Durante muchos años, Harvey Colchado Huamaní fue el policía que llegaba cuando la política comenzaba a parecerse demasiado a un expediente penal. Su nombre terminó asociado a casos mediáticos de presunta corrupción en la cima del poder político que comenzaban con espectaculares allanamientos a viviendas y hasta el Palacio de Gobierno o la casa de una presidente. Acciones que acaparaban las primeras planas de los medios pero que, en la mayoría de los casos, no han tenido un final judicial con sentencia condenatoria porque los supuestos medios probatorios más se parecían a fuegos artificiales que a evidencia penal. Para sus admiradores, era el policía que se atrevía a entrar donde otros no entraban. Para sus detractores, un oficial demasiado cerca de fiscales, periodistas y batallas políticas que excedían sus funciones. Se le etiquetó como el líder de una perniciosa policía política creada como división: DIVIAC.
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