Carlos Baute no tenía previsto quedarse en Lima. Vino por un show privado en Casa Banchero y debía viajar a Estados Unidos para tres conciertos, pero calculó mal el regreso. “Irme a España y volver era absurdo”, dice. Así que se quedó. Pasó unos días para descansar, surfear y visitar a amigos venezolanos que ahora viven aquí. Su presencia coincidió con el lanzamiento de Quién mejor que tú, un tema armado casi al vuelo en Miami. “Tenía el coro desde hace tiempo. Se lo enseñé a Andrés Castro y me dijo: esto funciona”, recuerda. Mientras tanto, otra canción regresaba por cuenta ajena. Yo me quedo en Venezuela, escrita en 1995 y usada después como símbolo político, reapareció en manos de dos jóvenes que mezclaron su coro con un urbano ligero. “Me taggeaban a cada rato. Cuando vi el video, pensé: bueno, ya está, vamos”, cuenta. Lo sorprendió especialmente la imagen del videoclip: “Me mandaron mi cara hecha en IA. Muy preciso todo”. Tiene varios lanzamientos en fila y un disco para 2026, pero le es grato seguir viviendo el día a día. “Agradezco poder seguir viviendo de hacer música”.

Escribe: LUIS E. LAMA
El Concurso del ICPNA tiene varios años con altibajos. Es multidisciplinario y cuenta con un curador que define los finalistas a participar. Hubiera preferido un jurado para tomar una decisión más plural. Sin embargo, el año pasado, con Gabriela Germana, los resultados fueron muy sólidos.
El presente año le correspondió a Víctor Mejía, un arquitecto que ha hecho buenas curadurías. Sus resultados
son distintos porque ha privilegiado a una serie de disciplinas que solían estar ausentes y, además, ha sido valiente al haber aceptado propuestas trasgresoras que difícilmente habrían pasado otros filtros.
No sé los nombres de la totalidad de los que fueron rechazados, pero extraña la ausencia de muchos artistas emergentes que no han participado o que no han sido aceptados. Conozco por lo menos a unos cincuenta jóvenes talentosos cuyas obras se extraña. Es imprescindible estudiar las causas de estas abstenciones para futuros eventos.
Celebro en cambio que no haya grandes nombres como antaño, salvo algún reconocido como Natalia Revilla, el
resto tiene trayectoria limitada, lo que considero positivo porque todo concurso, dada la situación actual del Perú, debería orientarse a privilegiar lo emergente.
Del conjunto de 33 artistas se puede discrepar de la escala de los formatos o las limitaciones de algunos proyectos, pero el curador ha suplido las carencias con ingenio. Ha elegido obras poco ortodoxas y ha regresado de nuevo el video y la performance. De otro lado, la participación del interior del país tiene un buen nivel, lo que es
de agradecer. Destaca Alexandra Astrid Gutiérrez, de La Oroya, con una propuesta altamente diferenciada.
Como en la mayoría de los concursos actuales, los curadores deben elegir una propuesta o ver un currículum, pero ocurre que entre el proyecto y su realización suele haber un abismo.
Rocío Gómez, conceptualmente, es la más sólida del concurso. Sin embargo, su reflexión sobre el cuerpo femenino se vuelve confusa al usar cuatro capas superpuestas que hacen imposible un adecuado análisis de su material. Un libro de artista o un video hubieran sido el soporte ideal para la complejidad de esta obra.
Manuel Limay Inil presenta “Barbecho”. Un conjunto de impresiones fotográficas de rostros de agricultores –o sus hijos– estampadas sobre papas. Las connotaciones ideológicas en torno a la chacra, la familia, la educación y la supervivencia hacen que el espacio rural se convierta en el lugar de la memoria de buena parte el Perú. Es la obra más lograda. Lamentablemente esta demandaba un gran montículo para formar una instalación que haga posible apreciar el carácter emotivo de la propuesta. En su lugar hay un poco de tierra esparcida sobre el piso que atenta contra el sentido de la obra.

A pesar de que los tejidos y los bordados se han agotado en los concursos del MUCEN considero necesario destacar tres obras. La primera es la escultura de Ariana Macedo Domínguez donde el cuerpo es construido a partir de la herencia de las tejedoras de Huarochuc. Por su parte Emilio Longhi presenta “Bolivia Mar”, trabajando nociones de centro, periferia y demás problemas que aún permanecen vigentes y sin solución. Su trabajo de pintura acrílica y bordado sobre totora es muy logrado. Finalmente, los bordados en punto de cruz de Bruna Denegri. En esta pieza ella se desplaza entre eros y thanatos a modo de un comic que va definiendo acciones que involucran nuestra vida. Su complejidad ameritaba un formato más ambicioso.
La pintura está presente, aunque no sea mayoría. La que me resulta de mayor interés es la de José Ignacio Iturburu con sus vistas de Limatambo. Luce como una película hecha desde distintos ángulos a diferentes horas del día. Con cuadros de un formato mayor su participación hubiera sido uno de los ejes del concurso.
Natalia Documet presenta un notable paisaje interior, que constituye una de las mejores propuestas pictóricas. Walther Sánchez, de Arequipa, es el pintor de mayor oficio. Es de lamentar que su narración esté centrada en el sexo cuir y la culpa. La absolución o el perdón de los pecados escapa a mis entendimientos. Finalmente, Alessandra Leiva, también arequipeña, carece del oficio para representar su ambiciosa propuesta transexual. La temática es trabajada de forma más corrosiva en el video de José Carlos Flores, sobre la comunidad trans en Lima.
Finalmente es indispensable destacar la participación de Camila Camargo. Es la pieza mas potente, con su estructura de fierro que sostiene conos de los que caen gotas al nivel inferior. Esta pieza, como diría Henry Moore, tiene un aspecto monumental mayor a sus dimensiones reales, y no es difícil imaginarla en gran escala, en un espacio público con varillas de acero corten, conos mayores, canales de agua, que los alimenten, un espejo líquido en el piso, etc. Estética e ingeniería se unen en una obra que amerita una inversión mayor para su realización definitiva.
Es necesario mencionar además el interés de Verónica Penagos, Andrea Seguraz, Omar Castro y tantos otros que han hecho del recorrido en el ICPNA un irregular descubrimiento continuo.
El jurado integrado por Claudia Coca, Karen Bernedo y Juan Peralta, declaró como ganador a Manuel Limay, y las menciones fueron para Alexandra Astrid Gutiérrez, (La Oroya) y la notable video instalación de Omar Castro Villalobos “Música para el aeropuerto Jorge Chávez”, la primera pieza de una serie de investigaciones sonoras colaboración con Sebastián Suárez (visuales), Ignacio Noguerol (teclados), y Alfredo Coll y Johann Frech (producción musical). Ver https://www.youtube.com/watch?v=r_eZ_DgLRqw
Las decisiones han sido acertadísimas.

Por: MARCE ROSALES
Hay algo inquietante en la portada de LUX. Rosalía aparece con el cabello dispuesto como un halo, pero no es un gesto virginal. Es la imagen de alguien que ha atravesado un incendio y todavía irradia luz tras una larga búsqueda. Lux significa “luz” en latín, pero aquí funciona más como un estado posterior a la combustión, mostrando claridad después del caos y purificación sin puritanismo. Semanas antes del lanzamiento, la artista pidió escuchar el disco en un cuarto oscuro, un ejercicio que no está de más para quien quiera adentrarse en la mística de este material.
Este nuevo trabajo marca distancia radical con Motomami y con la exuberancia de El Mal Querer.
Desde el inicio queda claro que lo orquestal es el esqueleto conceptual del disco. Rosalía, formada en la Escuela Superior de Música de Cataluña, regresa a los conocimientos que la moldearon. El maximalismo barroco convive con la simplicidad del minimalismo por momentos. Hay comparaciones constantes entre cielo y tierra, entre carne y espíritu, entre fragilidad y destino, lo divino y lo mundano. “Mi corazón nunca ha sido mío”, canta en Reliquia.
El álbum tiene una gran ambición. Rosalía canta en 14 idiomas —trece que no son el suyo— y los utiliza como capas emocionales. En Divinize conviven catalán, inglés y español sobre guitarras oscuras y un fraseo casi flamenco: “El dolor una delicia”, “I knew I was made to divinize”. La respiración funciona como una percusión sexy y la London Symphony Orchestra articula un dramatismo que evita el exceso gracias a los arreglos de Caroline Shaw, ganadora del Pulitzer de música.
Pero la dimensión espiritual de LUX no se entiende del todo sin la iconografía femenina que lo habita. Rosalía ha dicho –y lo remarcó en México– que el disco está inspirado en Santa Teresa, Santa Rosa de Lima, Juana de Arco, Olga de Kiev, Miriam y otras figuras místicas. En esa frontera, el nuevo look de Rosalía se aprecia como una especie de purificación que toma sentido. Deja de interpretarse como un simple disfraz religioso, para dejar entrever un proceso de depuración. Una santidad posible, pero terrenal.
Cada canción funciona como una estación de ese viaje. Porcelana explora la fragilidad (“Mi piel es fina”, “Ego sum nihil”) mientras juega con japonés y latín. Berghain eleva la tensión hasta lo insoportable, improvisando sobre el Dies Irae de Verdi, con un coro que recita miedo e ira; la aparición de la histriónica Björk corona el momento más sombrío del disco. La Perla es la pieza más cercana a un single, impecablemente orquestada, posiblemente inspirada en Rauw Alejandro, expareja de la catalana. Mundo Nuevo rechaza lo mundano; De Madrugá susurra en ucraniano entre respiraciones que recuerdan que el cuerpo también reza.
La ironía aparece en Dios es un stalker, donde la espiritualidad tropieza a propósito con lo digital. Y luego está La Yugular, quizá la más radical: líneas en árabe, referencias a Undibel –Dios en lengua calé– y una seguidilla cercana a lo experimental. “Yo no tengo tiempo para odiar a Lucifer”, recita. En Sauvignon Blanc, el renacer toma forma de simplicidad cuando deja caer la porcelana para liberar lo que pesa y busca un futuro dorado. La Rumba del Perdón vuelve al flamenco, recordando sus orígenes musicales. Memória, parcialmente en portugués, pide no olvidar lo vivido. Y Magnolias cierra como un testamento cósmico.
El contexto personal ilustra por su cuenta. Rosalía ha atravesado rupturas, giras extenuantes, picos de fama y mucho agotamiento espiritual. LUX puede ser interpretado, tal vez no como una respuesta agotadora, pero sí como un proceso. No es un álbum triste, sino uno que reconoce que el exceso desgasta hasta a cualquiera sin importar su background. Y que, para seguir creando, a veces toca apagarse. Este disco suena a un detox emocional en una época donde el ruido es virtud y la saturación es moneda diaria.
Quizá por eso LUX desconcierta a quienes esperan una Rosalía inmediata, rítmica, explosiva. Aquí el esplendor apunta a ser más lento, más profundo y más exigente. Puede sonar ambicioso, incluso pretencioso, pero también es honesto.
A los 33, Rosalía se muestra en su estado más consciente. Una artista que se mueve del pop global a la ópera y que recurre a las santas por devoción y el poder simbólico del misticismo femenino.
Después de todo lo quemado, la artista se reconoce frágil, cósmica y mortal a la vez. Por eso, el final de Magnolias que coincide con el final del álbum sintetiza con una simple explicación sobre la existencia: “Yo que vengo de las estrellas. Hoy me convierto en polvo pa’ volver con ellas”. Rosalía deja de ascender para, por fin, aprender a caer. Y en esa caída hay una forma de gracia. Una luz. Una verdad.
El pasado 14 de noviembre, el gobierno de Gustavo Petro anunció la firma de un contrato con la firma sueca Saab para la compra de 17 aviones de combate Gripen E/F por un valor cercano a £ 3.1 mil millones (USD 3.6 mil millones).
El anuncio tenía todos los elementos de un salto estratégico: modernizar la flota aérea de la Fuerza Aérea Colombiana y abandonar aparatos obsoletos para dotarse de materiales de última generación. Pero la operación también despertó al menos dos líneas de investigación ciudadana y política que vienen cargando con suspicacias.
DIFERENCIA DE PRECIOS
Un análisis de la prensa colombiana puso sobre la mesa lo siguiente: el régimen colombiano pagaría hasta un 55 % más por cada Gripen nuevo en comparación con el contrato que Saab firmó con Tailandia. Por ejemplo: Tailandia adquirió 4 unidades por aproximadamente USD 583 millones, USD 145.75 millones por unidad, mientras que Colombia transaría 17 máquinas por un costo unitario, USD 253.75 millones, que arroja cifras mucho mayores. Este escenario generó preguntas fundamentales: ¿qué factores explican la diferencia? ¿Incluye Colombia más repuestos, entrenamiento, mantenimiento o compensaciones industriales (offsets)? El presidente Petro salió a responder asegurando que en efecto esta compra era integral e incluía repuestos y transferencia tecnológica. Sin embargo, hasta ahora no se han publicado todos los detalles del contrato que aclaren la estructura completa de los pagos.
VIDA DE LUJO
Otro foco de la polémica se dirige al entorno presidencial. La primera dama colombiana, Verónica Alcocer, se encuentra envuelta en críticas a raíz de un reportaje del tabloide sueco Expressen que señala que reside en Estocolmo desde octubre, frecuenta ambientes de lujo y se mueve entre círculos exclusivos del jet-set sueco. Estas revelaciones se superpusieron a la confirmación del contrato de aeronaves, lo que vinculó la operación con un debate sobre transparencia, ética pública y gasto del Estado. La combinación de un contrato millonario, diferencia de precios comparativos con otros países y la percepción de privilegio volvió el asunto en blanco de denuncias. La organización Ciudadanos y Veedurías solicitó la apertura de una investigación contra Petro por “interés indebido en la celebración de contratos” y “sobreprecios” en la adquisición.

IMPLICANCIAS PERUANAS
Este desarrollo es más que una noticia colombiana. En el Perú, el gobierno de Dina Boluarte tenía a los Gripen como la principal opción para renovar la flota de aviones de combate. Si bien el contrato peruano difiere, los signos de interrogación que emergen en Colombia deben servir como advertencia para nuestra institucionalidad. Actualmente, el proceso de compra de aviones de combate por parte de la Fuerza Aérea del Perú (FAP) sigue en fase de evaluación. El Ministerio de Defensa informó sobre la adquisición de 24 nuevos cazas de última generación, lo cual representaría un salto sigvolnificativo en capacidades y ubicaría al Perú en el top 3 de países con más aeronaves de combate en Sudamérica. Entre los modelos analizados se encuentran el Saab JAS 39 Gripen (Suecia), el Dassault Rafale (Francia) y el Lockheed Martin F 16 (EE. UU.). La decisión final aún no se ha tomado, pues los criterios en juego –potencia ofensiva, costos operativos, infraestructura logística y escalabilidad de la flota– siguen sujetos a análisis. El embajador saliente del Reino Unido, Gavin Cook, ha sido uno de los promotores de la compra a favor de Suecia. Los Gripen, por cierto, tienen también importantes componentes estadounidenses.
AVIONES EN PRESUPUESTO
La cosa sigue en serio. El Proyecto de Ley de Presupuesto Público para 2026 incluye una partida de S/ 5700 millones (aproximadamente USD 1600 millones) destinada al “segundo tramo” del financiamiento para la adquisición de 24 aviones de combate para la Fuerza Aérea del Perú (FAP). Esta asignación se suma al primer tramo de unos USD 2000 millones incorporados en el presupuesto de este año, completando así los cerca de USD 3500 millones previstos por el Ministerio de Defensa para la renovación de la flota.
La ley proyecta que estos montos serán financiados mediante emisión interna de bonos del Estado, en paralelo con esfuerzos para reducir el déficit fiscal. El documento oficial señala que el ajuste contempla “el incremento de ingresos y la desaceleración del gasto público” para acercarse al límite de regla fiscal del 2,2 % del PBI, lo que indica que la compra de estos cazas se integra al marco general de consolidación de las cuentas públicas. Como puede leerse en las declaraciones del ex MEF Alfredo Thorne en esta edición, los puntos de vista sobre la materia difieren marcadamente.
Queda claro que un contrato aeronáutico de ese nivel implica compromisos de gasto que se traducen en varias décadas de amortización. Pero los sobrecostos, cuando existen, se vuelven un lastre para la defensa, pero también para la reputación del Estado. Y la dimensión política –transparencia, intermediarios, imagen pública– se vuelve clave cuando la operación es tan visible internacionalmente.
En Colombia, la Contraloría General le pidió al Ejecutivo toda la información sobre la compra para abrir una auditoría sobre el proceso. Saab y el gobierno han defendido el contrato, pero el escrutinio seguirá. En el Perú, el debate sobre renovación de flota de combate no está cerrado y este episodio podría robustecer la exigencia de mayor claridad desde el Congreso y la opinión pública. La compra de los Gripen es un asunto de Estado colombiano, pero también un catalizador de reflexión para la región sobre cómo se hacen los grandes negocios de defensa y qué tan preparados están los países latinoamericanos para gestionarlos con transparencia y eficiencia.

La confusión no siempre es un derrumbe. Para Andrea Llosa, ese estado que en el cuerpo pesa como un vacío y en la mente se multiplica como un eco fue, inesperadamente, un punto de partida. Spring Summer 25/26 nació en un territorio movedizo donde nada estaba claro, pero todo podía transformarse. “Cuando uno está demasiado seguro, no hay espacio para otras miradas e ideas”, explica.







RUPTURA Y RENACIMIENTO
El origen es íntimo, pues deriva de una separación familiar que alteró sus ideas de hogar, amor y estabilidad. “Reorganizó mi idea de ver el mundo, las relaciones y qué es lo que nos mueve como seres humanos”, cuenta. Ese quiebre no solo alteró su vida personal, también redefinió su manera de diseñar. Llosa empezó a mirar la confusión como una especie de brújula rota que, aun fallando, señala algo verdadero. En ese proceso descubrió que la claridad absoluta nunca es tan fértil como ese intervalo de preguntas donde lo interno y lo externo se cruzan sin alinearse del todo.
EL CAOS TOMA FORMA
Su método parte de sensaciones más que de ideas concretas. “Yo no tengo clarísimo lo que haré. Pero está bien porque eso deja entrar nuevas ideas”, explica. De ahí aparecen imágenes que luego se convierten en estampados. Las escaleras infinitas para representar pensamientos que se encadenan sin descanso, un pez que se muerde la cola para ese ciclo mental que repite y repite, puntos de colores que buscan ordenar lo que se desborda. “La confusión a veces es como subir una escalera que no termina”, dice. Ese vértigo emocional se vuelve grafismo, textura y movimiento, que se vuelve como un registro de un estado mental.
En un contraste que ya reconoce como parte de su naturaleza, sus colecciones más luminosas han nacido de sus etapas más oscuras. “Es increíble. En mis estados más profundos y difíciles han salido las colecciones más alegres”. Esa claridad involuntaria se materializa más adelante en sus diseños, con colores intensos para abrir espacio, formas repetitivas para domesticar el miedo y líneas fluidas para recordar que todo lo difuso y tembloroso también puede avanzar.
Los estampados se vuelven así un diario íntimo no confesional, una forma para exorcizar temores. El color que necesitó para respirar, la forma que mejor traducía una duda, el ritmo constante de un pensamiento que insistía en volver. En Spring Summer 25/26, ese lenguaje se vuelve más visible, más preciso y más honesto.


DISEÑAR SIN ESTEREOTIPOS
Pero la colección no es solo introspección. Llosa sostiene una idea clara sobre el papel que debe cumplir la moda, el de ser un acto de conciencia. Diseñar menos, diseñar mejor y diseñar para durar. Elegir materiales con intención. Apostar por procesos locales que no romantizan lo artesanal, sino que se fortalecen en relaciones reales y sostenibles. Crear piezas que acompañen a las personas a lo largo del tiempo, lejos de la ansiedad de las tendencias. “La moda responsable es una forma de empatía”.
Esa empatía también atraviesa su mirada sobre la inclusión. Diseñar libertad significa liberar al cuerpo de las expectativas de la edad, de la talla, del estereotipo. La ropa como herramienta para que cada persona se exprese desde dentro. “Para mí, la inclusión en el diseño empieza por la libertad. Cuando usas la ropa como expresión y no como regla, sales de los estereotipos: no importa la edad, el cuerpo o lo que otros esperan de ti. La prenda tiene que nacer desde quién eres tú”, detalla.
El norte creativo de Andrea Llosa parte de diseñar como alguien que enciende una luz mínima en una habitación oscura. No para disipar la sombra por completo, sino para orientarse lo suficiente como para seguir avanzando. Y, en ese gesto, permitir que otros también encuentren un camino. (M.R)

Por: LUIS MIGUEL IGLESIAS LEÓN
Este domingo 30 de noviembre, la mayoría de partidos que participarán en las elecciones generales de 2026 realizarán sus elecciones primarias. Ahí definirán sus planchas presidenciales y también a los candidatos que buscarán un escaño en el Senado y en la Cámara de Diputados. En algunos partidos habrá listas únicas, es cierto; pero, aun así, los delegados tienen en sus manos la responsabilidad de escoger a quienes podrían ocupar un lugar en el nuevo Congreso.
Las primarias son, por tanto, el primer filtro de la oferta electoral que llegará a nuestras manos el próximo año. Y ese filtro debería servir para elevar el nivel, considerando que hoy tenemos congresistas investigados por corrupción, tráfico de influencias, abuso de poder, recorte de sueldos, maltrato familiar y un largo etcétera. Pese a todo ello, muchos intentarán reelegirse o dar el salto al Senado. Por eso este proceso importa tanto.
Ahora bien, ¿qué requisitos deberían cumplir quienes aspiran a representarnos? La Constitución fija los mínimos: ser peruano o peruana de nacimiento, tener 25 años para postular a Diputado y 45 para el Senado, contar con derecho al voto y estar inscrito en el RENIEC. A esto se suman las reglas básicas de integridad: no tener condena por delito doloso en primera instancia, no ser deudor alimentario y no tener reparaciones civiles pendientes.
Si han ejercido función pública, deben haber renunciado dentro del plazo de ley, y por supuesto, no estar inhabilitados por sentencia penal. Todo eso debería ser controlado por los propios partidos en sus internas. Lo mínimo que se espera es que no nos presenten candidatos que apenas pasan una revisión documental.
Pero seamos sinceros: cumplir requisitos no garantiza tener buenos legisladores. Y ahí entramos nosotros, los ciudadanos. Para elegir bien, tenemos dos responsabilidades principales. La primera –y esencial– es emitir un voto informado. Eso significa revisar antecedentes, trayectoria profesional y propuestas reales de los candidatos del partido que preferimos. Gracias al voto preferencial, no estamos atados al orden de la lista; podemos elegir incluso al último si consideramos que es el más íntegro, el más capaz o el más transparente.
Para eso existen herramientas que debemos usar. El JNE pone a disposición la plataforma Voto Informado, y tradicionalmente la Contraloría ha impulsado iniciativas como “Postula con la Tuya” o “En estas elecciones, tú tienes el control”, que buscan alertar sobre el uso indebido de recursos públicos y promover la integridad electoral. La ONPE, por su parte, tiene la responsabilidad de facilitar, educar e informar a la ciudadanía para que el votante llegue al día de la elección con criterios claros y sin dudas básicas sobre cómo votar.
Con cerca de medio millón de postulantes proyectados para 2026, no será sencillo seguirles el rastro a todos. Por eso es fundamental que el JNE y la ONPE refuercen sus campañas de educación cívica, pero también que los ciudadanos asumamos nuestra parte: buscar la información, contrastarla y desconfiar de los discursos fáciles. La segunda responsabilidad es votar con convicción ética.
Estar informados no sirve de mucho si al final aceptamos cualquier cosa por simpatía, por miedo o por ofertas imposibles –nuestros políticos son campeones en eso–. Debemos ser firmes: evitar el voto en blanco, que solo debilita la legitimidad del proceso, y apostar por quienes muestran una trayectoria limpia, un comportamiento coherente y propuestas sensatas. El país necesita un Congreso que trabaje para la gente, no para intereses particulares ni para quienes ven la política como un negocio o una oportunidad salarial. Y eso dependerá, en gran medida, de lo que hagamos en la cabina de votación. Si votamos bien, elegimos bien. Si votamos por inercia, repetimos el mismo problema.
El 13 de noviembre se desarrolló el encuentro “Tertulias ítalo-peruanas”, en el marco de la publicación de “Los italianos en la sociedad peruana” y el “Diccionario histórico biográfico de italianos en el Perú”, dos obras clave del Fondo Editorial de la Universidad de Lima. Estas ediciones resaltan la profunda huella italiana en la construcción del Perú moderno y fortalecen el diálogo entre nuestras identidades.






MIENTRAS en Chile el ascenso de José Antonio Kast parece confirmar que la región entra en una cuarta ola de derechas, el Perú sigue ofreciendo un espejo quebrado: elecciones altamente emocionales, liderazgos fragmentados y un voto ideológico que –a pesar de lo que se suele afirmar– sí existe, pero opera bajo lógicas distintas a las del resto de Sudamérica. A nivel global, la discusión académica coincide en que la derecha vive un momento de reorganización profunda. El politólogo argentino Ariel Goldstein resume esta trayectoria en cuatro oleadas: la primera, con influencias fascistas en los años 30 y 40; la segunda, la del macartismo y las dictaduras del Cono Sur; la tercera, la neoliberal, que encarnaron Collor de Mello, Menem, Fujimori o Uribe; y la cuarta, la actual, caracterizada por un anticomunismo 2.0, articulado en redes, con conexiones internacionales explícitas y la capacidad de reivindicarse públicamente (Milei, Vox, Meloni, Trump). “La internacional reaccionaria opera hoy a cara descubierta”, dice Goldstein. Cuatro rostros de un tablero fragmentado: López Aliaga busca consolidar la derecha dura; Álvarez disputa el mismo espacio con tono disruptivo; Atencio reordena a la izquierda radical; y Belaúnde intenta crecer desde el centro liberal. El contraste peruano es inevitable. Aquí se repite que la ideología ya no sirve, que el voto es volátil, que lo emocional lo domina todo. Sin embargo, los datos muestran otra COSA.

EMOCIONES CON IDENTIDADES
Según el consultor Henry Rafael, organizador de la cumbre de organización política, empresarial y gubernamental EDIRCOM 2025 que se realiza la próxima semana, las campañas contemporáneas se deciden por emociones más que por propuestas. La estrategia consiste en generar un vínculo afectivo –quién te hace reír, renegar o enamorarte– y segmentar digitalmente al electorado hasta encontrar nichos de dos o tres puntos que puedan sostener un crecimiento gradual. La intención de voto temprana, dice, importa poco. “La elección está más para los que no están en la foto”, advierte. La segunda vuelta, cree, podría librarse entre uno de los candidatos conocidos y otro que hoy no está en las encuestas. La volatilidad es real, pero no es sinónimo de ausencia ideológica. Más bien, la ideología aparece tardíamente, en la consolidación del voto duro. Y allí el Perú muestra patrones claros.
LA IZQUIERDA ESCONDIDA
El estudio de la consultora Wiñaq, presentado por Sebastião Mendonça Ferreira en la última CADE, aporta evidencia sólida:
• La izquierda peruana suele obtener entre 25 % y 35 % de la votación nacional, con una media histórica cercana al 30 %.
• Su intención de voto previa a la campaña está subrepresentada.
• A partir de los 75 días previos a la elección, su curva crece de manera constante hasta acercarse a su techo estructural.
Esto explica fenómenos como el de Pedro Castillo en 2021. Hay quien afirma que Castillo “no era de izquierda”, porque su electorado fue emocional y heterogéneo. Pero ese argumento ignora hechos elementales: llegó con un partido que se define abiertamente como marxista-leninista y fue impulsado por el mismo patrón territorial, socioeconómico y lingüístico que sostiene a la izquierda desde hace décadas. Desde este orden de ideas, no fue un accidente: fue un voto programático, aunque operado emocionalmente. El sur, recuerda Wiñaq, vota por la izquierda de forma sistemática, mientras que Lima lo hace por la derecha. Y cuando la derecha carece de liderazgos claros, el centro crece, pero solo como espacio de transición, no como identidad estable. Y sobre el centro, Mendonça recordó su retroceso electoral en los últimos años. Sigue teniendo presencia mediática, universitaria y hasta judicial, pero no llega a las urnas.




LA DERECHA: FUERTE EN NÚMEROS, DÉBIL EN CONVICCIÓN
Otro hallazgo del estudio de Wiñaq es que el voto de derecha es menos comprometido que el de izquierda. En palabras del informe:
• La derecha fluctúa entre 25 % y 60 % de la intención de voto.
• Sus resultados son más altos cuando presenta liderazgos definidos (2006, 2011, 2016).
• Cuando no los tiene –como en 2021– entra en su peor momento.
A esto se suma la fragmentación actual: Rafael López Aliaga, el candidato con mayor identificación derechista, aparece estable, pero con límites para capturar el centro; el fujimorismo pierde espacio progresivamente; y nuevos aspirantes compiten por el mismo electorado (Carlos Álvarez, Carlos Espá, Rafael Belaúnde). Es un ecosistema de microderechas, sin un liderazgo dominante. Aquí encaja el aporte de Goldstein: la “cuarta ola” no es solo la expansión electoral de la derecha radical, sino su capacidad de reivindicarse sin complejos. En el Perú, ese proceso está en marcha, pero aún lejos de consolidarse.

EL DILEMA DE LA IZQUIERDA
La izquierda llega a 2026 con problemas propios. En la alianza Venceremos, las elecciones internas dejaron fuera a Vicente Alanoca, candidato aimara con potencial para fortalecer el voto sureño. En su lugar quedó Ronald Atencio, abogado vinculado a Guillermo Bermejo, una figura más marcadamente ideológica pero menos competitiva electoralmente. El vacío identitario que deja Alanoca abre espacio a otros aspirantes que buscan capturar el voto del sur, como Alfonso López Chau, aunque hoy solo alcanza 2 % en CPU. De allí que candidatas como Fiorella Molinelli intenten ocupar un lugar “progresista” dentro del bloque liberal que también integran Espá y Belaúnde.
UN ESPEJO ESTADÍSTICO
Los datos sugieren un desplazamiento, pero no un reacomodo estructural tan claro como el regional. En la encuesta de Datum presentada en CADE, la autoidentificación política queda así:
• Derecha: 27.2 %
• Centro: 20.7 %
• Izquierda: 15.1 %
• Ninguno / No sabe: 37 % en conjunto.
El Barómetro del Futuro, publicado por CARETAS y Vox Populi, confirma un cambio significativo en las expectativas:
• En 2007 se pensaba que el Perú del futuro sería 34 % de centro y 31 % de derecha.
• En 2019, la proyección era 75 % de centro y solo 12 % de izquierda.
• En 2025, la expectativa cambia: 57.1% de centro, pero la derecha sube a 32.4 %, casi triplicando el 11.9 % de 2019.
El centro se reduce y la derecha crece, pero aún no existe una articulación política equivalente a la de Chile, Argentina o Europa.


ENTRE LA OLA GLOBAL Y EL OLEAJE PERUANO
El Perú participa –aunque a su manera– de la ola internacional de derechas, marcada por la reivindicación abierta del “orden”, el anticomunismo retórico y la guerra cultural. Pero nuestro mercado político sigue regido por una lógica distinta:
1. Las emociones deciden, pero el voto duro sigue siendo ideológico.
2. La izquierda está submedida y crece al final.
3. La derecha tiene más electores, pero menos convicción.
4. El centro se achica electoralmente, aunque conserva influencia mediática y cultural.
5. La fragmentación hace que un candidato hoy invisible pueda llegar a la segunda vuelta.
En ese sentido, tal como advierte Henry Rafael, la próxima elección está abierta para quienes no aparecen hoy en las encuestas. Y como recuerda Goldstein, las derechas globales se fortalecen cuando logran convertir sus identidades en proyecto. El Perú, en cambio, todavía busca un liderazgo capaz de ordenar su propio mapa ideológico.
Lo que está claro es que, más allá de la emocionalidad que domina cada campaña, las ideas siguen ahí, moldeando territorios, memorias y aspiraciones. Las olas llegan de afuera, pero el oleaje peruano tiene su propia marea.


EL gobernador regional del Callao, Ciro Castillo, no suaviza diagnósticos ni reparte lugar común. Lo que ve en su región es, según sus palabras, “una guerra que antes era no declarada y hoy es una guerra declarada”. Y con la misma claridad asegura que el estado de emergencia vigente no está funcionando como debería. “Los estados de emergencia deben evaluarse cada día”, advierte. “Un estado de emergencia per se no tiene los efectos que esperamos. Está demostrado en Trujillo, en San Juan de Lurigancho y en el mismo Callao: los fallecidos siguen incrementándose. Ya estamos bordeando los 300 muertos, y eso para mí es alarmante”. Castillo reconoce una ligera mejora en la victimización, pero no en la sensación de inseguridad. El problema, afirma, es estructural: “Tenemos un déficit de 1500 policías, así que cualquier mejora no se debe a tener más efectivos. El estado de emergencia por sí solo no da resultados”.
UNA ESTRATEGIA DIFERENTE Y MÁS RÁPIDA
Desde el inicio del año, el gobierno regional impulsó una propuesta alternativa que, según Castillo, fue parcialmente adoptada: “Pedimos un estado de emergencia distinto, con una nueva estrategia. Y enviamos a nuestro jefe de Seguridad Ciudadana a recopilar información en todos los distritos”. Hoy trabajan con un consolidado actualizado y una ruta más clara: “La clave es articular al Gobierno central, al gobierno regional, a los municipios y, lo más importante, a la población organizada”. Pero esa estrategia –advierte– requiere velocidad: “En un estado crítico, la policía debe llegar con trabajo de inteligencia previo, romper cuatro o cinco puertas la primera noche y mantener semanas de saturación. Eso no se está haciendo”. El gobernador defiende un enfoque que él denomina movilización social contra el crimen. Hace unos días lanzó el Sistema Regional de Movilización Social del Callao, con participación de organizaciones vecinales.
“Esto es una guerra. Si no la ganamos nosotros, la ganan ellos”, afirma. Y recuerda experiencias recientes: “Hemos trabajado en Sarita Colonia, donde la primera vez nos recibieron con huevos. Pero insistimos y se han formado brigadas anti-extorsivos dirigidas por la policía y amas de casa”. Lo mismo ocurrió en Carmen de la Legua y Mi Perú, con participación creciente. “Ciudadanía y Estado unidos”, resume. “Antes se decía pueblo y Fuerzas Armadas unidos. Ahora es diferente: necesitamos al Estado unido con la ciudadanía. El crimen ya permeó todas las instituciones, y no sabemos quién es quién. O estás contra el crimen o estás del lado del crimen”.
CONTROL TERRITORIAL
Castillo sostiene que la recuperación territorial del Callao –en zonas históricamente complicadas– requiere una lógica muy simple: presencia del Estado. “Ninguna máquina con 50 000 lucecitas sustituye el criterio humano”, cita de un antiguo profesor. “Acá lo más importante es que el Estado esté en la calle y que el pueblo esté organizado. Esto ya no es para nosotros, es para nuestros nietos”. El gobernador reclama unidad de criterio y rechaza la violencia contra comisarías o instituciones: “Nadie puede estar en la tribuna, porque el partido es nuestro y todos somos jugadores”. Su mensaje final es directo: “Esto es una guerra de vida o muerte. Si no tenemos las cosas claras, seguiremos con estados de emergencia flor de un día”. Y añade una advertencia política: “Es necesario que el presidente y el Congreso den todas las facilidades. Mientras tanto, el crimen organizado está tan organizado que tiene abogados y operadores en todos lados”.
Los sicarios ya no son solo delincuentes; son empresarios del crimen que ofrecen asesinatos por internet, coordinan pagos y planifican operaciones desde redes sociales. Lo que antes eran disputas familiares o ajustes de cuentas hoy se vincula a extorsión, cobro de cupos, narcotráfico y trata de personas. Barrios enteros viven bajo miedo constante, mientras la violencia profesional y digital expande su alcance sin control, transformando la criminalidad en un negocio sofisticado.
EL sicariato en Perú ha dejado de ser un fenómeno marginal. Hoy es un negocio profesional, digital y mortal. La captura de Alexis Moya Pechón, de 19 años, ejemplifica esta transformación: ofrecía asesinatos por encargo a través de redes sociales y entrenaba a menores de 13 y 14 años para robos, vigilancia y homicidios. Entre agosto y octubre de 2025, Moya lideró la banda “Los Chukis de Siberia”, implicada en crímenes como el asesinato de Jorge Aguilar Campos, el atentado en un chifa, que mató a Rosario Berríos Vílchez y la ejecución de Leoncio Sandoval Castro, conductor de combi en el Callao. Su operación digital eliminó intermediarios: los clientes contactaban directamente al sicario mediante videollamadas y mensajes.
La Oficina de Análisis de la Información de la Municipalidad del Callao, junto a la PNP, permitió resolver 30 casos delictivos, incluidos nueve homicidios, gracias al monitoreo de 740 cámaras de videovigilancia y 40 bases de serenazgo. La Central de Emergencias 3333 reforzó la capacidad de respuesta inmediata, aunque expertos señalan que la sofisticación de las bandas supera muchas veces la vigilancia preventiva.


CIFRAS QUE ALARMAN
Según SINADEF, a octubre de 2025, Perú registró 1888 homicidios, un aumento del 12.8 % respecto a 2024. Las denuncias por extorsión crecieron 27.4 % y las tentativas de homicidio 8.3 %. Departamentos como Madre de Dios, Tumbes y Callao presentan las mayores tasas por cada 100 000 habitantes. La percepción ciudadana refleja alarma: el 52.2 % considera a la delincuencia como uno de los principales problemas, y el 19.7 % señala la inseguridad como otro problema crítico. Los costos directos del crimen alcanzan el 2.82 % del PBI, afectando economía y confianza. Aunque el 65.8 % de municipalidades cuenta con serenazgo, existen grandes diferencias regionales. Casos internacionales como la Operación Ultranza en Paraguay y las UPP en Brasil muestran que la coordinación policial y programas sociales pueden reducir la violencia, ofreciendo lecciones clave para reforzar la estrategia de seguridad en Perú.
A pesar de un aumento del 35,9 % respecto a 2023, Perú mantiene una de las tasas de homicidios más bajas de la región. Sin embargo, el descontrol del sicariato se refleja en casos como los de Luis Blas Rodríguez (“Negrasho”) y José Chávez Hilario (“El Chango”). Blas Rodríguez, con 17 homicidios, detalló que su banda obtenía dinero mediante secuestros con rescates de hasta USD 230 000, mientras que Chávez Hilario confesó ejecutar a un transportista trujillano por apenas 100 soles.

PENA MÁXIMA
En noviembre de 2025, el Congreso aprobó la Ley 32446, que agrava las penas por sicariato, secuestro, extorsión y homicidio calificado al incorporar el delito de criminalidad sistemática. La norma establece la cadena perpetua para quienes cometan estos delitos utilizando armas de fuego, explosivos u otros elementos que generen zozobra o terror en la población. Se añade el artículo 318B al Código Penal, creando un marco legal más sólido contra organizaciones criminales que operan con logística y armamento sofisticado. La ley busca dotar a las autoridades judiciales y policiales de herramientas para perseguir de manera efectiva los delitos con patrones de violencia organizados, fortaleciendo la seguridad ciudadana.
LA NUEVA GENERACIÓN
El reclutamiento de menores es creciente. En La Libertad, la PNP desarticuló 53 bandas en 25 días, con tres menores detenidos directamente involucrados en sicariato y extorsión. En Huaral, durante el operativo “Relámpago 2025”, se desarticuló la banda “Los Lobos”, deteniendo a un menor de 16 años y confiscando armas, municiones y explosivos. La participación de mujeres en el sicariato también se ha documentado. Casos como Wanda del Valle y Eglismar Reyes muestran que algunas coordinan o ejecutan asesinatos por encargo, rompiendo el estereotipo del sicario exclusivamente masculino. Esta diversificación demuestra la profesionalización y expansión territorial de las redes criminales.
TERROR EN LAS CALLES
El sicariato genera parálisis social. Hasta octubre de 2025, los homicidios aumentaron significativamente, junto con denuncias por extorsión y tentativa de homicidio. La violencia se extiende a mercados, avenidas y zonas residenciales, dejando incluso víctimas infantiles por balas perdidas. Testimonios de ciudadanos y redes sociales describen barrios convertidos en zonas de guerra: granadas, camionetas blindadas y sicarios patrullando como paramilitares. El miedo cotidiano afecta la movilidad, la educación y el comercio, consolidando un ciclo de inseguridad permanente.

ENGRANAJE CRIMINAL
Los sicarios son piezas clave de un negocio criminal estructurado, combinando homicidios, extorsión y narcotráfico. Los pagos por asesinato oscilan mucho, entre S/ 1500 y S/ 100 000, dependiendo del objetivo y riesgo. Esta estructura permite a las bandas mantener control territorial, imponer miedo y operar con impunidad, afectando economía y vida cotidiana. El sicariato financia otras actividades ilícitas, desde la trata de personas hasta la minería ilegal.
SICARIATO TRANSNACIONAL
Algunas redes operan fuera del país. Ángel Marín (“Negro Marín”), lugarteniente de Los Sanguinarios de la Construcción, fue detenido en España y enfrenta extradición. También, Deivi Junior Romero Ullilen, alias “El Jorobado”, presunto jefe de Los Compadres de Trujillo, fue detenido en Argentina tras tres años oculto. Vivía con DNI falso y estilo de vida ostentoso, mostrando cómo delincuentes internacionales se integran legalmente al país y mantienen redes de sicariato sofisticadas.
ENCARGOS A PLENA LUZ DEL DÍA
El 20 de noviembre, Carlos Enrique Valenzuela Díaz, de 39 años, fue ejecutado con 18 disparos frente a transeúntes y menores en la avenida Grau del Cercado de Lima. Intentó huir junto a dos niñas, generando pánico, pero sus verdugos lo alcanzaron a solo tres cuadras de la comisaría de Cotabambas.
COSTOS SOCIALES
El sicariato desincentiva la inversión, provoca migración interna y altera la vida cotidiana. La percepción de inseguridad impacta educación, comercio y movilidad, consolidando un ciclo de miedo y paralización social. Expertos coinciden: no bastan los operativos. Se requieren estrategias integrales que combinen prevención social, fortalecimiento de inteligencia criminal, mejora del sistema judicial y oportunidades económicas para jóvenes en riesgo. Casos como el de “Pechón” muestran que el crimen organizado ha evolucionado, incorporando tecnología y jóvenes sicarios, y que la seguridad ciudadana exige medidas urgentes y coordinadas para recuperar la paz en las calles. (Edgar Mandujano)
