Alysa Liu ha concretado una de las hazañas más memorables del deporte invernal. En los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026, la patinadora de 20 años se colgó la medalla de oro tras ejecutar un programa libre que desafió los límites de la técnica. Su rutina incluyó dos triples axels y un cuádruple Lutz, una combinación jamás vista en una final olímpica femenina. Con este resultado, Liu se convirtió en la primera campeona olímpica estadounidense de su disciplina desde el año 2002.
Su trayectoria ha sido un ciclo de precocidad y redescubrimiento. En 2019, con apenas 13 años, ya era la campeona nacional más joven en la historia de su país. Sin embargo, tras competir en Beijing 2022 y quedar en sexto lugar, anunció su retiro con solo 16 años, alegando una pérdida de pasión por el deporte. Durante su ausencia, exploró la vida universitaria y el diseño de moda, un proceso de salud mental y terapia que finalmente la motivó a regresar al hielo en 2025 para ganar el Campeonato Mundial.
El oscuro trasfondo del espionaje chino
Detrás del brillo de la medalla de oro existe una historia de persecución política. Arthur Liu, padre de la atleta y abogado en California, es un antiguo disidente que participó en las protestas de la Plaza de Tiananmén en 1989. Esta condición lo puso en la mira del gobierno chino, una situación que escaló a niveles críticos durante la preparación de Alysa para los ciclos olímpicos previos.
En marzo de 2022, el FBI advirtió a Arthur sobre operaciones de espionaje coordinadas desde China. Las investigaciones revelaron que agentes encubiertos intentaron obtener números de pasaporte de la familia e incluso contrataron a un exoficial estadounidense para vigilar sus movimientos. Un hombre identificado como Matthew Ziburis llegó a hacerse pasar por miembro del Comité Olímpico para presionar a la familia, amenazando con retrasar sus viajes internacionales si no entregaban información privada.
Identidad, cultura y salud mental
Más allá de sus logros técnicos, Alysa Liu se ha consolidado como un referente cultural para su generación. Su imagen, caracterizada por su «cabello con halo», piercings y una colaboración activa en el diseño de su vestuario, refuerza una identidad asociada a la autoexpresión y la autenticidad. Tras su victoria en Milán-Cortina, la patinadora habló abiertamente sobre la importancia de la salud mental, destacando que su regreso no fue solo por las medallas, sino por el placer de patinar bajo sus propios términos.
Nacida por gestación subrogada y criada en una familia de cinco hermanos, Liu representa una nueva era en el patinaje artístico mundial. Su éxito en 2026 no solo marca el fin de una hegemonía europea y asiática de décadas, sino que posiciona su historia como un ejemplo de resiliencia frente a la presión competitiva y las amenazas externas derivadas del pasado político de su familia.