Arequipa, tierra de volcanes, se convirtió esta semana en el epicentro de la conversación sobre el español, su futuro y su vasto territorio cultural. Un idioma hablado por más de 500 millones de personas en el mundo, pero que no está exento de amenazas derivadas de su constante evolución.
En 2019, durante el Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE) celebrado en Córdoba, Mario Vargas Llosa, Nobel de Literatura, propuso que la próxima edición tuviera lugar en Arequipa, su ciudad natal. Sin embargo, el golpe de Estado de Pedro Castillo obligó a buscar una solución de emergencia y trasladar el encuentro a Cádiz, España.
Como en la cultura todo tiene un ida y vuelta, y pese a la coyuntura política actual, el X CILE llega para saldar una “deuda pendiente”, cumpliendo así el deseo del Nobel peruano. “Dios es grande y nos ha dado una nueva oportunidad”, expresó el alcalde arequipeño Víctor Hugo Rivera.
El congreso tuvo como ejes centrales los grandes desafíos del español contemporáneo: mestizaje e interculturalidad, lenguaje claro y accesible, culturas digitales e inteligencia artificial. Durante toda la semana, académicos, escritores, filólogos y filósofos participaron en sesiones plenarias por la mañana y en paneles simultáneos por la tarde.




ESPAÑOL Y LA IA
Uno de los temas más urgentes fue el futuro del español en tiempos de una revolución tecnológica sin freno, donde la inteligencia artificial (IA) ya forma parte de la vida cotidiana.
Santiago Muñoz Machado, director de la Real Academia Española (RAE), advirtió que “esta es una revolución que ha multiplicado sus efectos muy rápidamente”. Comentó que hay muchas palabras que han entrado en nuestras vidas de un modo muy invasivo.
Ante eso, Muñoz Machado señaló que las academias de la lengua han asumido una doble posición frente al impacto de la IA. Por un lado, buscan garantizar que las “máquinas parlantes” utilicen un español correcto y conforme a la normativa académica, colaborando con los desarrolladores de estas tecnologías. Por otro lado, se reconoce que con la IA hay una oportunidad para mejorar sus propios servicios: desde la elaboración de obras lingüísticas y verificadores automáticos, hasta sistemas que faciliten la certificación y el buen uso del idioma en beneficio de los hablantes. “De lo que se trata es hacer “más felices a nuestros ciudadanos”, apunta Machado.


NOTICIAS FALSAS
Otro tema relevante en el X CILE fue la desinformación y el impacto de las noticias falseadas en la democracia. Además de los debates, el Instituto Cervantes montará hasta finales de noviembre en la Casa Gibson (Calle La Merced 108) la exposición “Noticias Falseadas” donde se aborda de manera muy didáctica este tema.
“No se puede tirar la toalla en estos tiempos de incertidumbre”, advirtió Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, apelando a la responsabilidad ciudadana de respaldar a los periodistas en la defensa de la verdad, “para que no caigan en el estercolero de la desinformación”.
Por su parte, Pepa Bueno, exdirectora del diario El País, fue tajante: “La verdad es una aproximación honesta a la realidad; no implica cambiarla a nuestra conveniencia. Sin embargo, hoy es mucho más barato inventar noticias, caer en la polarización o dejar de lado la verificación”.
Sobre este tema la conclusión fue contundente: sin periodismo profesional no hay democracia, y sin lengua, no hay posibilidad de entendimiento.
Disputa entre los Guardianes del Idioma


El CILE en Arequipa no estuvo libre de tensiones. La rueda de prensa inaugural evidenció el enfrentamiento entre Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, y Santiago Muñoz Machado, de la RAE. Días antes, García Montero había cuestionado al jurista español, y la RAE respondió con un comunicado de “repulsa”.
Más allá de la polémica, el trasfondo del conflicto refleja una disputa por la autoridad cultural y simbólica sobre el español: quién marca su rumbo, quién define sus límites y quién representa su proyección internacional.
Mientras el Instituto Cervantes busca acercar la lengua a las nuevas realidades culturales y tecnológicas, la RAE insiste en preservar la norma y el equilibrio de las academias. En Arequipa, esa tensión quedó más visible que nunca: la guerra por el español también se libra dentro de sus propias fronteras.











