Lorna Cepeda y Natalia Ramírez: “La mejor versión es ser fiel a sí mismo”

Por Marce Rosales | En entrevista con CARETAS, Lorna Cepeda y Natalia Ramírez adelantan Muertas de la risa, una comedia que convierte el engaño y la dependencia emocional en carcajadas.

Muertas de la Risa. Lorna Cepeda y Natalia Ramírez

Dos mujeres llegan a llorar al mismo muerto y descubren, demasiado tarde, que también amaron al mismo hombre. La escena podría hundirse en el melodrama, pero Muertas de la risa prefiere el camino de la carcajada incómoda que aparece cuando la tragedia ya no tiene a quién reclamarle.

Lorna Cepeda y Natalia Ramírez regresan a Lima con esta comedia teatral, que se presentará en única función este lunes 11 de mayo en el recién inaugurado Multiteatro Movistar de Surco. Para muchos, el primer impulso será verlas de nuevo por la memoria inevitable de Yo soy Betty, la fea, donde interpretaron a Patricia Fernández, “La Peliteñida”, y Marcela Valencia. Sin embargo, la obra propone mirar hacia el engaño, la dependencia emocional, el amor propio y la absurda y muy humana capacidad de reírse cuando todo parece haberse ido al demonio.

“Indiscutiblemente sí. Siento que a través del humor las grandes tragedias se pueden llevar o sobrellevar”, dice Natalia Ramírez sobre la posibilidad de transformar una historia dolorosa en comedia. Para ella, lo que plantea la obra no está tan lejos de la vida real. “Yo conozco historias peores que esta. Hay casos increíbles, realmente”, agrega. No habla solo de ficción: habla de funerales, hospitales, familias paralelas, hijos inesperados y verdades que suelen aparecer cuando alguien ya no puede explicar nada.

En esta obra, precisamente, el hombre ya no habla. Está muerto. Y ese silencio cambia todo. “Yo pienso que es el momento en el que dejan de girar alrededor de un hombre”, señala Lorna Cepeda. Su personaje, vive atravesado por una dependencia feroz. “Es una mujer muy codependiente de su marido. Ella depende de él en todo sentido, económicamente, emocionalmente, todo gira alrededor de él”, explica.

La revelación, entonces, no solo desnuda una infidelidad. También obliga a revisar una vida entera. “Es finalmente entender que nada valió la pena con respecto a tener esa codependencia tan tenaz que tenía con su marido”, dice Cepeda.

La ficción latinoamericana ha enfrentado a mujeres por hombres hasta el cansancio. La diferencia, en este caso, es que el supuesto protagonista ya salió de escena. “Nuestro protagonista está muerto”, apunta Ramírez. “No creo que sea como el mismo patrón de la historia latinoamericana, sino pienso que arma un molde diferente a lo que generalmente vemos en las comedias románticas”.

Cepeda, en cambio, reconoce que esa fórmula sigue funcionando justamente porque muestra algo reconocible, incluso ridículo. “Finalmente es una fórmula que funciona”, sostiene. “Uno se lo puede mostrar al público de frente, para que vea lo ridículo que está uno a veces”. La obra lleva cerca de año y medio de gira y ha pasado por distintos escenarios, con una respuesta que confirma algo sencillo: no hace falta haber vivido exactamente esa historia para entender la humillación, el desconcierto o el absurdo de una traición.

El texto fue escrito por Juan Ricardo Gómez y, según cuenta Cepeda, no siempre tuvo la forma actual. “Antes era un musical”, recuerda. Al revisar distintos libretos, ambas eligieron esta historia porque encontraron allí una mezcla atractiva de drama y humor. “Siempre hemos pensado que la vida es mucho más bonita o más llevadera si tienes el sentido del humor de tu lado”, dice la actriz.

Pero la clave de la obra puede ser no convertir el dolor en sermón. “Ese hoyo negro de pronto no es tan negro”, afirma Cepeda. “Te puedes reír de tus propios dramas, ¿sabes? Y la vida es más ligera de esa forma”. La frase resume bien el espíritu de Muertas de la risa: una comedia que no niega la herida, pero tampoco se arrodilla ante ella.

Sin escapar de Betty la fea

Por supuesto, la sombra de Betty aparece. Sería imposible que no ocurriera. Pero ninguna de las dos actrices habla de sus personajes como una carga. Al contrario. Ramírez no duda cuando se le pregunta si alguna vez se sintió atrapada en Marcela Valencia. “Nunca me he sentido atrapada en Marcela. Yo la siento como una bendición”, dice. Luego añade: “No quiero que nadie la olvide”.

Cepeda comparte esa gratitud. Patricia Fernández le abrió puertas, públicos y fronteras. “Es una bendición absoluta haber estado ahí”, afirma. “Lo seguiré diciendo hasta el día que me muera, porque ha sido muy lindo todo este proceso”.

Así, Muertas de la risa llega a Lima con la ventaja de la nostalgia. Pero la obra no pretende quedarse únicamente en ella. Ramírez espera que el público salga sintiendo que tuvo “un maravilloso principio de semana”. Cepeda quiere algo similar, aunque con una pequeña sacudida emocional. “Que los toque un poquito también, que sabemos que los va a tocar un poquito en sus sentimientos y en sus emociones”, finaliza.

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