Entrevista: Jorge Kishimoto
En un Perú marcado por el desencanto, la polarización y la pérdida de referentes, el periodista y analista Sergio Bolívar lanza Del ronroneo al rugido, una obra que compila y conecta varias de sus columnas más provocadoras, escritas entre la pandemia y la actual crisis de representación. El libro fue presentado con comentarios de tres figuras claves: los periodistas Mariella Balbi y Juan Paredes Castro, y el embajador Hugo de Zela, quien además escribió un prólogo tan sobrio como contundente.
Conversamos con el autor sobre el fondo y la forma de esta obra que invita a pensar –y a rugir– con argumentos.
–El título de tu libro sugiere una transformación del silencio al compromiso. ¿Qué temas actuales crees que exige ese rugido ciudadano hoy?
Hay varias urgencias. En el Perú acabamos de vivir una pugna peligrosa en el Ministerio Público, donde la justicia parece ser usada como campo de batalla político. Es una señal de alerta máxima. Lo mismo con la inseguridad: no se puede gobernar un país donde la gente vive con miedo, y peor aún, se resigna. El ronroneo –ese silencio tibio– es lo que más le conviene al caos.
La política peruana está atrapada entre la apatía y la rabia, y eso es caldo de cultivo para populismos de todo tipo. Frente a las elecciones del 2026, lo que necesitamos no es gritar más fuerte, sino pensar mejor. Que cada ciudadano sepa que su voto no es solo un derecho, sino una forma de rugir con conciencia. Y eso implica dejar de consumir titulares y empezar a cuestionar, informarse, contrastar.
Pero esto no es solo local. Estamos viendo cómo se redefine el equilibrio global: la tensión entre EE. UU. y China, el avance de modelos autoritarios en América Latina y Europa, el uso cada vez más sofisticado de algoritmos para manipular la opinión pública. Si no leemos bien el mundo, no vamos a poder leernos a nosotros mismos.
El libro busca remover conciencias dormidas. Y mostrar que se puede pasar del murmullo resignado al rugido lúcido. Pero no desde la bronca, sino desde el pensamiento. Desde la palabra responsable. Desde la ética.
–¿Cómo dialoga Del Ronroneo al Rugido con los acontecimientos más urgentes del Perú actual?
Mucho de lo que estamos viendo hoy –el deterioro institucional, la manipulación de la justicia, el avance del crimen organizado o el populismo sin freno– es lo que llamo el “ronroneo del sistema”. Un murmullo resignado que nos adormece.
Pero también hay un “rugido” que está surgiendo: ciudadanos que no se conforman, periodistas que exponen, jóvenes que preguntan más de lo que obedecen. El libro nace como una respuesta a ese dilema: ¿nos callamos o despertamos?
–¿Y cómo se conecta eso con lo que pasa fuera del Perú? Porque hay columnas tuyas que abordan también la guerra informativa, la geopolítica, incluso los cambios globales en tecnología y cultura.
El Perú no está aislado. Vivimos en una región –y en un mundo– donde los extremos están ganando terreno. Las guerras culturales están dividiendo sociedades, y el populismo se disfraza de soluciones rápidas. Desde la guerra comercial entre EE.UU. y China, la narrativa como arma política, hasta el uso de inteligencia artificial para manipular información, todo eso impacta aquí. Por eso incluí en el libro varias columnas que conectan lo global con lo local. Porque para entender lo que nos pasa como país, hay que levantar la mirada.
–En varios de tus artículos hablas de una “cultura del atajo” que corroe nuestra vida pública. ¿Qué instituciones o actores crees que han perdido su voz –su rugido– y deberían recuperarlo en este momento?
La cultura del atajo es uno de los grandes males de nuestro tiempo. Es la idea de que todo vale si me beneficia, que se puede llegar más rápido sin reglas, sin mérito, sin verdad. Y en esa lógica, muchas instituciones han preferido callar o acomodarse.
Pienso en partidos políticos, gremios, universidades, medios, incluso iglesias y las propias entidades del Estado. Han perdido peso porque se alejaron de su papel moral y estratégico. Pero no es tarde. El país necesita que esos actores vuelvan a rugir, no con slogans ni poses, sino con coherencia, con ideas, con valor cívico. El silencio institucional es cómodo, pero es también una forma de complicidad.
–Hablabas hace poco de los nuevos votantes. ¿Crees que este libro puede interpelar también a los jóvenes?
Hay más de un millón y medio de jóvenes que votarán por primera vez en 2026. Y muchos de ellos están bombardeados de mensajes, pero escasos de referentes claros. No pretendo dar lecciones, pero sí ofrecer preguntas: ¿qué significa elegir con conciencia? ¿Qué país queremos construir? Si este libro ayuda a que un joven piense mejor su voto, o cuestione lo que oye, ya cumplió un propósito.
–¿Entonces es también un libro de resistencia?
Sí. Pero no una resistencia ruidosa. Es de fondo, ética, crítica. Una resistencia a la mentira, a la pereza política, a la indiferencia cínica. Yo creo que el pensamiento –bien escrito, bien dicho, bien compartido– también puede ser una forma de coraje. Y si eso se logra en estas páginas, aunque sea en parte, entonces vale la pena rugir.
–Durante la presentación, Juan Paredes y Hugo de Zela hablaron de la necesidad de una “gran conversación nacional”, y de decir las cosas con claridad. ¿Crees que estamos preparados para ese tipo de diálogo?
No sé si lo estamos, pero sí sé que lo necesitamos. Vivimos entre monólogos: el del poder y el del ciudadano frustrado. Pero sin puntos de encuentro, no hay país. Lo dijo bien Juan Paredes: la economía va por un lado, la justicia por otro, el Ejecutivo sin rumbo, los partidos como fábricas de candidatos. Y si a eso le sumas lo que menciona Hugo de Zela –medios rendidos al sensacionalismo, justicia preventiva abusiva, agroexportación paralizada sin que nadie lo diga– lo que tienes es un país fragmentado… donde nadie escucha. Creo que sí podemos reconstruir una conversación nacional, pero hay que empezar por lo más difícil: decir las cosas como son, romper con ese hábito limeño de hablar en voz baja. El rugido también puede ser un gesto de honestidad, de firmeza sin estridencias. Pero requiere coraje, sobre todo en un entorno donde cada palabra puede usarse en tu contra. Esa es parte de la responsabilidad de escribir hoy: ayudar a pensar en voz alta.
–Si tuvieras que dejar una sola idea en el lector de CARETAS, ¿cuál sería?
Que el Perú no está perdido… pero tampoco está salvado por inercia. Estamos en una encrucijada donde el silencio cómodo ya no basta. Del Ronroneo al Rugido no es solo un título: es una invitación a despertar, a pensar mejor, a decidir con más coraje. Este libro no busca convencer, busca sacudir. Y si alguna página logra eso en quien la lea, entonces el rugido ya empezó.








