En nuestra entrega anterior respaldamos la llegada del general César Astudillo Salcedo al Ministerio del Interior. Sin embargo, enfatizamos que la crisis de inseguridad exige mano dura, firmeza y decisiones radicales de inmediato. Advertimos con claridad tres pilares innegociables: liderazgos militar y policial verdaderamente operativos y desplegados en las calles —menos escritorio y más presencia estratégica—, un sistema de inteligencia interinstitucional que interopere eficazmente, ágil e implacable, y la aplicación obligatoria del polígrafo para depurar sin miramientos a los malos elementos de las fuerzas del orden. Frente a una delincuencia que mata a diario, el Estado no puede actuar con tibieza.
Mientras no exista un verdadero punto de quiebre y no percibamos ese corte de gestión y nuevo rumbo claro en avances palpables en el combate al crimen organizado —además de resultar incomprensible e insostenible que se insista en ratificar al general Óscar Arriola—, la gestión policial no va a despegar: mostrará un comando poco eficaz y comprometido. Cualquier plan, con esta administración, estará destinado al fracaso pese a las loables estrategias que pueda estar proyectando el Ejecutivo.
El ministro Astudillo, en su presentación ante el Congreso, refirió su estrategia de seguridad ciudadana basada en cinco ejes: prevención e inteligencia criminal, recuperación del territorio, desarticulación logística y financiera del delito, control fronterizo y articulación del sistema de justicia. Entre las medidas destacan el fortalecimiento de la lucha contra la extorsión y las economías ilegales, el uso de IA y datos biométricos, una mayor fiscalización de armas y la construcción de penales de alta seguridad.
Sin embargo, deberá aterrizarse bien el plan para habilitar cuarteles militares como reclusorios y desplegar a las Fuerzas Armadas en los establecimientos penitenciarios. Asimismo, resulta llamativa la omisión de la alianza PNP-FBI —que ya rinde frutos contra el crimen transnacional— y la falta de un comando unificado con el sector privado. Para pasar de las palabras a la acción drástica en un plazo de 100 días, planteamos esta hoja de ruta multisectorial, con medidas de corto plazo.
Eje 1: Articulación interinstitucional y tecnológica
• Fuerza de tarea conjunta antiextorsión: turnos fiscales y judiciales 24/7 para juzgar en flagrancia a extorsionadores y sicarios, asegurando prisión preventiva inmediata para los cabecillas capturados.
• Bloqueo telefónico e inteligencia financiera: sanciones severas a operadoras telefónicas que no bloqueen en menos de dos horas las líneas denunciadas. Cruce de datos en tiempo real con la Unidad de Inteligencia Financiera para congelar de inmediato las cuentas receptoras de cupos.
• Depuración e integridad policial: evaluaciones obligatorias de control de confianza (polígrafo, exámenes patrimonial y toxicológico) al personal de la DIVINDAT, DIVIAC y comisarías de alta incidencia delictiva.
Eje 2: Alianzas estratégicas y tecnología
• Red de videovigilancia integrada con IA: Integrar los sistemas cerrados de cámaras de videovigilancia de centros comerciales, gremios de transporte y emporios como Gamarra o Mesa Redonda con la Central 105 de la PNP para la identificación facial de criminales requisitoriados.
• Cadenas de suministro seguras: GPS obligatorio, botones de pánico y conexión directa con comisarías para el transporte de carga e interprovincial, blindando a los conductores del cobro de cupos.
Eje 3: Sociedad civil y gobiernos locales (participación ciudadana)
• Frentes cívicos vecinales digitales: reactivación de juntas vecinales vinculadas al patrullaje integrado PNP-Serenazgo mediante aplicaciones móviles, incentivando la denuncia anónima.
• Campañas contra la extorsión: orientación masiva en mercados y paraderos para evitar el financiamiento involuntario de mafias extorsivas. En resumen, la seguridad ciudadana no es una tarea exclusiva del Ministerio del Interior, sino una causa nacional que exige decisión, estrategia, disciplina y tecnología. La patria exige mano dura. Es momento de corregir el rumbo, cambiar a los mandos que no rinden y recuperar la paz en nuestras calles.












