La polémica en torno a la compra de aviones de combate por parte del Perú se intensificó luego de que la Embajada de Estados Unidos confirmara, mediante un comunicado, la realización de una firma técnica vinculada al acuerdo por los F-16 Block 70. Aunque no se ha anunciado el cierre definitivo del contrato, el avance formal del proceso y el tono del pronunciamiento han puesto el foco en los costos de las demoras y en el trasfondo político de la operación.
El proceso se remonta a 2024, cuando el Perú inició una licitación competitiva para modernizar su flota aérea, una necesidad identificada desde hace más de una década. En ese contexto, la empresa Lockheed Martin presentó una propuesta que, según Estados Unidos, cumple con los requisitos técnicos, financieros y procedimentales establecidos por el país.
De acuerdo con la Embajada, durante el último año y medio se trabajó “de cerca y de buena fe” pese a los cambios de liderazgo en el Perú y a la postergación de plazos. El paquete ofrecido incluye aviones F-16 Block 70 —descritos como la versión más avanzada de este modelo— junto con un programa integral de capacitación para que personal peruano pueda asumir el mantenimiento, sostenimiento e ingeniería de la flota.
Además, el componente económico se enfatizcomo parte central del acuerdo:
“Lockheed Martin ha ofrecido un paquete de proyectos que invertirá en el pueblo peruano, creando empleos y desarrollando las industrias aeroespacial y espacial del Perú”.
Sin embargo, el comunicado también deja ver incomodidad por la gestión del proceso. Estados Unidos señala que la firma prevista para el 17 de abril fue pospuesta sin comunicación directa:
“Estados Unidos se enteró de que la firma fue pospuesta a través de la radio nacional”.
Pese a ello, se confirmó que una firma técnica se llevó a cabo el 20 de abril de 2026, con conocimiento de los más altos niveles del Gobierno peruano.
Estados Unidos al Perú: "luego los costos suben"
El punto más sensible del pronunciamiento está en la advertencia sobre los retrasos. La Embajada subraya que la producción de aeronaves de este nivel implica una compleja cadena de suministro y compromisos industriales que no pueden sostenerse indefinidamente en las mismas condiciones.
“No existe tal cosa como un retraso pequeño e intrascendente”.
“Los contratos de proveedores mantienen el costo por un período finito, luego los costos suben”.
Incluso, advierte que el escenario puede cambiar en el corto plazo:
“El mismo paquete no estará disponible en un par de meses, o incluso en un par de semanas”.
Además, en paralelo, Washington refuerza el carácter estratégico de la relación bilateral, recordando la cooperación en defensa, operaciones contra el narcotráfico y programas como los helicópteros Black Hawk. En esa línea, el mensaje trasciende lo militar y apunta a una alianza de largo plazo:
“Así es como los Estados Unidos se presenta para sus socios: soluciones innovadoras, propósito compartido, resultados más sólidos”.
En medio de cuestionamientos internos y demoras en la toma de decisiones, el proceso de adquisición de los F-16 no solo abre un debate sobre gasto militar, sino también sobre predictibilidad del Estado peruano y su posicionamiento frente a socios estratégicos. El mensaje de Estados Unidos es claro: la oferta sigue en pie, pero el tiempo —y el costo— ya empezó a correr.