A diferencia de sus colegas del Equipo Especial Lava Jato, Rafael Vela o José Domingo Pérez, el fiscal Germán Juárez Atoche sí puede exhibir dos investigaciones exitosas que terminaron en condenas a prisión efectiva contra los expresidentes Ollanta Humala y Alejandro Toledo. Dentro del ya disuelto grupo de fiscales Lava Jato, Juárez Atoche era el más discreto, el menos propenso al histrionismo y el que mejores resultados había obtenido en casos complejos de corrupción. Su buena imagen pública, asociada a la prudencia y el profesionalismo —atributos que siempre deberían exigirse a un fiscal—, le granjeó aceptación tanto fuera como dentro del Ministerio Público. Quizá por eso, cuando el fiscal de la Nación, Tomás Gálvez, decidió disolver los controvertidos equipos especiales, promovió a Germán Juárez a fiscal superior provisional y lo nombró coordinador del no menos controvertido subsistema de lavado de activos.
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