En una operación de gran envergadura denominada “Operación Trujillo”, las autoridades de Chile y Perú lograron la captura de 34 presuntos integrantes de la organización criminal “Los Pulpos”. Esta banda, de origen peruano, había trasladado sus operaciones de extorsión y violencia a diversas comunas de Santiago, como Independencia, Recoleta y Estación Central, aprovechando la alta concentración de la comunidad migrante para replicar el sistema de terror que los hizo conocidos en el norte del Perú.
Según informes de la Policía de Investigaciones (PDI) de Chile y el Ministerio Público, los criminales exigían a los dueños de negocios —principalmente restaurantes de comida peruana— el pago de “cuotas de protección” que alcanzaban los 20 millones de pesos chilenos. Ante la negativa de los comerciantes, los delincuentes recurrían a ataques armados, incendios provocados y el uso de explosivos para consolidar su control territorial.
Modus operandi y blanqueo de capitales
El ministro de Seguridad Pública de Chile, Luis Cordero, destacó que esta organización transnacional ejecutaba delitos que generaban un alto temor en la población. La investigación, que se remonta a 2021, reveló que el dinero obtenido mediante las extorsiones era blanqueado a través de la organización de fiestas, discotecas y eventos con la contratación de músicos, una práctica que la banda ya realizaba en territorio peruano.
La operación también tuvo repercusiones en Perú, donde tres personas fueron capturadas en la ciudad de Barranca como parte de la cooperación internacional. Asimismo, se logró la interceptación de un sujeto identificado como “JJ”, brazo armado de la organización, quien fue devuelto de inmediato a las autoridades peruanas tras intentar ingresar a Chile desde Lima.
“Jhonsson Pulpo”: El cabecilla que elude a la justicia
A pesar del éxito del operativo, el líder máximo de la banda, Jhonsson Smit Cruz Torres (alias ‘Jhonsson Pulpo’), permanece prófugo. Según las investigaciones, el cabecilla ha logrado vivir en la clandestinidad durante dos años, llegando incluso a fingir su propia muerte y cambiar radicalmente su apariencia física para evadir los controles policiales.
Aunque la PDI descarta actualmente su presencia en Chile, la búsqueda se ha intensificado en Bolivia y Perú. Recientemente, las autoridades bolivianas detuvieron a su pareja, Keysi Salvatierra, lo que sugiere que el entorno delictivo de Cruz Torres se está estrechando. Las policías de los tres países continúan compartiendo inteligencia para dar con el paradero del criminal, quien es considerado uno de los objetivos prioritarios de la justicia peruana y chilena.