La industria aeroespacial se ha convertido en un sector estratégico no solo para la seguridad nacional, sino también para el desarrollo económico y la competitividad industrial del futuro. Los satélites de reconocimiento, las comunicaciones satelitales y las aeronaves no tripuladas desempeñan un papel cada vez más importante en el ámbito de la defensa. Al mismo tiempo, la información satelital tiene numerosas aplicaciones civiles, como la agricultura, la gestión territorial, el monitoreo del cambio climático y la prevención y respuesta ante desastres naturales.
En términos de la industria aeroespacial, la relación entre Perú y Corea del Sur está entrando en una etapa decisiva e insospechada. Lo que durante años fue una cooperación centrada en la adquisición y coproducción de equipos para la defensa comienza a abrir oportunidades para que el país participe directamente en la fabricación de componentes aeronáuticos, incorpore tecnología y desarrolle capacidades industriales de mayor complejidad. El objetivo es avanzar desde la compra de equipos hacia una participación más activa en una industria global que exige precisión, certificaciones especializadas y conocimiento técnico.

Para el diplomático coreano y experto en tema latinoamericanos, Park Sun Tae, quien trabajó varios años en Lima, “la riqueza mineral del Perú y sus capacidades industriales existentes representan activos potenciales para el desarrollo de materiales avanzados y componentes destinados a la industria aeroespacial. Sin embargo, disponer de recursos minerales no significa que estos puedan transformarse automáticamente en materiales de alta tecnología o componentes aeronáuticos. Para ello se requieren importantes inversiones y capacidades en refinación, procesamiento, manufactura de precisión, control de calidad, certificación y desarrollo de cadenas de suministro”.

Hito histórico
Un hito de esta cooperación se produjo en julio de 2024, cuando el Servicio de Mantenimiento del Perú (SEMAN Perú), entidad vinculada al Ministerio de Defensa, firmó un acuerdo con Korea Aerospace Industries (KAI), uno de los principales fabricantes aeronáuticos surcoreanos. El convenio contempla la fabricación en el Perú de, aproximadamente, 250 piezas estructurales para el avión de combate ligero FA-50. Para ello, la empresa coreana proporcionará información técnica, planos de diseño y materias primas que permitirán implementar la línea de producción nacional.
El acuerdo representa una oportunidad para fortalecer la capacidad industrial peruana y abrirle espacio dentro de una cadena internacional de suministro. La experiencia de SEMAN fue determinante para concretarlo: entre 2014 y 2016, la entidad participó en la coproducción de 20 aviones de instrucción KT-1P junto con la Fuerza Aérea del Perú. Además, cuenta con la certificación internacional AS9100, exigida en el sector aeroespacial para garantizar estándares de calidad en la fabricación de componentes.
“Los conocimientos adquiridos mediante la construcción de diferentes tipos de embarcaciones, junto con la experiencia acumulada y la confianza mutua, constituyen un valioso patrimonio de cooperación, poco frecuente en América Latina”, explica Park.
Nuevos desafíos
La cooperación no se limita al FA-50. En noviembre de 2024, SEMAN Perú y KAI suscribieron un nuevo memorándum de entendimiento para la fabricación de piezas aeronáuticas destinadas al KF-21, el avión de combate desarrollado por Corea del Sur. El acuerdo amplía el horizonte de colaboración y refuerza la posibilidad de que la industria peruana acceda a proyectos aeronáuticos de mayor sofisticación. No obstante, los memorándums establecen marcos de cooperación y no significan, por sí solos, que toda la producción prevista ya esté en marcha.
“Corea y el Perú ya han adquirido experiencias valiosas en este sentido a través de la producción conjunta de aeronaves y embarcaciones. De cara al futuro, lo fundamental será que el Perú defina una estrategia de desarrollo industrial acorde con sus propias condiciones y objetivos, y que ambos países identifiquen proyectos conjuntos sustentados en necesidades reales y criterios de viabilidad económica”, concluye Park.
En una industria dominada por países con décadas de experiencia, la alianza con Corea del Sur ofrece una puerta de entrada. Su impacto dependerá de la continuidad de los proyectos, la inversión en capacidades nacionales y la posibilidad de convertir la transferencia tecnológica en conocimiento propio.
















