Por: Cristina Dreifuss
Decana de la Facultad de Arquitectura y Diseño – UPN
La reciente inauguración del Nuevo Aeropuerto Internacional Jorge Chávez ha evidenciado que los problemas no radican en la falta de inversión, sino en la ausencia de una planificación integral y articulada, que considere los diferentes aspectos a ser impactados. A pesar de su moderna promesa, el aeropuerto ha enfrentado múltiples inconvenientes que reflejan una ejecución apresurada y desarticulada.
Uno de los principales problemas es la limitada accesibilidad vial. El único acceso actual es la avenida Morales Duárez, con puentes modulares temporales sobre el río Rímac. La Defensoría del Pueblo ha advertido que, ante una emergencia o colapso vial, el aeropuerto quedaría virtualmente aislado. A esto se suma la desconexión con el transporte público: la estación del Metro llamada “Aeropuerto” está lejos del nuevo terminal y no entrará en funcionamiento hasta 2027.
En sus primeros días, el aeropuerto ha registrado fallas en el sistema de abastecimiento de combustible, vuelos cancelados, largas colas, cambios de puertas sin aviso y retrasos con el equipaje. Todo esto ha generado caos operativo y descontento entre los usuarios.
La falta de una visión urbana integral y la escasa colaboración entre las autoridades involucradas han resultado en una infraestructura que no responde adecuadamente a las necesidades de los usuarios ni al contexto urbano en el que se inserta.
A estos errores se suma un hecho más estructural: el diseño arquitectónico del nuevo terminal es mediocre, genérico, sin identidad ni aspiración. La arquitectura, que en una infraestructura de esta escala debería comunicar calidad, progreso y sentido de lugar, parece más bien fruto de la urgencia. Es como si la consigna hubiera sido terminar rápido, no diseñar bien.
Lo que ha fallado, en suma, es la visión. No se trabajó sistemáticamente con todos los actores involucrados ni se midió el impacto urbano de una infraestructura de esta magnitud. Un aeropuerto es una puerta de entrada simbólica al país. En vez de reflejar orgullo, eficiencia y hospitalidad, este nuevo terminal refleja improvisación.