El excanciller Javier González-Olaechea habla de qué se espera en este nuevo quinquenio en materia de política exterior. En esta conversación con CARETAS, repasa los desafíos que, a su juicio, marcarán las acciones de Estado. Sin esquivar temas polémicos, González-Olaechea también revela detalles inéditos sobre su salida del Ejecutivo, sostiene que el Perú debería abandonar la CELAC, defiende un mayor acercamiento a Estados Unidos y analiza por qué es vital reestablecer relaciones diplomáticas con México.
¿Qué le parecen los gestos, los mensajes de saludos diplomáticos que le han extendido a Keiko Fujimori algunas autoridades de otros países?
Muy buenos, muy oportunos y muy en la línea con el cambio político que se está produciendo en América Latina. El acento principal debe estar orientado a fortalecer las libertades y cooperar en todo lo que permita potenciar el desarrollo de América Latina.
Si usted tuviera que asumir un gran desafío en los 100 primeros días de política exterior, ¿cuál cree que sería?
El primero de ellos sería denunciar la CELAC, esta organización de América Latina y el Caribe creada en su momento para contar con una OEA sin los Estados Unidos, a la cual aún pertenecemos.
Yo asistí cuando era canciller a una sesión ordinaria, estaba en primera fila representando a la presidenta Boluarte, y escuchaba al presidente de Cuba, Díaz-Canel y a otros presidentes hablar sobre libertades y democracia. Escuché al señor Petro diciendo lo mismo, también al citador Maduro, sentado a dos espacios a mi derecha, sosteniendo que su gobierno era democrático y que respetaba las libertades, lo cual revelaba la falsedad de las afirmaciones ahí expuestas.
Con nuestra salida de la CELAC, además de ser un mensaje político muy fuerte hacia el mundo dejaríamos de pagar la membresía y sería un ahorro que podríamos destinar para aliviar en algo la crítica situación de los más pobres del Perú.
¿Cree que el Perú ya debe alinearse políticamente con la postura de otros presidentes de la región?
El Perú no debe alinearse, casarse con nadie, con ningún país al 100%. Lo que hay que procurar es una convivencia cooperativa lo más estrecha posible, porque hay otras partes del mundo, otros países que tienen mucho interés en invertir en el país, y lo que tiene que hacer el Perú es promover la mayor cantidad de inversiones posibles para que podamos crecer a tasas de 7, 8, 9, 10%, que es posible, creando empleos y oportunidades. Y obviamente combatir los males comunes —y para eso sí poner especial énfasis en nuestra región- para combatir los crímenes transnacionales organizados: narcotráfico, lavado de activos, contrabando, minería ilegal, trata de personas, principalmente, porque la mitad o más de los delitos actuales son transfronterizos. El mapa del delito ha cambiado en los últimos 20 años.
¿Cuál es el país que usted considera que es el mejor aliado del Perú ahora?
Estados Unidos, dada a su nueva Administración.
¿Y le parece bien el papel que ha tenido comunicativamente el embajador Bernie Navarro en medio del contexto electoral? ¿Qué impresión le merece?
Estados Unidos se dio cuenta a tiempo de que podíamos caer en manos de un gobierno cuyo discurso era de odio, de confrontación, de división. Y cuando se suscribió, hace poco tiempo, un acuerdo con la Policía Nacional para fortalecer sus capacidades y donar equipos especializados, creo que este nuevo e importante hecho debería multiplicarse por cuanto compartimos ideales, problemas e intereses comunes.
Sobre esto, lo último que sé es que la presidenta electa ha afirmado que el Perú debe adherirse a la iniciativa del Escudo de las Américas, lanzada por el presidente Trump y que está compuesta por varios países que practicamos los mismos valores: la libertad y la democracia. Nosotros deberíamos potenciar al máximo posible la relación con los Estados Unidos, con los países afines de la región, pero también buscar mayor cooperación e intercambio en otras partes del mundo: en Europa, en Asia, con la India, por ejemplo.
Nuestra relación con la región es preferente pero no debe ser excluyente, porque, por ejemplo, en el caso de Holanda, que es un país pequeño, pero asimismo el segundo productor de alimentos del mundo, nos ofrece la oportunidad de recibir mayor cooperación para explotar todo lo que no se ha podido explotar hasta ahora en nuestras áreas cultivables.
Cuando usted estaba ejerciendo el cargo en el gobierno de Dina Boluarte, ¿es correcto decir que ella buscó "acercarse mucho a China", o que China era uno de los países más cercanos al gobierno de aquel entonces?
Cuando yo asumí la Cancillería, tuve una conversación previa con el premier de entonces y con ella, y en esa conversación la presidente me hizo algunas preguntas respecto a lo que yo pensaba de lo que sucedía en el mundo, y yo le contesté. Me dijo: "¿Qué puedo hacer para mejorar nuestra imagen?" —recordemos que acababan de pasar, meses antes, los lamentables sucesos con muertes en las calles—. Entonces yo le dije que utilizaría todas las capacidades, contactos y una visión holística que, por formación y experiencia tenía —había trabajado 20 años en Naciones Unidas, tenía muchas relaciones— y que todas las pondría al servicio del país.
China tenía interés, en esa etapa, siendo nuestro primer socio comercial, en incrementar las relaciones con el Perú. Entonces invitaron a la presidente a una visita de Estado que fue muy trabajada con anticipación: se suscribieron 13 acuerdos. Yo viajé dos meses antes para acordar lo que se iba a suscribir, y creo que hay mucho que aprender en materia tecnológica, por ejemplo. Siempre hay cosas que aprender de muchos países.
¿Cree que el peso diplomático del Perú ha bajado en los últimos 5 o 10 años?
Habiendo tantos gobiernos, creo que bajó, con sinceridad. Claro que bajó. Yo recibí muchas críticas, por ejemplo, en las entrevistas que me hicieron en Francia y en otras partes por la cantidad de presidentes presos. Pero yo contestaba que también había que mirar la otra cara de la moneda: que en muchos países en Europa y en América Latina, habían presidentes con dinero hurtado y disponiéndolo a su gusto. Entonces, el hecho de que estuvieran procesados algunos presidentes demostraba que las instituciones peruanas, aunque no tan fortalecidas, finalmente terminaban actuando correctamente. Trataba siempre de darle la vuelta a la mala noticia, sin alterar la verdad de las cosas, diciendo la verdad.
¿Cómo terminó su relación con Dina Boluarte? ¿Usted la va a visitar?
No, no la visito.
¿Por qué salió usted del Ejecutivo?
Bueno, fue una suerte de divorcio conversado, tras algunas discrepancias que se fueron incrementando en los 30 días previos a mi salida.
¿Cree que hubo algún agente externo que incrementó esa desconexión?
Tengo la sospecha de que sí, porque ella tenía un petit comité que le hablaba. Pero yo soy una persona que mira al futuro, que construye, y que aprende, obviamente, de las lecciones. Y bueno, finalmente, mi salida del gobierno fue mal vista por una buena mayoría de peruanos, ahí están las encuestas. Y sobre todo tras mi intervención en la OEA, que fue vista por 82 millones de personas a través del canal que tiene esa organización, según me informaron.
Aunque algunos dijeron que usted había roto el estilo de sobriedad...
Bueno, es posible aunque no lo creo. Algunas personas me criticaron. Pero hay momentos en la historia en donde, como ese, frente a una dictadura perversa y asesina, había que rechazarla marcando una indubitable posición democrática. Y eso, bueno, ha merecido el reconocimiento de muchas autoridades de muchas partes del mundo, que hasta ahora se mantiene.
Manuel Rodríguez Cuadros, que recuerdo que lo cuestionó en ese momento de manera muy mediática. Y ahora ha sido parte del equipo de campaña de Roberto Sánchez
Manuel Rodríguez Cuadros es un embajador con mucha experiencia. Ha sido canciller. Es un hombre de pensamiento de izquierda, pero es un demócrata. Yo lo conozco hace 40 años, tengo una relación cordial con él. Y también he seguido los artículos que publica todos los domingos y yo diría que, en una buena cantidad de artículos, hay precisiones que él hace que son correctas y acordes a lo que es una política exterior y al derecho internacional público.
¿Usted se considera un hombre, digamos, bajo esa misma figura relacionada a la política exterior, de derechas aunque demócrata, igual que él? ¿O cómo se definiría?
Mira, yo fui cofundador del Movimiento Libertad, uno de los 14 que le dio origen. Fui secretario nacional del Plan de Gobierno, miembro de la Comisión Política, y perdimos la elección frente al presidente Fujimori en la segunda vuelta. Producido el paso del tiempo, don Javier Pérez de Cuéllar me invita a incorporarme a Unión por el Perú, y yo trabajaba en su casa todas las tardes —mi empresa funcionaba en la mañana—, era una suerte de asistente personal, era muy joven. Pero, en un momento determinado, me designa su portavoz político durante tres años: una experiencia maravillosa y me sentí muy honrado porque es uno de los grandes del siglo XX, de quien aprendí muchísimo, por cierto.
¿Qué impresión le merece el documento publicado a favor de Pedro Castillo?
Es una opinión de un grupo de trabajo sobre detenciones arbitrarias. Este grupo de trabajo forma parte de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas —comisión que es elegida por todos los países del mundo, tal vez, creo, con la excepción de Corea del Norte—. Entonces eligen a los países sin considerar si es un país democrático o si es una dictadura y ahí encontramos la primera contradicción, porque países como el gobierno de Chávez, en su momento, fue miembro de la comisión. Cuba, que es una dictadura perversa, en los últimos 20 años ha tenido 5 mandatos —los mandatos duran 3 años—; actualmente Cuba integra la comisión.
¿Cree que Cuba ha tenido una influencia mayor o indebida?
Por supuesto. Cuando este grupo de trabajo emite la conocida opinión, yo la estudié muy acuciosamente. Escribí un documento que está colgado en mi cuenta de Facebook, que se llama "Precisiones…..", porque todo lo que dice no es cierto, manipula los hechos o carece de veracidad. Y, además, la opinión vertida por este grupo de trabajo no es vinculante, porque está integrado por expertos y no por jueces.
¿Qué es lo que tiene que hacer el Perú?
Ya hubo una respuesta política de Cancillería, con un comunicado, y también entiendo que ha habido una nota diplomática de la misión del Perú en Ginebra ante la comisión, en unos términos un poco más duros que el comunicado.
Aunque no hay una posición política firme por parte del canciller actual.
Yo hubiera respondido con mayor detalle.
Balcázar dijo en una entrevista que los abogados de Castillo podrían tomar ese argumento en su petitorio de indulto. Y, de hecho, así ya lo han hecho
Estado y pone a debate otra vez la posibilidad de un indulto y cabe preguntarse si esa posible excarcelación del expresidente Castillo beneficia o perjudica al país.
Bueno, la gracia presidencial es una facultad exclusiva y excluyente como jefe de Estado y pone a debate otra vez la posibilidad de un indulto y cabe preguntarse si esa posible excarcelación del expresidente Castillo beneficia o perjudica al país. Hay quienes sostienen que si es otorgada la gracia presidencial, —toda vez que la presidente Sheinbaum ha declarado que está dispuesta a restablecer las relaciones diplomáticas con el Perú—, podría verse la manera de, bueno, si se lo considera un preso político, que no lo es, porque procuró la destitución del Congreso y determinó la detención de la fiscal de la Nación y la intervención del Poder Judicial. Si se lo quieren llevar, ya es una decisión del presidente actual o de la presidenta electa cuando asuma, y ella tendrá que pedir consejo a quien tenga a su alcance.
¿Cuál cree usted que es la opinión de la comunidad internacional sobre la detención del expresidente Castillo? ¿Piensan lo que dice la ONU?
Seguramente en países con gobiernos de ideologías trasnochadas, o que están desinformados. Lo que pasa es que el presidente López Obrador tomó este caso casi como una obsesión, porque dedicaba casi todas las mañanas al expresidente Castillo, y en su oportunidad la propia canciller de México —la primera vez lo voy a decir— me solicitó, cuando yo estaba acompañando a la presidenta Boluarte en San Francisco que le entregáramos a Castillo. A esa señora yo la conozco hace 30 añosy le dije: bueno, déjame pensarlo, envíame por escrito tu solicitud en una "nota verbal", que es la forma como un Estado se dirige a otro, y evidentemente esa nota verbal nunca llegó, y obviamente no lograron el objetivo.
Ahora la presidenta de México ha dicho que está dispuesta a negociar
Van a querer negociar, muy probablemente van a pedir el salvoconducto de Betssy Chávez, me imagino. Bueno, en ese caso, el salvoconducto se rige por la Convención sobre Asilo Diplomático de 1954, llamada Convención de Caracas. El artículo primero dice que la condición para calificar y otorgar el asilo la da el país al cual se le ha solicitado —en este caso, México, ¿correcto?—, pero en el artículo segundo hay una excepción: salvo que la persona esté procesada por delitos tales y cuales, que es el caso de la señora Betssy Chávez. En su momento yo escribí una suerte de informe también sobre esta materia, planteando que se optara por no otorgarle el salvoconducto.
Cancillería lo está estudiando...
¿Cuál es el interés mayor que tiene el Perú? Toda vez que México forma, junto con el Perú, Colombia y Chile, la Alianza del Pacífico, y que nos suprimieron las visas —muchos peruanos no pueden viajar ahora a México—, creo que debemos mirar qué es lo que le conviene al Perú: más inversiones mexicanas, exportar más a México, y que se repotencie la Alianza del Pacífico, porque en su momento eran 3 a 1 (Sheinbaum, Petro y el presidente Boric). Ahora es al revés, con Chile y en pocos días con Colombia. La presidente Fujimori —lo digo coloquialmente— podría decir "mira, somos tres" y podría abrir la posibilidad de revivir la Alianza del Pacífico que se ha desinflado mucho.
¿Usted sí entregaría a Betssy Chávez con miras a un "fin mayor"?
Aconsejaría al presidente de la República que, previo diálogo, se otorgue el salvoconducto a Betssy Chávez. Obviamente coordinando con México al más alto nivel para restablecer las relaciones diplomáticas designando embajadores en ambas capitales.
¿Debería hacerlo José Balcázar o Keiko Fujimori?
Bueno, si lo hace el presidente actual le allana el camino a la presidenta electa. Le quitaría el problema de encima. Yo de alguna manera hice saber mi opinión para que esto pueda suceder antes del 28 de julio.