En 1920, el apogeo económico de Iquitos cayó en espiral con el fin de la era del caucho. Fondearon las grandes fortunas y emergió la leyenda negra de los barones del caucho. Un siglo después, en 2025, Iquitos atraviesa un nuevo y profundo ciclo económico negativo: una producción de petróleo reducida a cuenta gotas y una industria maderera afectada por el escándalo del tráfico ilegal que le cerró las puertas al mercado internacional hace ya un lustro. El futuro de Iquitos se debate entre la incertidumbre y la urgencia. El desafío del bienestar es mucho mayor hoy que un siglo atrás, cuando el puerto sobre el río Amazonas era un poblado de apenas 20 mil almas. Ahora es una bulliciosa ciudad con medio millón de habitantes –afables, creativos, bailarines–, pese al aguacero. El porvenir del trópico acaso esté en el turismo y en un arma tan minuciosa y potente como un microscopio: el potencial genético de la Amazonía.
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