Antes de que Francisco Pizarro fundara Lima en 1535, la ciudad ya llevaba miles de años siendo habitada, transformada y pensada. Huacas, caminos, canales y antiguos asentamientos sobreviven hoy entre avenidas, edificios y barrios. Una parte de esa memoria podría buscar ahora un reconocimiento internacional.
La Red Lima Milenaria acaba de lanzar una iniciativa ciudadana para promover la candidatura de un conjunto de huacas de la capital a la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. La propuesta cobra especial relevancia cuando se acercan las elecciones municipales y vuelve a discutirse qué ciudad se quiere construir.
Para Javier Lizarzaburu, impulsor de Lima Milenaria, el punto de partida es reconocer aquello que los limeños han aprendido a mirar como paisaje cotidiano. “Nos hemos acostumbrado a ignorar lo excepcional de Lima”, dice. El periodista y gestor cultural recuerda que solo ocho capitales del mundo poseen un legado arquitectónico de 4000 años o más. En América, sostiene, “la única es Lima”.

El Ministerio de Cultura registra más de 600 sitios arqueológicos en nuestra capital. Lizarzaburu precisa que no todos son huacas, pero calcula que existen al menos 450. Están, además, extendidas por toda la ciudad: 40 de sus 43 distritos tienen al menos una.
El Paraíso, en San Martín de Porres, es uno de los ejemplos. Sus orígenes se remontan a una época contemporánea a las primeras grandes civilizaciones de Egipto y Mesopotamia. Son vestigios de sociedades que desarrollaron conocimientos para habitar y transformar un territorio difícil. Hoy, sin embargo, muchos de estos espacios enfrentan abandono, presión urbana y deterioro.

La propuesta plantea dejar de entender las huacas como islas arqueológicas. “Una propuesta es justamente cómo las integramos como espacio público, por ejemplo, y no como sitios aislados”, explica Lizarzaburu. Eso implica que municipios y Ministerio de Cultura incorporen este patrimonio en la planificación de la ciudad.
La candidatura aún está en construcción. Lima Milenaria, que reúne a arqueólogos, arquitectos, gestores culturales, educadores, historiadores y comunicadores, trabajará con especialistas para seleccionar cuatro o cinco huacas y articularlas bajo una misma narrativa. Una posibilidad es presentarlas como un “paisaje seriado”, con sitios ubicados en los distintos valles de Lima.

La decisión de llevar la propuesta ante la UNESCO, sin embargo, corresponde al Estado peruano. Por esa razón, la iniciativa busca sumar respaldo ciudadano y político.
El desafío es también cultural. “Todos en el colegio hemos aprendido que Lima empezaba en 1535. Y nunca ha habido contenidos que nos llevaran a conocer más”, señala Lizarzaburu.
Quizá esa sea la verdadera apuesta: que Lima deje de mirar sus huacas como ruinas del pasado y empiece a reconocerlas como parte de su presente. La UNESCO podría otorgarles visibilidad internacional. Pero, antes, la ciudad tendría que aprender a mirarlas.