política exterior.

por Fiorella

El excanciller Javier González-Olaechea habla de qué se espera en este nuevo quinquenio en materia de política exterior. En esta conversación con CARETAS, repasa los desafíos que, a su juicio, marcarán las acciones de Estado. Comenta que —a la fecha— no ha tenido conversación con Keiko Fujimori y cuestiona la opinión emitida por un grupo de la ONU que indica que hubo una detención arbitraria de Pedro Castillo.

Sin esquivar temas polémicos, González-Olaechea también revela detalles inéditos sobre su salida del Ejecutivo, sostiene que el Perú debería abandonar la CELAC, defiende un mayor acercamiento a Estados Unidos y analiza por qué es vital reestablecer relaciones diplomáticas con México.


¿Qué le parecen los gestos, los mensajes de saludos diplomáticos que le han extendido a Keiko Fujimori algunas autoridades de otros países?

R: Muy buenos, muy oportunos y muy en la línea del cambio que se está produciendo en América Latina. El acento principal es fortalecer las libertades y la cooperación entre los países para combatir delitos que son transfronterizos, y para cooperar en todo lo que pueda potenciar el desarrollo de América Latina.

Si usted tuviera que asumir un gran desafío en los 100 primeros días de política exterior, ¿cuál cree que sería?

El primero de ellos sería denunciar la CELAC, esta organización de América Latina creada por Chávez y todo el Foro de São Paulo, al cual pertenecemos, que tenía por objetivo tener una OEA sin los Estados Unidos.

Yo he asistido —pues entonces no era canciller, representando a la presidenta Boluarte— y estaba en primera fila, y escuchaba al presidente de Cuba, Díaz-Canel, y a tres miembros del Foro hablar de libertades y democracia. Escuché también al señor Petro diciendo lo mismo. Escuché al señor Maduro, sentado a dos espacios a mi derecha, sosteniendo lo mismo.

Entonces creo que, además de ser un mensaje político muy fuerte hacia el mundo y hacia América Latina, como formamos parte, dejaríamos de pagar la membresía, y sería un ahorro en favor del dinero que necesitamos para los más necesitados.

¿Cree que el Perú ya debe alinearse políticamente con la postura de otros presidentes de la región?

El Perú no debe alinearse, casarse con nadie, con ningún país al 100%. Lo que hay que procurar es una convivencia cooperativa lo más estrecha posible, porque hay otras partes del mundo, otros países que tienen mucho interés en invertir en el Perú, y lo que tiene que hacer el país es promover la mayor cantidad de inversiones posibles para que justamente podamos crecer a tasas de 7, 8, 9, 10%, que es posible, creando empleo. Y obviamente combatir —y para eso sí poner especial énfasis— en nuestra región, la cooperación con aquellos países que combaten los crímenes transnacionales: narcotráfico, contrabando, minería ilegal, trata de personas, porque la mitad o más de los delitos actuales son transfronterizos. El mapa del delito ha cambiado en los últimos 20 años.

¿Cuál es el país que usted considera que es el mejor aliado del Perú ahora?

Estados Unidos.

¿Y le parece bien el papel que ha tenido comunicativamente el embajador Bernie Navarro en medio del contexto electoral? ¿Qué impresión le merece?

Pues Estados Unidos se dio cuenta a tiempo de que podíamos caer en manos de un gobierno cuyo discurso era de odio, de confrontación, de división. Y cuando se suscribió, hace un mes o mes y medio, un acuerdo con la Policía Nacional para fortalecer las capacidades y donar equipos, creo que ese mensaje —que va a durar este programa de cooperación y se va a ampliar— es muy importante. Lo último que sé es que la presidenta electa hoy quiere adherirse a la iniciativa de la Escuela de las Américas, lanzada por el presidente Trump, que está compuesta por varios países que practicamos los mismos valores: la libertad, la democracia, y que debemos cooperar.

Deberíamos potenciar al máximo posible la relación con los Estados Unidos, con los países afines de la región, pero también buscar mayor cooperación e intercambio en otras partes del mundo: en Europa, en Asia, en la India, por ejemplo.

De forma que nuestra relación es preferente con la región, pero no exclusiva, porque, por ejemplo, en el caso de Holanda, que es el segundo productor de alimentos del mundo —un país muy pequeño—, nosotros deberíamos recibir cooperación y hacer acuerdos con Holanda para explotar todo lo que no se ha podido explotar hasta ahora.

Cuando usted estaba ejerciendo el cargo en el gobierno de Dina Boluarte, ¿es correcto decir que ella buscó "acercarse mucho a China", o que China era uno de los países más cercanos al gobierno de aquel entonces?

Cuando yo asumí la Cancillería, tuve una conversación, obviamente previa, con ella, y en esa conversación me hizo algunas preguntas respecto a lo que yo pensaba de lo que sucedía en el mundo, y yo le contesté. Me dijo: "¿Qué puedo hacer para mejorar nuestra imagen?" —recordemos que acababan de pasar, meses antes, los lamentables sucesos con muertes en las calles—. Entonces yo le dije que utilizaría todas las capacidades, contactos y una visión holística que, por formación, tenía —había trabajado 20 años en Naciones Unidas, tenía muchas relaciones— y que todas las pondría al servicio del país.

China tenía interés, en esa etapa, siendo nuestro primer socio comercial, en incrementar las relaciones con el Perú. Entonces invitaron a la presidenta a una visita de Estado que fue muy trabajada con anticipación: se suscribieron 13 acuerdos. Yo viajé dos meses antes para acordar lo que se iba a suscribir, y creo que hay mucho que aprender en materia tecnológica. Entonces, claro, hay cosas que aprender.

¿Cree que el peso diplomático del Perú ha bajado en los últimos 5 o 10 años?

Habiendo tantos gobiernos, creo que bajó, con sinceridad. Claro que bajó. Yo recibí muchas críticas, por ejemplo, en las entrevistas que me hacían en Francia y en otras partes, por la cantidad de presidentes presos. Pero yo contestaba que también había que mirar la otra cara de la moneda: que en muchos países, también en Europa y en América Latina, había presidentes que habían robado y estaban libres en su casa, o viajando con el dinero a su gusto. Entonces, el hecho de que estuvieran procesados algunos presidentes demostraba que las instituciones peruanas, aunque no tan fortalecidas, finalmente terminaban actuando correctamente. Trataba siempre de darle la vuelta a la mala noticia, sin alterar la verdad de las cosas, diciendo la verdad.

¿Cómo terminó su relación con Dina Boluarte? ¿Usted la va a visitar?

No, yo no la visito.

¿Por qué salió usted del Ejecutivo?

Bueno, fue una suerte de divorcio conversado, tras algunas discrepancias que se fueron incrementando en los 30 días previos a mi salida.

¿Cree que hubo algún agente externo que incrementó esa desconexión?

Tengo la sospecha de que sí. Porque ella tenía siempre un, digamos, un petit comité que siempre estaba... Sí, tengo la sospecha de que sí. Pero no he querido mirar hacia el pasado. Yo soy una persona que mira hacia el futuro, que construye, y que aprende, obviamente, de las lecciones. Y bueno, finalmente, mi salida del gobierno fue apreciada por muchas personas —hay ahí encuestas—, y otras estaban en desacuerdo. Y sobre todo tras mi intervención en la OEA, que fue vista por 82 millones de personas.

Aunque algunos dijeron que usted había roto el estilo de sobriedad...

Bueno, es cierto. Algunas personas me criticaron. Pero hay momentos en la historia en donde, como ese, frente a una dictadura perversa y asesina, había que marcar una distancia. Y eso, bueno, ha merecido el reconocimiento de muchas autoridades de muchas partes del mundo, que hasta ahora se mantiene.

Manuel Rodríguez Cuadros, que recuerdo que lo cuestionó en ese momento de manera muy mediática. Y ahora ha sido parte del equipo de campaña de Roberto Sánchez

Manuel Rodríguez Cuadros es un embajador con mucha experiencia. Ha sido canciller. Es un hombre de pensamiento de izquierda, pero es un demócrata. Yo lo conozco hace 45 años, tengo una relación cordial con él. Y también he seguido los artículos que publica todos los domingos y yo diría que, en una buena cantidad de artículos, hay precisiones que él hace que son correctas y acordes a lo que es una política exterior y al derecho internacional público.

¿Usted se considera un hombre, digamos, bajo esa misma figura relacionada a la política exterior, de derechas aunque demócrata, igual que él? ¿O cómo se definiría?

R: Mira, yo fui fundador del Movimiento Libertad, o cofundador —uno de los 14 que participó en la fundación. Fui secretario nacional del Plan de Gobierno, miembro de la Comisión Política, y perdimos la elección frente al presidente Fujimori en la segunda vuelta. Producido el paso del tiempo, Javier Pérez de Cuéllar me invita a incorporarme a Unión por el Perú, y yo trabajaba en su casa todas las tardes —mi empresa funcionaba en la mañana—, era una suerte de asistente personal. Pero, en un momento determinado, me designa su portavoz político durante tres años: una experiencia maravillosa, muy honrado, por ejemplo, porque es uno de los grandes del siglo XX, Javier Pérez de Cuéllar, de quien aprendí muchísimo, por cierto.

¿Qué impresión le merece el documento publicado a favor de Pedro Castillo?

Es una opinión. De un grupo de trabajo sobre detenciones arbitrarias. Este grupo de trabajo forma parte de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas —comisión de la que forman parte todos los países del mundo, tal vez, creo, con la excepción de Corea del Norte—. Entonces eligen a los miembros sin considerar si es un país democrático o si es una dictadura. Entonces la comisión se llamaba Comisión de Derechos Humanos, y ahí encontramos la primera contradicción, porque países como el gobierno de Chávez, en su momento, fueron miembros de la comisión. Cuba, que es una dictadura perversa, en los últimos 5 años ha tenido 5 mandatos —los mandatos duran 3 años—; actualmente Cuba integra este selecto grupo.

¿Cree que Cuba ha tenido una influencia mayor o indebida?

Por supuesto. Cuando este grupo de trabajo emite la opinión, yo la estudié muy acuciosamente. Produje un documento que está colgado en mi cuenta de Facebook, que se llama "Precisiones", porque todo lo que dice manipula los hechos o carece de veracidad objetiva. Y además, el documento no es vinculante, porque está integrado por expertos y no por jueces.

¿Qué es lo que tiene que hacer el Perú?

Ya hubo una respuesta política de Cancillería, con un comunicado, y también entiendo que ha habido una nota diplomática de la misión del Perú en Ginebra ante la comisión, en unos términos un poco más duros que el comunicado.

Aunque no hay una posición política firme por parte del canciller actual.

Yo hubiera adoptado otra posición.

Balcázar dijo en una entrevista que los abogados de Castillo podrían tomar ese argumento en su petitorio de indulto. Y, de hecho, así ya lo han hecho

Bueno, la gracia presidencial es una facultad exclusiva y excluyente del jefe de Estado. Y entonces, claro, saca a debate de nuevo, como jefe de Estado, la posibilidad de un indulto. Y ahí cabría preguntarse si el indulto beneficia al Perú o lo perjudica. Hay quienes sostienen que sí, producido el indulto —toda vez que la presidenta Sheinbaum de México ha declarado que está dispuesta a normalizar las relaciones, a abrirlas, porque están rotas—, podría verse la manera de… bueno, si se lo considera un preso político, que no lo es, porque procuró la destitución del Congreso y determinó la detención de la fiscal de la Nación y la intervención del Poder Judicial. Si se lo quiere llevar, ya es una decisión del presidente actual y de la presidenta electa cuando asuma, y ella tendrá que pedir consejo a quien tenga a su alcance.

¿Cuál cree usted que es la opinión de la comunidad internacional sobre la detención del expresidente Castillo? ¿Piensan lo que dice la ONU?

Seguramente países con gobiernos de ideologías trasnochadas, o que están desinformados. Por ejemplo, México, digamos. Lo que pasa es que el presidente López Obrador tomó este caso con una obsesión, porque dedicaba casi todas las mañanas al expresidente Castillo, y en su oportunidad la propia canciller de México —la primera vez lo voy a decir— me solicitó, cuando yo estaba acompañando a la presidenta Boluarte, que le entregáramos a Castillo. Yo la conozco hace 30 años, a esta señora, y le dije: bueno, déjame pensarlo. Por escrito le llaman una "nota verbal", que es la forma como un Estado se dirige a otro, y evidentemente esa nota verbal nunca llegó, y entonces no lograron el objetivo.

Ahora la presidenta de México ha dicho que está dispuesta a negociar

Van a querer negociar, muy probablemente van a pedir el salvoconducto de Betsy Chávez, me imagino. Bueno, en ese caso, el salvoconducto se rige por la Convención sobre Asilo Diplomático de 1954, llamada Convención de Caracas. El artículo primero dice que la condición para calificar y otorgar el asilo la da el país al cual se le ha solicitado —en este caso, México, ¿correcto?—, pero en el artículo segundo, me parece, hace una excepción: salvo que la persona esté procesada por delitos tales y cuales, que es el caso de Betsy Chávez. Y yo produje un informe también sobre esta materia, planteando que se optara por no otorgarle el salvoconducto.

Cancillería lo está estudiando...

¿Cuál es el interés mayor que tiene el Perú? Toda vez que México forma, junto con el Perú, Colombia y Chile, la Alianza del Pacífico, y que nos suprimieron las visas —muchos peruanos no pueden viajar ahora a México—, creo que debemos mirar qué es lo que le conviene al Perú: más inversiones mexicanas, exportar más a México, y que se repotencie la Alianza del Pacífico, porque en su momento eran 3 a 1 —Sheinbaum, Petro y el presidente Boric—; ahora tenemos un presidente en línea, que es la señora Fujimori. Ella puede decir "mira, somos tres" y da la posibilidad de revivir la Alianza del Pacífico que ha ayudado mucho.

¿Usted sí entregaría a Betssy Chávez con miras a "fin mayor"?

Aconsejaría al presidente de la República que, previo diálogo, se dé el salvoconducto a Betssy Chávez. Obviamente coordinando al más alto nivel con el gobierno de México.

¿Debería hacerlo José Balcázar o Keiko Fujimori?

Bueno, si lo hace el presidente actual le allana el camino a la presidenta electa. Le quitaría el problema de encima. Yo de alguna manera hice saber mi opinión para que esto suceda antes del 28 de julio.

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