La marinera como camino de integración
Michelle Zapata, de 19 años, baila marinera en Lima, una danza tradicional del norte del Perú que combina influencias indígenas, africanas y españolas. La joven refugiada venezolana encontró en esta disciplina artística una vía para sentirse parte de su nuevo hogar y expresar emociones que trascienden palabras.
“La danza para mí es una forma de liberación”, comenta Michelle, quien se ha convertido en un ejemplo de cómo los refugiados en Perú pueden integrarse y aportar al patrimonio cultural del país.
De refugiada a estudiante de folklore
Llegó a Lima hace una década, proveniente del estado de Anzoátegui en Venezuela, y desde pequeña mostró talento para la danza. Fue en la escuela donde un docente originario de Moche le enseñó la marinera norteña, despertando su pasión por esta tradición peruana.
Hoy, Michelle estudia en la Escuela Nacional Superior de Folklore José María Arguedas, siendo la única estudiante venezolana entre más de 400 alumnos. Su meta es convertirse en bailarina profesional y docente, investigando y difundiendo danza y tradiciones folklóricas peruanas.
Arte, identidad e inclusión
Michelle enfatiza que, a pesar de ser extranjera, se siente orgullosa de Perú y busca preservar la cultura peruana enseñando a los niños sobre la riqueza de sus tradiciones. Para ella, el arte tiene un impacto social, fortaleciendo la identidad y promoviendo la inclusión de quienes llegaron como refugiados.
Su historia también es un mensaje de superación: logró integrarse, respetar la cultura peruana y mantener su identidad venezolana, demostrando que pertenecer a un país nuevo no significa olvidar el propio origen.