La partida de Alfredo Bryce Echenique, confirmada la mañana de este martes 10 de marzo, ha dejado un vacío profundo en las letras hispanas y en el círculo íntimo de quienes compartieron su «vida exagerada». Entre ellos, Joaquín Sabina, quien desde España rompió su habitual silencio creativo para dedicarle dos piezas poéticas inéditas tituladas ‘Soneto con Alfredo en la memoria’ e ‘In Memoriam’.
A través del diario El País, el músico de 77 años recordó al narrador peruano no solo como un referente literario, sino como el cómplice de amaneceres y conversaciones infinitas. Sabina, fiel a su estilo cargado de melancolía y referencias culturales, utilizó el verso para procesar la ausencia de un amigo con el que recorrió las calles de Lima y Madrid.

«Le falta sal a Lima»
En el primer poema, el intérprete de 19 días y 500 noches lamenta la transformación del paisaje urbano limeño ante la partida del escritor. «Le falta sal a Lima cuando bajo al bar y no me esperas en tu silla y el cielo es una mancha del carajo», reza una de las estrofas más sentidas del soneto.
El texto es un diálogo constante con la peruanidad y la obra de Bryce, mencionando figuras como César Vallejo, el Country Club —escenario icónico de sus relatos— y elementos musicales como el huayno y las quenas, símbolos que el español entrelaza con la identidad del «amigo que ve tan doble como mis quevedos».
Un recorrido por el universo bryceano
En la segunda entrega, ‘In Memoriam’, Sabina opta por un lenguaje más lúdico para celebrar los personajes que Bryce regaló al mundo. El poema rescata a figuras emblemáticas como Martín Romaña, protagonista de la célebre novela de 1981, y hace guiños afectuosos a ‘La amigdalitis de Tarzán’.
«Tu Tarzán es mi César sin aguacero, tuya es mi casa, cholita satanaza tan pituquita», escribe Sabina, capturando ese tono irónico y tierno que caracterizó la prosa del peruano. El tributo finaliza situando a Bryce en el olimpo de las letras, junto a Lope de Vega, Quevedo y Cervantes, pidiéndoles que «no se piquen» y se «curen de espanto con el canto de Alfredo».
La muerte de Bryce Echenique a los 87 años cierra un capítulo fundamental de la narrativa latinoamericana contemporánea, pero como sugiere el homenaje de su amigo madrileño, su voz perdurará en cada esquina de la Lima que tanto retrató y en los versos de quienes hoy lloran su partida.