Una infidelidad siempre rompe algo más que un pacto de pareja. Rompe una versión del mundo. Lo que hasta hace unas horas parecía estable se vuelve sospechoso, y lo que era íntimo empieza a desmoronarse bajo una luz incómoda. En recientes casos mediáticos, esa fractura no solo sacude a quienes la viven, sino que también activa el apetito público, las opiniones ajenas y esa costumbre tan contemporánea de convertir el dolor privado en espectáculo.
Suscríbase al contenido
Esto es material premium. Suscríbete para leer el artículo completo.