Hay que perderle el miedo a la ópera. Lorenzo Tazzieri lo dice sin solemnidad, casi como quien invita a entrar a una casa que siempre estuvo abierta. “Es simplemente una experiencia como ir al cine, como ir a comer algo”, afirma el fundador y director artístico del Programa Ópera Italia en Perú, que apuesta por formar jóvenes talentos, descentralizar la lírica y acercarla a nuevos públicos.
La temporada 2026 comenzó con una Gala Puccini en el Teatro Municipal, un recorrido por la obra del compositor italiano con fragmentos de Le Villi, Madama Butterfly, Tosca, Manon Lescaut, La bohème y Turandot. Le siguió la Novena sinfonía de Beethoven. En las próximas semanas llegarán dos de las principales producciones de la temporada: L'elisir d'amore, de Gaetano Donizetti, el 19 y 20 de agosto, y Turandot, de Giacomo Puccini, el 27 y 28 de agosto.

Pero Ópera Italia es más que una programación de conciertos y óperas. Para Tazzieri, el proyecto debe construir un ecosistema de formación, producción y cooperación que permita a los jóvenes artistas trabajar junto con profesionales y adquirir experiencia real sobre el escenario. Esto también está diseñado para generar oportunidades reales de trabajo dentro del país.
La apuesta de este programa se refleja también en las producciones. Más de 200 jóvenes participan en el montaje real de una ópera, entre cantantes, asistentes y equipos de producción. El Coro Lírico Juvenil, formado este año con estudiantes del Polo Lírico, comparte el proceso con artistas invitados. En Turandot participarán además el Coro Nacional y la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil Bicentenario.

El proyecto mira también fuera de Lima. El maestro Tazzieri considera indispensable crear oportunidades para que los jóvenes puedan desarrollarse en el país sin verse obligados a emigrar. Después de tres años de trabajo, el programa ya está comenzando a extenderse a ciudades como Cusco y Arequipa. Además de eso ha recibido postulantes de Brasil, Argentina y Chile.
Otro de los desafíos de Programa Ópera Italia es desmontar la idea de que la ópera es un territorio reservado para entendidos. Tazzieri sostiene que el público no conocedor de este género no necesita ser “educado”, sino que, para poder conectarse más, necesita contexto. Es por eso que el programa ha creado formatos de difusión con narradores e imágenes que presentan al compositor, la ciudad y la historia detrás de cada pieza.

La misión es que entrar a un teatro deje de parecer un acto excepcional. “Es importante que el público que quizás no ha entrado nunca a un teatro […] perciba esa experiencia como cualquier otra experiencia”, dice. La ópera, recuerda, fue creada para el gran público, no para una audiencia seleccionada.
La descentralización va de la mano con otro reto: la sostenibilidad. Para Tazzieri, la ópera no puede depender de una sola institución ni de una única fuente de financiamiento. Se necesita “un ecosistema amplio de colaboraciones” que permita compartir esfuerzos y construir proyectos de mayor alcance.
Mientras Donizetti y Puccini se preparan para subir al escenario, Tazzieri apuesta por algo más ambicioso: que las nuevas generaciones no sean solo espectadoras de la tradición operística, sino parte de su futuro.