En medio del ruido de la derecha conservadora –donde Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga y Phillip Butters disputan liderazgo, cámaras y votos– y la dispersión de una izquierda sin rumbo, emerge en silencio una tentativa alianza de corte liberal, con centro de gravedad en la experiencia técnica, la moderación ideológica y una promesa de gobierno más institucional.
El posible grupo lo integran, por ahora, Roberto Chiabra, Fiorella Molinelli, Rafael Belaúnde Llosa y Carlos Espá, cuatro precandidatos que han mantenido conversaciones discretas en las últimas semanas. A todos los une una misma realidad: bajo nivel de conocimiento público, pero perfiles profesionales sólidos y un discurso alejado del estruendo populista.
Cada uno representa un ángulo distinto del espectro liberal:
• Chiabra, general en retiro y exministro de Defensa, ofrece experiencia, orden y mano dura contra la inseguridad, un tema con demanda creciente. Cumplirá 76 años en julio y ha dejado claro que esta es su única oportunidad para postular.
• Molinelli, tecnócrata de larga trayectoria y expresidenta de EsSalud, busca proyectar liderazgo desde la gestión pública en salud y protección social, con un discurso enfocado en eficiencia y atención al ciudadano.
• Belaúnde, exministro de Energía y Minas, lleva un apellido histórico y una visión liberal moderna, con énfasis en inversión privada, descentralización y políticas sociales sostenibles.
• Espá, abogado constitucionalista, representa una apuesta por la regeneración institucional y el Estado de derecho, con un discurso más académico pero cada vez más político.
• En las últimas semanas, ha comenzado a sonar con fuerza el nombre del Partido Popular Cristiano (PPC) como posible participante de esta alianza. Aunque su estructura partidaria hoy es más simbólica que real, figuras como Lourdes Flores Nano, dos veces tercera en una elección presidencial, podrían jugar un papel clave desde una segunda fila. La sola mención de su nombre reordena parte del espectro liberal tradicional.

Las negociaciones avanzan con la presión del calendario encima: el 2 de agosto vence el plazo para inscribir alianzas electorales. Solo en caso de ponerse de acuerdo podrían generar una propuesta que compita en un escenario polarizado y plagado de caudillos.
Para Molinelli, la clave de esta alianza es la construcción de confianza y el desprendimiento:
“Si sobre la mesa se pone algo que pinte mejor, vamos a apoyar esa decisión. Por sobre cualquier interés personal está el interés del país”.
Su mirada se define como centro liberal, firme en libertades individuales, respeto al mercado y eficiencia estatal:
“Nos hemos ubicado dentro de un espacio claramente centro liberal, donde defendemos con firmeza las libertades personales y las libertades individuales. Creemos firmemente en el respeto a la seguridad jurídica, los derechos de propiedad y en que el Estado no estorbe, sino sirva al ciudadano”.
Ante la proliferación de discursos populistas y punitivos, advierte:
“Necesitamos gestión, gestión, gestión. No es gritar, no es amenazar, no es fusilar. Es demostrar capacidad de convocatoria, de equipo, de visión país”.
Molinelli, que también explora otra alianza de acento regionalista, también enfatiza la urgencia de no perder el tiempo en divisiones artificiales:
“No podemos pasarnos cinco años hablando de lo mismo. La discusión de fondo es seguridad, salud, educación y chamba para todos los peruanos”.
La propuesta de una alianza de centro liberal busca sumar atributos complementarios. Juntos, pueden tener opciones reales. Separados, poca chance. Pero la pregunta de fondo aún no tiene respuesta: ¿quién de los cuatro será el rostro de la candidatura?
Chiabra ha dicho lo suyo: esta es su última oportunidad. Pero el peso de la edad y el recuerdo de su paso por APP –un Congreso poco recordado por su excelencia– son puntos que no puede obviar.
“Buscar la perfección es rechazar cualquier tipo de unión. Lo que necesitamos es buscar nuestros puntos de encuentro, porque el Parlamento finalmente va a ser eso”, dice Molinelli.

Belaúnde sobre alianzas y límites
Consultado por CARETAS, Rafael Belaúnde Llosa reconoce que hay un consenso posible si se parte de tres pilares: “Crecimiento basado en la inversión privada, una agenda social robusta que integre al país, y la lucha frontal contra la inseguridad”. Para Belaúnde, una alianza amplia podría incluir desde la centroizquierda hasta la centroderecha, “siempre que se respeten esos puntos esenciales”.
Sobre los métodos para elegir al candidato de una eventual coalición, sugiere mecanismos como encuestas, elecciones internas o incluso un “cónclave cardenalicio” con participación de figuras independientes e intelectuales. “El programa debe primar sobre las ambiciones personales”, afirma.
En conversación con esta revista, Belaúnde no descartó, por su parte, diálogos con actores ajenos al espectro liberal, como Alfonso López Chau, que representaría un matiz de centroizquierda. El límite, aclara, está en los extremos: ni “la derecha mercantilista ultraconservadora” ni la “izquierda antidemocrática” tienen cabida en su propuesta. Añade sobre el comentado encuentro que tuvo con Gino Costa, que fue el exministro quien llevó a Harvey Colchado.
En un país que podría fatigarse en los extremos, la posibilidad de una candidatura liberal de centro, con discurso sereno y propuestas realistas, podría ser una carta atractiva. Pero no basta con las intenciones: hay que tener estructura, relato y, sobre todo, tiempo. Y ese empieza a escasear.















