A menos de tres días de las elecciones generales 2026, el escenario electoral ofrece una imagen conocida: campañas sin entusiasmo, discursos reciclados y candidatos que parecen hablarle más a su pasado que al país. Pero esta vez hay un matiz distinto. No se trata solo de rostros que regresan. Se trata de una evidencia más profunda: en la política peruana, casi nadie se va del todo.
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