Hace unos días medios de difusión locales rebotaron una noticia sorprendente: mientras una calle de Miraflores puede experimentar una temperatura de 19.5 °C, al mismo momento Ate puede estar en 32.2 °C. El dato proviene de “Disproportionate exposure to surface-urban heat islands across vulnerable populations in Lima city, Peru”, un estudio publicado en 2023 por investigadores de la UPCH liderados por E. Ascencio.
Este contraste dramático, documentado entre 2017 y 2021, no es producto del azar, sino el resultado de decisiones complejas en arquitectura, diseño urbano y gestión del paisaje.
La ciudad de Lima, asentada en un territorio desértico costero, presenta condiciones únicas que magnifican las disparidades térmicas. La topografía, la proximidad al océano Pacífico y la intervención humana juegan roles cruciales en la configuración de microclimas urbanos.
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Miraflores, con amplias áreas verdes y un diseño urbano que favorece la circulación de aire, logra mantener temperaturas más moderadas. En contraste, zonas como Ate, con mayor densidad constructiva y menor inversión en infraestructura verde, sufren el denominado “efecto isla de calor”.
Las soluciones para mitigar estas diferencias requieren un enfoque integral. El primer paso es reconocer el paisajismo como una herramienta fundamental de regulación térmica. Lo que empieza por entender que áreas verdes no son sinónimo de gras ni de plantas que hay que regar con frecuencia. La incorporación de especies vegetales nativas, con alta capacidad de adaptación al clima desértico, puede reducir significativamente las temperaturas locales. Árboles como el huarango, propios del ecosistema costeño, no solo generan sombra, sino que mejoran la calidad del aire y reducen la radiación solar directa.
La arquitectura también juega un papel determinante. La orientación de las construcciones, el uso de elementos que den sombra y la implementación de sistemas pasivos de climatización son estrategias que transforman el paisaje térmico urbano.
Las autoridades municipales tienen la responsabilidad de implementar normativas que incentiven estas prácticas. Ordenanzas que exijan un porcentaje mínimo de áreas verdes por proyecto y programas de reforestación urbana son instrumentos fundamentales para revertir la tendencia actual.
*Decana de Facultad de Arquitectura de al Universidad Privada del Norte.