El juicio contra la exalcaldesa de Lima, Susana Villarán, y otros imputados por presuntos delitos de corrupción sigue sin fecha de inicio. El proceso, que involucra a veinte personas naturales y diez jurídicas, enfrenta un estancamiento debido a disputas entre el Poder Judicial y el Congreso en torno a la aplicación de la Ley 32130, aprobada en 2024, que permite la apelación del auto de enjuiciamiento.
Desde el Poder Judicial, la presidenta Janet Tello responsabilizó a esta norma, señalando que ha generado dilaciones al permitir que las partes puedan apelar antes de iniciar el juicio oral. Sin embargo, el proceso contra Villarán comenzó en agosto de 2022 y la fase de control de acusación se cerró recién en septiembre de 2024, lo que sugiere que ya existían retrasos previos a la aprobación de la ley.
El caso, que investiga la presunta financiación ilícita de las campañas de Villarán con aportes de Odebrecht y OAS, es de alta complejidad, con más de cuatro mil medios probatorios. Tras el cierre de la etapa intermedia en noviembre de 2024, el Tercer Juzgado Penal Colegiado, a cargo del juicio, optó por esperar la resolución de las apelaciones interpuestas por empresas y exfuncionarios antes de fijar fecha para el inicio del juicio oral. Entre los apelantes se encuentran Rutas de Lima S.A.C., Mindshare Perú S.A.C. y Jorge Torres Padilla, lo que ha generado críticas por la aparente demora en la administración de justicia.

El presidente de la Corte Superior Nacional, Jhonny Contreras, también señaló al Congreso, afirmando que la Ley 32130 ha generado retrasos en más de cien casos en etapa intermedia. No obstante, hay antecedentes que demuestran que otros procesos judiciales también han sufrido demoras, como el caso “Cócteles” de Fuerza Popular, cuyo auto de enjuiciamiento se dictó en noviembre de 2023, pero el juicio oral recién comenzó en julio de 2024.
El debate sobre las responsabilidades en este retraso expone una corresponsabilidad entre el Legislativo y el Poder Judicial. Mientras tanto, la exalcaldesa, quien en mayo de 2019 confesó haber recibido dinero ilícito para financiar sus campañas contra la revocatoria y su reelección, sigue en espera de un proceso que debió avanzar con mayor celeridad. La demora en este juicio no solo afecta la credibilidad de la justicia peruana, sino que también reaviva cuestionamientos sobre la efectividad de las reformas para agilizar los casos de corrupción en el país.
