Hubo un tiempo en que el centro del sistema económico global no estaba en Wall Street ni en la City de Londres, sino en las entrañas del Cerro Rico de Potosí, en Bolivia. Desde allí salía la plata que sostuvo el primer mercado verdaderamente interconectado del planeta. Esa historia –poco explorada y durante siglos oscurecida– es el núcleo de Catalina de dos mundos, la tercera novela del escritor boliviano Juan Claudio Lechín.
Ambientada en el siglo XVII, la novela reconstruye uno de los episodios más graves y menos conocidos de la historia económica moderna: la falsificación masiva del peso de plata potosino, la moneda que funcionó como el “dólar” de su tiempo. El llamado “patacón perulero” circulaba en Europa, el Mediterráneo y Asia, y su adulteración puso en riesgo la estabilidad financiera del Imperio español, provocando una crisis que afectó a la Corona, a las grandes bancas europeas y al comercio con la lejana China.
La trama de la novela de Lechín sigue a Catalina, una joven novicia andaluza encarcelada injustamente, y a Diego, decidido a desafiar el orden establecido para liberarla. Sus destinos se cruzan con una red de falsificadores, funcionarios coloniales, ensayadores de la Casa de la Moneda y autoridades virreinales que participan –por acción u omisión– en un delito considerado crimen de lesa majestad. Desde Potosí hasta Madrid, pasando por Venecia, Estambul y Pekín, la novela despliega un mapa de tensiones donde el poder económico comienza a resquebrajar el prestigio de la Corona de Felipe IV, entonces atrapada en guerras religiosas y cesaciones de pago.

El origen de esta historia es tan novelesco como su desarrollo. Lechín se topó con el tema cuando estudiaba en Boston, a partir de un cuento de Julio Lucas Jaimes, “un caballero del siglo XIX, amigo de Ricardo Palma”, sobre falsificadores de moneda. Años después, tras una búsqueda prolongada, localizó en el Archivo General de Indias los juicios originales del siglo XVII contra los responsables del fraude. Los documentos –en una compleja escritura jurídica y encadenada– permanecieron durante años inaccesibles, hasta que fueron digitalizados y transcritos con ayuda de paleógrafos, que ya en el siglo XXI ayudaron a transcribir la escritura del siglo XVII que está llena de símbolos y que “más parece pisadas de gallinas y pollitos”. Ese archivo en word, trabajado y clasificado durante la pandemia, se convirtió en la base documental de la novela.
Lechín combina ese rigor histórico con una reflexión más amplia sobre la naturaleza humana y los sistemas de poder. La novela indaga en pasiones universales –la ambición, la envidia, el amor, la ira– y muestra cómo la corrupción, aunque castigada incluso en el mundo virreinal, formaba parte de un orden que aceptaba ciertos privilegios y condenaba otros excesos. La falsificación de la moneda, sin embargo, cruzaba un límite: amenazaba el corazón mismo del sistema económico global.
Boliviano de origen y residente en Lima en varias etapas de su vida –en total 17 años–, Lechín vuelve a demostrar su capacidad para transformar episodios complejos en relatos accesibles y vibrantes. Catalina de dos mundos no solo revive un momento decisivo del siglo XVII, sino que dialoga con el presente y recuerda la fragilidad de los sistemas que sostienen el poder. Una historia de amor, conspiración y dinero que confirma que, incluso cuando el mundo parecía ordenado, bastaba una moneda mal acuñada para hacerlo tambalear.