En los viñedos de Ica, donde el desierto se vuelve fértil a fuerza de riego y ensayo, el tiempo se mide por cosechas. Ocho son las que han pasado desde la llegada del enólogo argentino Luis Gómez a Viñas Queirolo. Ellas funcionan como una unidad de medida más precisa que cualquier calendario: ocho vendimias para ajustar decisiones, probar suelos, corregir errores y, finalmente, alcanzar el mayor puntaje obtenido por la bodega en su línea de vinos de uvas patrimoniales.
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