«Todo está en la cuerda floja»

Por: Enrique Chávez | En tiempos inciertos, escritor y podcaster Daniel Alarcón aborda la experiencia peruana y latinoamericana vivida desde Nueva York.
“No sé que es realmente sostenible en este mundo actual. Pero ese periodismo ocupa un lugar importante. Se acerca más a la literatura y mi sensibilidad”.

Daniel Alarcón acaba de publicar La Balada de Rocky Rontal (Seix Barral, 2024), edición aumentada de sus crónicas publicadas en su mayoría en el emblemático semanario The New Yorker. Sin embargo, ya es limitante referirse a él como escritor y periodista. Su experiencia como presentador y productor ejecutivo de Radio Ambulante, sitio de podcasts transmitidos también por National Public Radio (NPR), abrió la cancha de las historias. Y ahora se extiende más.

–¿Cuánto toma hacer un reportaje de largo aliento?

Para The New Yorker el más rápido pudo ser el de la muerte de Alan García, que falleció en abril y la publiqué en junio. En el caso de las revueltas y el proceso constituyente de Chile fui en marzo con todas las lecturas y preparación hecha y se publicó en octubre.

–¿Los calendarios del periodismo de largo aliento de revista son sostenibles en tiempos de internet? 

No sé qué es realmente sostenible en este mundo actual. Pero ese periodismo ocupa un lugar importante. Yo consumo mucho periodismo corto para mantenerme al tanto del día a día. Pero en mi trabajo y el consumo también me gusta tener una mirada larga de historias en retrospectiva, que quizás no sean el titular de hoy o fueron un titular fugaz cuyo significado real no se entendió en su momento. Se acerca un poco más a la literatura y a mi sensibilidad o mi personalidad, qué sé yo. Es importante aunque no sea para todos.

La Balada de Rocky Rontal incluye crónicas publicadas hasta 2022.

–Nunca fue para todos…

Exacto. Quizás mucha gente no se ha encontrado con este tipo de periodismo pero si se le da una chance creo que les gustaría. Es otro ritmo, darles a los personajes la oportunidad de conocerlos con más sutilezas y sombras.

–A los tres años te fuiste a vivir con tu familia a Estados Unidos, pero el interés por el país no ha cesado. ¿Cómo es esa mirada?

Es bien interesante. Uno siempre está jugando con estar dentro y fuera. A veces me considero un outsider privilegiado en Perú, porque tengo acceso, soy peruano, hablo el idioma, tengo conexiones familiares, culturales, de amistad y de vivencia. Y he tenido mucha suerte en la vida. Cuando llegaba a Lima lo hacía con una curiosidad casi insaciable, un deseo de aprender, conocer, hablar, escuchar y vivir. Cuando era más joven era la idea de querer pertenecer, ser como mis primos. Un poco más grande, era un deseo de entender el contexto del país más allá del circuito familiar que puede ser muy lindo pero también tiene una visión minima. Siempre he tenido curiosidad y el outsider nota cosas que la gente local da por sentado.

–¿Cómo se prolonga la experiencia del migrante con tu hijo?

Hay que darle a los hijos la libertad de escoger su propio camino y no tienen ninguna obligación de adoptar mi patriotismo imaginario o el que tienen sus abuelos. Mi papá es arequipeño y mi hijo Eliseo no entiende por qué su abuelo lagrimea cuando canta esas canciones. Cuando mi papá piensa en su niñez, piensa en Arequipa, en la calle Tarapacá y el Misti. Mi hijo va a crecer pensando en Manhattan, en la nieve y no hay nada más remoto para él que pensar en Arequipa. Igual de remoto que Alabama, donde yo crecí, que le parece casi una crónica de extraterrestres. Y la tecnología ha cambiado. Me preguntó una vez qué tipo de iPhone tenía cuando era niño. Tengo 46 años y el mundo en el que él crece es casi irreconocible. Tiene una amiga que se fue con la familia a Japón y juegan Roblox todos los viernes por la tarde, que es sábado por la mañana en Tokio. Se mudaron hace tres años y mantienen su amistad. Increíble. Claro. Cuando nos fuimos de Perú nunca hablábamos con la familia, mandábamos cartas. Si recibías una llamada era por una desgracia. Si alguien viajaba te traía una nota. Y te traían CARETAS.

–Con Inca Kola y turrón de Doña Pepa. 

Yo pedía frunas de limón.

–Lo que nos lleva a la experiencia de Radio Ambulante, que usa la tecnología para contar historias. Vives en Nueva York. ¿El equipo trabaja por todo el mundo?

Carolina Guerrero es nuestra CEO, y además es mi esposa. Tenemos gente en Londres, Berlín, Filadelfia. Desde Buenos Aires hasta Ciudad de México, San José de Costa Rica, Caracas, Quito. Mucha gente en Bogotá. Santiago. Actualmente no tenemos a nadie en Lima pero otra peruana, Natalia Sánchez, viene y va. A lo largo de la historia hemos tenido gente en muchas partes y eso también ayuda a nutrir la producción y la calidad de las historias.

–¿Todo el equipo se reúne de modo remoto?

En realidad son tres equipos: Radio Ambulante, El Hilo que es el show noticioso y Central que es nuestra productora de series. Los verificadores de datos y yo somos los únicos que saltamos entre los tres equipos. Ayer tuvimos una reunión editorial con Radio Ambulante para escoger nuevas historias y éramos de Quito, Bogotá, Nueva York, San José, Ciudad de México.

–La serie de Nayib Bukele, El Señor de los Sueños, se ha lanzado bajo el paraguas de Central. ¿Es una nueva etapa?

Comenzó con el lanzamiento de El Hilo en marzo del 2020. Ya no somos un podcast sino una casa productora. Nuestra meta es crecer con calma y deliberación. También movernos al lado para hacer producciones audiovisuales, cine, series. El crecimiento en cuanto a audiencias me enorgullece muchísimo.

Equipo multinacional recibió en España premio Ondas Globales a la trayectoria y consolidación del podcast en Iberoamérica.

–¿Cuáles son los números?

Comenzamos en 2011 y tenemos 55 millones de descargas históricas. La serie de Bukele se lanzó en enero y ya llegó a más de 1 millón de personas.

–Lo que denota el interés con el personaje. ¿Tiene futuro la democracia a partir de la perspectiva en tu trabajo?

Uno opina con una cerveza en mano con los amigos y dice, todo va mal. Prefiero hablar de cosas que he visto como hechos. En varios países se observa el encanto del autoritario que te dice yo puedo resolver esto. Las cosas van mal y la mayoría de la gente no es muy política. La mayoría de la gente no tiene ideología. Quiere que a sus hijos les vaya mejor que a ellos, tener trabajo digno, no sentir miedo caminando por las calles. Alguien como un Bukele es absolutamente carismático. Encantador. Obviamente les va a vender el oro y moro, y funciona. La democracia no ha logrado calar como idea de manera profunda, como nos hubiéramos imaginado. Como un sistema de valores y eso es muy triste. Tenemos que hacer algo para salvar esa idea, para rescatarla de la situación actual. De que cada persona tiene un voto, de que existe el concepto de derechos humanos y tiene un valor. Que no podemos regalar nuestros derechos. En Estados Unidos, por ejemplo, la amenaza dictatorial es grande y presente. Todo está en la cuerda floja.

Su esposa Carolina Guerrero es cofundadora.

–¿Hoy editas más de lo que escribes?

Los dos últimos años estoy trabajando en una serie con una productora que se llama Serial, que es parte del New York Times. Ha sido un trabajo monumental. Estoy llegando casi al final y, sí, edito mucho. Tengo licencia en The New Yorker y en Ambulante me he dedicado solo a editar para poder enfocarme en esto.

–Las audiencias digitales no garantizan la sostenibilidad del medio. ¿Cómo abordan ustedes el problema?

La situación es complicada y este diciembre nos tocó recurrir a nuestra audiencia y ser súper transparentes sobre los retos que teníamos. Por mi generación no soy de los que le habla al celular pero me tocó hacer uno de esos videos y decir mira, las cosas son así y no estoy exagerando. La respuesta fue increíble. La generosidad, el compromiso, la solidaridad. Llegamos a casi US$300 mil de recaudación de fondos en donaciones, la mayoría menores de US$100. Una cosa bárbara. Hace poco me lesioné la espalda en el fútbol y el médico me dijo que podría no volver a jugar. Escribí un pequeño ensayo en el boletín de Radio Ambulante. Y me impactó la cantidad de gente que me escribió para darme consejos o aliento. Creo que la sostenibilidad para nosotros va por ese lado, de crear esos lazos emocionales y que sean tan grandes que la gente diga “voy a aportar un dólar, 2, 3, lo que sea, para ayudar a que esto no termine. Y lo otro es siempre estar buscando nuevas audiencias, porque es muy común que el medio envejezca con su audiencia. Ayer un chico de 18 años nos mandó una foto con un tatuaje del logo de Ambulante. Wow. Imagínate. Ni yo tengo un tatuaje de Ambulante. Y Carolina dijo algo muy astuto en el chat: lo más importante de esto es que tiene 18 años.

–Varias de las historias reflejan la vida del latino en Estados Unidos. ¿La mayoría de tu audiencia está allí?

Más o menos la mitad. Cuando comenzamos era dos terceras partes. Pero 90% de las historias están ambientadas de México para abajo, De todas maneras en Estados Unidos hay más hábito de donar a medios. En Latinoamérica lo estamos desarrollando y está creciendo en cuanto a audiencia. Tiene que ver con Spotify, que tiene una gran parte del mercado en Latinoamérica. Por mucho tiempo no estábamos en Spotify por razones de contrato con NPR. Cuando se resolvió eso, hemos visto un crecimiento. Y eso mientras toda la torta ha ido creciendo. Fue un punto de inflexión.