La Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE) 2025, realizada del 4 al 6 de noviembre, en el Centro de Convenciones de Lima, dedicó uno de sus paneles a un tema que continúa siendo una deuda pendiente del país: la reforma del sistema de justicia. Bajo el título “Seguridad jurídica y justicia para los peruanos ¿para cuándo?”, tres reconocidos abogados litigantes –Humberto Abanto Verástegui, Natale Amprimo Plá y Aníbal Quiroga León–, reflexionaron sobre las causas y caminos posibles para superar la crisis judicial.
Durante el cónclave se presentó una encuesta realizada por IPSOS Perú a líderes corporativos y ejecutivos de alto nivel de las cinco mil empresas más grandes del Perú, donde una de las preguntas fue la aprobación del Poder Judicial. El resultado arrojó una aceptación del 5 % y una desaprobación del 83 %.
HUMBERTO ABANTO: EL INICIO DE LA REFORMA EN LA CORTE SUPREMA
Centró su intervención en la falta de verosimilitud del sistema judicial y en la urgencia de una reforma efectiva. Señaló que “cada quién ha hecho una reforma para hacer su propio Poder Judicial” y que, aunque todos declaran querer el cambio, no existe una verdadera voluntad de reforma. Criticó que los intentos se inicien con propuestas casi inviables, como una reforma constitucional que requiere 87 votos en dos legislaturas, y propuso empezar con cambios menos ambiciosos pero posibles, como la modificación de las leyes orgánicas del Poder Judicial y del Ministerio Público, que solo necesitan 66 votos.
Planteó que la reforma debe comenzar por la Corte Suprema y sugirió incorporar nuevos jueces. Consideró esencial fortalecer la jurisprudencia y el precedente, recordando que actualmente “un juez o un fiscal decide no obedecer la jurisprudencia del Tribunal Constitucional o de la propia Corte Suprema, y no le sucede nada”.
Afirmó que, “aquí llegó el momento de jugarse la piel. El problema de la justicia no es un problema de abogados solamente”. Llamó a evitar el “gatopardismo” –cambiar todo para que nada cambie– y a iniciar una reforma desde la cabeza del sistema judicial. “Queremos ser un país del primer mundo, pero sin un sistema de justicia que realmente funcione, todo eso va a ser mentira, escenografía. Va a ser una modernidad epidérmica”, concluyó.
NATALE AMPRIMO: EL FACTOR HUMANO Y LA BÚSQUEDA DE EXCELENCIA
Se refirió a la ausencia de excelencia dentro del sistema judicial y en la necesidad de atraer a los mejores profesionales. Señaló que la crisis de la justicia no es nueva, pero que “hemos llegado a un nivel límite”. Identificó tres elementos principales que deben enfrentarse: la falta de autonomía, la ausencia de infraestructura y la provisionalidad. Sin embargo, añadió un cuarto factor que calificó como el más importante: el factor humano.
Aclaró que “no todos los jueces en el Perú son corruptos, malos o faltos de independencia”, y reconoció que existen “jueces magníficos y muy bien preparados”, aunque representan una minoría. Sostuvo que “la excelencia académica, los mejores alumnos de las mejores universidades, no aspiran ni a ser fiscales ni a ser jueces”.
Como propuesta concreta, planteó crear un fondo, incluso privado, a través de convenios entre facultades de derecho, el Poder Judicial y la Fiscalía de la Nación, para que los alumnos del décimo superior de las mejores universidades realicen prácticas en dichas instituciones y reciban una remuneración triple respecto a la que pagan los estudios jurídicos más prestigiosos de la capital. “Generemos un incentivo para que los mejores vayan allí”, dijo.
Criticó además los procesos de ratificación de magistrados cada siete años, calificándolos como “un callejón oscuro”, y cuestionó las cuotas para el ascenso judicial, que –según afirmó– “solo deberían basarse en la calidad de las sentencias”. También rechazó bonificaciones del 15 % en los exámenes finales por motivos ajenos al mérito y sostuvo que “en ese cuoteo lo que tenemos es la mediocridad”.
Finalmente, advirtió que la reforma “no es un tema de leyes, es un tema humano”, y que “si la justicia es mala, pero usted tiene un juez honesto y decente, habrá justicia”.
ANÍBAL QUIROGA: UNA JUSTICIA ATRAPADA EN LA CRISIS
Al abordar el dilema de si la reforma judicial debe ser interna o externa, fue enfático al afirmar que el sistema judicial está colapsado. Explicó que la inseguridad jurídica, la dilación de los procesos, la falta de meritocracia, la provisionalidad, la insatisfacción social y el fracaso en la lucha contra la criminalidad no son problemas recientes, sino que provienen “de muy antiguo”.
Afirmó que ya no se trata solo de una crisis del Poder Judicial, sino de toda la administración de justicia, que incluye a la Academia de la Magistratura, la Defensoría del Pueblo, la Junta Nacional de Justicia, el Ministerio Público, entre otros. “El sistema de justicia en el Perú siempre ha estado en crisis. Ha sido la cenicienta del Estado permanentemente”, expresó.
Sostuvo que al poder político nunca le ha interesado tener un sistema de justicia eficiente, pues “una justicia eficiente es un control para el poder”. Añadió que “la justicia nació en crisis y está en una zanja de la cual no ha podido salir”, y que los poderes fácticos no permiten su avance.










