Estados Unidos se prepara para una de las elecciones más decisivas del segundo mandato de Donald Trump. Este martes 3 de noviembre, millones de estadounidenses acudirán a las urnas para elegir a sus representantes en el Congreso, en unos comicios que podrían cambiar el equilibrio de poder en Washington y limitar la capacidad del presidente republicano para llevar adelante su agenda política.
Conocidas como midterms o elecciones de medio mandato, estas votaciones suelen convertirse en un referéndum sobre la gestión del presidente. Esta vez, Trump llega a la cita electoral con bajos índices de aprobación, un creciente descontento por el costo de vida y cuestionamientos a su política exterior, particularmente por la guerra con Irán.
Las encuestas anticipan un escenario favorable para el Partido Demócrata, que aspira a recuperar el control de una o ambas cámaras del Congreso, actualmente dominadas por los republicanos.
¿Qué está en juego?
Los estadounidenses renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 puestos del Senado. También se elegirán gobernadores en 36 estados, además de numerosas autoridades estatales y locales.
La Cámara de Representantes constituye el principal campo de batalla. Los republicanos mantienen una estrecha mayoría, con 219 escaños frente a 214 demócratas y dos vacantes. Para hacerse con el control, la oposición necesita alcanzar los 218 representantes.
Según el promedio de encuestas de RealClearPolitics, los demócratas cuentan con alrededor del 51 % de intención de voto, frente al 43 % de los republicanos. Una ventaja que, de confirmarse en las urnas y traducirse en suficientes victorias por distrito, supondría un duro revés para Trump.
La disputa por el Senado se presenta más ajustada. Los republicanos controlan actualmente 53 escaños, frente a los 47 del bloque demócrata. La oposición necesita una ganancia neta de cuatro puestos para recuperar la mayoría.
Estados como Texas, Maine, Ohio, Iowa, Kansas y Míchigan concentran buena parte de la atención electoral, debido a lo reñido de sus contiendas.
El desgaste de Trump
La economía se ha convertido en uno de los principales factores de preocupación para los votantes. El encarecimiento de los combustibles, la inflación y las consecuencias económicas de la guerra con Irán han alimentado el descontento con la administración republicana.
Una encuesta de Reuters e Ipsos situó la aprobación presidencial en apenas 32 %, uno de los niveles más bajos de su segundo mandato.
Trump ha intensificado su presencia en la campaña con mítines en estados decisivos, buscando movilizar a sus seguidores y evitar una derrota que debilitaría su influencia política.
La historia tampoco favorece al presidente. Tradicionalmente, el partido que ocupa la Casa Blanca pierde escaños en las elecciones de medio mandato. En 2018, durante su primera presidencia, Trump perdió el control de la Cámara de Representantes, lo que permitió a los demócratas impulsar investigaciones sobre su administración.
¿Qué pasaría si ganan los demócratas?
Una victoria demócrata en la Cámara de Representantes permitiría a la oposición controlar importantes comisiones legislativas, abrir investigaciones sobre la administración Trump y bloquear iniciativas presupuestarias.
Si también consiguieran la mayoría del Senado, los demócratas podrían dificultar la confirmación de funcionarios y jueces propuestos por la Casa Blanca.
Sin embargo, una derrota republicana no significaría que Trump pierda la presidencia. El mandatario conservaría sus facultades ejecutivas y su poder de veto, aunque tendría que negociar con un Congreso potencialmente hostil.
El escenario podría derivar en mayores enfrentamientos políticos, bloqueos presupuestarios y dificultades para aprobar reformas durante los dos años restantes de su mandato, que concluye en enero de 2029.
Las consecuencias para América Latina
El resultado de las elecciones también tendrá repercusiones fuera de Estados Unidos, particularmente en América Latina.
La política migratoria, los aranceles comerciales, las relaciones con China y las decisiones de Washington respecto de Venezuela, Cuba y otros países de la región podrían verse condicionadas por una nueva correlación de fuerzas en el Congreso.
Para el Perú, el resultado tendrá especial relevancia por sus posibles efectos sobre el comercio bilateral, la política arancelaria y las decisiones económicas estadounidenses.
Aunque el presidente conserva amplias atribuciones en materia de política exterior, un Congreso controlado por los demócratas podría aumentar la fiscalización sobre sus decisiones y ejercer mayor presión en asuntos presupuestarios y comerciales.
Una prueba decisiva
A dos días de las elecciones, la gran incógnita no es solamente si los demócratas conseguirán recuperar el Congreso, sino la magnitud de una eventual derrota republicana.
Una pérdida limitada de escaños permitiría a Trump mantener cierto margen de maniobra. Una victoria contundente de la oposición, en cambio, podría abrir una etapa de confrontación política y debilitar su capacidad para imponer la agenda que ha marcado su regreso a la Casa Blanca.
El martes 3 de noviembre, los estadounidenses no elegirán presidente. Pero sí decidirán cuánto poder tendrá Donald Trump durante los dos últimos años de su gobierno.