Natalia Oreiro: “La casaca de Dios es más una película de vínculos que de fútbol”

Por Marce Rosales | La actriz argentina interpreta a Erika en La casaca de Dios, ya en salas peruanas desde este jueves 23 de abril, una película que toma la camiseta de Maradona para contar una historia familiar atravesada por Malvinas, la memoria y la pérdida.

por marcerosalescordova@gmail.com
Natalia Oreiro

La camiseta que Diego Maradona convirtió en mito en México 86 es el punto de partida de La casaca de Dios, la nueva película de Fernán Mirás protagonizada por Jorge Marrale y Natalia Oreiro. Pero el filme, ya en salas peruanas desde este 23 de abril, no se detiene en la reliquia futbolera: la usa para abrir una historia sobre Malvinas, la memoria y la herida familiar de un hombre que busca recuperar mucho más que una prenda histórica.

¿Qué fue lo que más te atrajo de la mirada que propone La casaca de Dios sobre Maradona?

En realidad, la película abre muchas miradas diversas. Yo te diría que habla de la pérdida y de los vínculos. El personaje central es Titi, que interpreta Jorge Marrale. Es el utilero de la selección argentina, ya jubilado, un hombre que vive en una cancha deportiva y cuya historia está muy ligada a ese mundo. Cuenta la leyenda que la camiseta intercambiada tenía debajo del escudo la foto de su hijo, que combatió en la guerra de Malvinas y murió allí.

Entonces, la necesidad de Titi no es solamente recuperar la camiseta para que Argentina vuelva a ganar un Mundial, que es lo que se dice durante toda la película, sino recuperarla porque debajo del escudo está la foto de su hijo, que él le sacó el día en que se fue a la guerra. Por eso digo que es una película de pérdidas y de vínculos. Argentina todavía tiene una historia que saldar con Malvinas y con todas esas familias que quedaron destrozadas.

Y, en lo particular de mi personaje, aparece también el hecho de no haber tenido nunca un padre presente. Por un lado, porque él siempre estaba con la selección, con los futbolistas y con los técnicos; por otro, porque la pérdida de su primogénito hace que ese fantasma cobre una dimensión tan grande que mi personaje siempre queda en un segundo lugar. Él nunca estuvo en los momentos importantes de su vida, y no solo no estuvo, sino que además lo confunde todo y no lo recuerda. Y obviamente la película está atravesada por la gran figura de Maradona, que es el ícono deportivo, cultural y social más fuerte de este país, pero te diría que es más una película de vínculos que de fútbol.

La película cruza fútbol, identidad nacional y la herida de Malvinas. ¿Qué emociones te despertó esa mezcla cuando leíste el guion?

Yo creo que la memoria, en todas sus aristas. La memoria es lo más importante que tiene un pueblo. Recordar lo que sucedió en su historia y poder llevarlo a las artes, como el cine, es parte de mantener viva esa historia y de no olvidar.

Argentina, como gran parte de los países de Latinoamérica, vivió una dictadura militar. En medio de esa dictadura existió la guerra de Malvinas, algo impensado: una guerra contra Inglaterra. Pero al mismo tiempo se sigue reclamando que las Malvinas son argentinas y es una deuda histórica que se le tiene al país. Mandar a tantos jóvenes a combatir sin elementos y sin preparación era algo desesperante. Y, al mismo tiempo, quienes fueron, combatieron y regresaron no tienen el lugar que deberían tener como héroes.

Entonces, pareciera que la sociedad quiere olvidar ese momento, pero es muy necesario no olvidarlo. Y tampoco olvidar que cuando Argentina gana ese Mundial estaba bajo un gobierno de dictadura. Todo eso habla de la memoria de un pueblo y de la importancia de no olvidar para que no vuelva a suceder ninguna de esas cosas.

La película también trabaja la idea de aferrarse a un símbolo para no perder el pasado. ¿Cómo conectaste con eso?

A mí me gusta pensar, como en la película Coco, que la forma de recordar a tus muertos es con las fotos, celebrándolos con la música y las comidas que les gustaban. Creo que cuando empiezan a desaparecer esos símbolos, empieza a desaparecer esa persona, porque uno se olvida de las voces, de los olores. Pero cuando tienes la posibilidad de un símbolo que te la recuerde, esa persona sigue presente.

Y creo que todos existimos en la medida en que otro nos vea y nos recuerde. Por eso es tan importante para Titi esa foto, porque su hijo existe a partir de esa foto, porque esa foto fue tomada el día en que se fue a la guerra. Y cuando mi personaje, Erika, comprende esa situación, hace lo imposible por recuperar esa foto, aunque esté atravesada por el dolor de la ausencia de su padre.

A mí me encantan esos personajes que tienen contradicciones: querer a un padre que nunca ha estado para ella y, al mismo tiempo, ayudarlo, sintiendo que ella es el único sostén que él tiene, aunque ella misma no tenga sostén ni recursos para poder ayudarlo.

Tu personaje está lleno de contradicciones. ¿Cómo trabajaste esa tensión?

Eso fue justamente lo que más me interesó. Erika vive esta situación en silencio porque se da cuenta de que Titi es grande, que está perdiendo la memoria, pero al mismo tiempo siente que sobre ella recae una responsabilidad única de cuidado hacia un padre que siempre fue ausente.

Entonces estás viendo todo el tiempo ese vínculo tenso, de amor y odio continuo, donde ella le reclama muchísimas ausencias, pero no se permite hacerlas explícitas, porque pareciera que está mal que una hija cuestione a su padre viejo y con problemas de memoria. Pero al mismo tiempo siente que nunca tuvo un lugar de privilegio en su vida. Esas contradicciones son las que más me interesan para interpretar.

La historia gira alrededor de Maradona, una figura inmensa y cargada de sentido. ¿Cómo se trabaja alrededor de esa presencia sin que se apodere de la película?

Claro, creo que es un arma de doble filo, porque no es una película que hable exclusivamente de Maradona, sino una película de vínculos. Desde mi lugar de intérprete, mi responsabilidad tenía más que ver con poder transmitir un dolor, una pérdida y una conexión con un padre ausente, en relación con una pérdida todavía mayor, que es la de un hermano en una guerra injusta.

Después, por supuesto, está atravesada por el Mundial y por la figura de Maradona, que todo lo conmueve y es imposible no rendirse a eso. Pero te diría que es un hecho cinematográfico que se basa más en esos vínculos emocionales que exclusivamente en la figura de Diego.

¿Por qué crees que la película puede conectar con el público latinoamericano más allá de Argentina?

Porque el fútbol atraviesa fronteras en Latinoamérica. Yo creo que Latinoamérica entera es futbolera. Las pasiones que despierta el fútbol, las figuras deportivas, están para muchos a un nivel casi de dioses. No es mi caso, porque no soy futbolera, pero logro ver una pasión y una devoción enormes.

Y creo que eso sucede en toda Latinoamérica. Además, la figura de Diego es una figura amada en el mundo y particularmente en la región. También hay algo que tiene que ver con sentirse latino. Creo que Diego siempre llevó esa bandera, la de la no conquista, la de que América es completa, de norte a sur.

Latinoamérica tiene una unión muy potente, culturalmente, en el idioma, en la música, en la comida y también en el fútbol. Argentina, además, es un país muy cosmopolita y muy latinoamericano. Entonces creo que la película conecta muchísimo por ahí. Pero también porque habla de memoria, de familia y de pérdidas, y eso excede cualquier frontera.

Me comentaste que no eres especialmente futbolera. ¿Cambió algo en tu relación con el fútbol o con Maradona después de hacer esta película?

No, no me modificó en lo más mínimo. Igual respeto muchísimo lo que genera. Y lo que sí sigo son los mundiales, porque me parecen un hecho que contagia realmente. Uno siempre quiere que gane su cuadro y su país.

No sigo el fútbol de forma diaria en mi vida ni en mi familia, aunque mi papá sí es bastante futbolero. Pero los mundiales sí me apasionan.

¿Qué te gustaría que se lleve el espectador al salir de la sala?

Creo que el cine sigue siendo una de las pocas cosas que quedan en este mundo tan globalizado y atravesado por la tecnología, donde todo es tan instantáneo y pasa tan rápido, que todavía te hacen detenerte y concentrarte durante una hora cuarenta en lo que está sucediendo, y vivir esa historia como propia. Y eso para mí es magia pura.

Lo que me gustaría es que la gente conecte con las emociones de los personajes, con ese sentimiento que tienen estos padres e hijas, que se sientan identificados. Por supuesto que es entretenimiento, pero también creo que tiene que ver con que te haga pensar y que te deje una reflexión que puedas llevar a tu vida.

En definitiva, que se sientan parte. El cine es maravilloso en ese sentido, y por eso siempre abogo para que cada país tenga una industria cinematográfica potente, porque habla de tu historia, de tu idiosincrasia, de los hechos importantes que te sucedieron y además te hace no olvidar.

¿Qué proyectos tienes para lo que resta del año?

Estoy filmando una película y tengo un par más por filmar. En lo inmediato voy a estrenar en mayo una película coprotagonizada con Gael García Bernal, que se llama Nada entre los dos. Luego voy a estrenar una película que filmé en México, dirigida y escrita por Gael. En agosto estreno una comedia con Adrián Suar, Yo Narciso, dirigida por él. Y estoy a la espera de una serie que va a estrenar Disney. Por suerte, voy a seguir filmando.

También te puede interesar

 Av. Guardia Civil 1321, Oficina 1802, Surquillo, Lima - Perú

Copyright ©caretas.pe | Por Revista Caretas

Todos los derechos reservados

¿TIENES UNA DENUNCIA? ESCRÍBENOS

Nota y Prensa S.A.C.

Contacto: editorweb@caretas.com.pe

Ilustración Peruana

Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumiremos que está de acuerdo con esto, pero puede optar por no participar si lo desea. Aceptar Leer más

Política de privacidad y cookies
¿Estás segura de que quieres desbloquear esta publicación?
Unlock left : 0
Are you sure want to cancel subscription?