Hay hoteles que funcionan como punto de llegada y otros que buscan convertirse en parte del viaje. Aranwa Hotels Resorts & Spa pertenece a la segunda categoría. Desde que abrió sus puertas en 2008, la marca del Grupo San Pablo ha construido una propuesta que combina hospitalidad, cultura, naturaleza y bienestar con una idea central: cada destino tiene una historia propia y el hotel debe ayudar a descubrirla.
La historia comenzó con Aranwa Sacred Valley Hotel & Wellness, levantado en una antigua hacienda colonial del siglo XVII, a orillas del río Vilcanota. La restauración permitió integrar arquitectura, paisaje y descanso. El nombre resume el espíritu de la marca: “aranwa” significa ‘leyenda’ en quechua.

Desde aquella primera experiencia, la compañía amplió su presencia en el Perú. Cuenta con hoteles en Cusco, Valle Sagrado, Colca, Paracas y Vichayto, destinos elegidos no solo por su atractivo turístico, sino por la posibilidad de construir alrededor de ellos una experiencia con identidad.
“La lógica es no reproducir un mismo producto en distintos lugares, sino interpretar cada territorio. En Cusco y el Valle Sagrado, el patrimonio y la cultura andina son protagonistas. En el Colca, el paisaje marca la experiencia; en Paracas conviven playa, mar y gastronomía; mientras que Vichayito propone una relación directa con el océano y el descanso”, explica Gonzalo Calderón, CEO de Aranwa Hotels Resorts & Spa.
"La historia comenzó con Aranwa Valle Sagrado, levantado en una antigua hacienda colonial del siglo XVII".
El resultado es una colección con personalidad propia. La habitación es importante, pero no constituye el punto final. Cultura, gastronomía, spa, actividades y contacto con la naturaleza buscan que la estadía tenga un significado más amplio.

Suma bienestar
Esa mirada tiene una relación directa con el origen de Aranwa. Al formar parte del Grupo San Pablo, vinculado a la salud privada, la marca incorporó desde su nacimiento una perspectiva particular sobre el bienestar. No se trata de convertir un hotel en un espacio médico, sino de trasladar a la hospitalidad una concepción preventiva e integral del cuidado personal.
"En 2025, Aranwa inició operaciones en Costa Rica con Aranwa Sarapiquí, su primera operación internacional".

Descanso, alimentación, movimiento, relajación, naturaleza y recuperación de energía forman parte de esa visión. Los spas son una expresión concreta, pero el concepto atraviesa otros momentos de la experiencia. El objetivo es que el huésped recuerde aquello que hizo, descubrió y sintió durante su estadía.
“La evolución responde también a un viajero que busca experiencias auténticas, conocer la cultura y gastronomía de los lugares visitados y encontrar espacios para desconectarse. Aranwa ha respondido ampliando su propuesta más allá del alojamiento, con programas de bienestar y actividades de contacto con el entorno”, asegura Calderón.
Identidad en expansión
En 2025, Aranwa inició operaciones en Costa Rica con Aranwa Sarapiquí Rainforest Lodge, su primera operación internacional. La elección de Sarapiquí resulta coherente con la filosofía desarrollada en el país: biodiversidad, ecoturismo, cultura local y contacto con la naturaleza. El establecimiento cuenta con arquitectura inspirada en construcciones precolombinas y está al lado de la Reserva Biológica Tirimbina.

"La propuesta de Aranwa implica que detrás de cada propiedad hay una historia, un paisaje y una cultura".
La llegada a Costa Rica representa más que una nueva dirección en el mapa, es una prueba de que la propuesta puede trasladarse a otro país sin perder su esencia y adaptándose a un ecosistema diferente, un ecosistema local.
En paralelo, Aranwa ha renovado parte de su oferta en el Perú. La modernización de Paracas, que implicó una inversión superior a US$3,5 millones, y la renovación de Vichayito responden a la necesidad de elevar la experiencia.
“El crecimiento, sin embargo, no se plantea como un objetivo en sí. La prioridad es conservar aquello que diferencia a Aranwa, la conexión con el lugar, la autenticidad y bienestar. En los próximos años, apuntamos a combinar renovación, nuevas experiencias y expansión”, concluye Calderón.

En un mercado en el que la oferta hotelera puede parecer cada vez más homogénea, Aranwa apuesta por una idea diferente: viajar no consiste solamente en cambiar de escenario, sino en vivirlo. Detrás de cada propiedad hay una historia, un paisaje y una cultura.
Desde una antigua hacienda del Valle Sagrado hasta la selva de Sarapiquí, la marca ha construido una colección que busca que el destino no termine en la puerta del hotel. La experiencia comienza allí y continúa en lo que el viajero descubre y disfruta hoy.