La reciente cumbre de Donald Trump con doce presidentes latinoamericanos fue un evento emblemático para cimentar una alianza orientada a la defensa de los intereses de seguridad nacional de los Estados Unidos frente al avance de China en el subcontinente latinoamericano. Actualmente, el gigante de Asia es el principal socio comercial del Perú, Brasil, Chile, Uruguay y Bolivia. Es, además, segundo socio en prácticamente el resto de la región.
Trump avanzó en la creación del llamado Shield of the Americas (Escudo de las Américas) en la reunión del Doral. Existe un borrador de trabajo al respecto que contiene inquietante contenido que constituye una intromisión en los intereses soberanos de los países latinos.
El control de puertos es una de las acciones técnicas más relevantes y agresivas del borrador estratégico Shield of the Americas. El documento establece que cualquier puerto que reciba inversión o tecnología de adversarios extranjeros –léase China– será considerado un “punto ciego de seguridad hemisférica”.
Además, se advierte que cualquier puerto bajo control mayoritario de una potencia extracontinental susceptible de uso dual —civil y militar— será monitoreado de manera permanente por la armada estadounidense. Se propone también la creación de una zona de exclusión logística destinada a penalizar a las empresas que utilicen puertos controlados por China para exportar mercancías hacia el mercado norteamericano. Esto implicaría que las cargas procedentes de estos terminales puedan enfrentar inspecciones reforzadas, controles extremos o incluso aranceles punitivos al ingresar a Estados Unidos.
El puerto de Chancay, operado por la empresa estatal china COSCO Shipping, es presentado como un ejemplo paradigmático de lo que el entorno estratégico de Washington describe como la “penetración maligna” de China en la infraestructura crítica de la región.
Según el borrador técnico, puertos de aguas profundas como Chancay podrían ofrecer capacidades de uso dual, lo que abriría la posibilidad de que la Armada del Ejército Popular de Liberación (EPL) de China utilice estas instalaciones para tareas de reabastecimiento logístico o recopilación de inteligencia.
El documento introduce un tercer frente de preocupación: la tecnología de datos portuarios. Se plantea vetar el uso de software logístico chino en los puertos aliados, incluyendo plataformas como Logink, bajo el argumento de que estos sistemas permitirían a Beijing rastrear en tiempo real el movimiento de mercancías estratégicas y cadenas de suministro vinculadas a Estados Unidos y sus socios.
EE. UU. se ofrece a financiar y suministrar escáneres de última generación y sistemas de IA para la revisión de contenedores, con la condición de que los datos se compartan en tiempo real con el Centro de Inteligencia de El Paso y el Comando Sur. Los puertos que mantengan tecnología china, como grúas ZPMC con software propietario, deberán ser reemplazados por tecnología norteamericana o podrían enfrentar sanciones o inspecciones extremas al llegar a puertos estadounidenses.
Para los países firmantes se define que solo los puertos que cumplan con los estándares de ciberseguridad y transparencia del Escudo serán elegibles para las rutas preferenciales dentro de un mecanismo de nearshoring que se convierte en un incentivo económico para atraer a los gobiernos latinoamericanos al sistema de seguridad propuesto por Washington. Además, podrían recibir inversiones canalizadas a través de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional y otras agencias estadounidenses.
Aclaro que lo manifestado no es un documento firmado y aprobado. Es el contenido de los borradores que circulan entre los países asistentes a la cumbre en el club de golf del Doral, de propiedad de Trump, y proviene de fuentes como el Comando Sur de EE. UU., Departamento de Estado y U. S. International Development Finance Corporation (DFC).