La reunión de ministros de Exteriores del G20 concluyó este fin de semana sin una declaración conjunta debido a las profundas diferencias entre sus integrantes sobre la guerra en Ucrania, las tensiones entre Estados Unidos e Irán y las políticas comerciales impulsadas por Washington. El encuentro tampoco tuvo la tradicional foto de familia, ante la negativa de varias delegaciones a posar junto al ministro ruso Serguéi Lavrov.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, anfitrión de la cita, reconoció que las posiciones siguen distantes y que no existen soluciones consensuadas para los principales conflictos internacionales.
«No pretendo decirles hoy que estamos cerca de encontrar soluciones universalmente aceptadas a estos problemas», afirmó durante la conferencia de prensa de clausura.
Rubio destacó la importancia de garantizar la libertad de navegación en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz y el mar Negro, así como de proteger las cadenas de suministro y la seguridad energética mundial. Sin embargo, admitió que persisten importantes discrepancias sobre cómo afrontar estos desafíos.
Estados Unidos mantiene abierta la vía diplomática con Irán
Uno de los asuntos centrales fue la creciente tensión entre Washington y Teherán. Rubio confirmó que continúan los contactos diplomáticos, tanto directos como a través de intermediarios, aunque aseguró desconocer una fecha para una eventual reunión entre representantes de ambos países.
El jefe de la diplomacia estadounidense señaló que cualquier decisión dependerá del presidente Donald Trump, quien, según afirmó, mantiene su preferencia por una salida negociada.
No obstante, Rubio dejó abierta la posibilidad de una intervención militar al asegurar que Estados Unidos cuenta con la capacidad necesaria para alcanzar sus objetivos por esa vía, aunque insistió en que Washington prefiere resolver el conflicto pacíficamente.
Las delegaciones expresaron preocupación ante la posibilidad de una nueva ofensiva estadounidense contra Irán después de las elecciones legislativas del 3 de noviembre y las consecuencias que una eventual respuesta de Teherán podría tener sobre los mercados energéticos internacionales.
Rusia divide al G20
La presencia del ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, también generó fuertes tensiones. Representantes europeos, canadienses y australianos se negaron a participar en la tradicional fotografía oficial junto al diplomático ruso, lo que llevó a Estados Unidos a cancelar la imagen de familia.
Pese al incidente, Rubio defendió la participación de Moscú y sostuvo que cualquier solución pacífica a la guerra en Ucrania requiere mantener abiertos los canales de comunicación con ambas partes.
«¿Cómo se puede lograr una solución negociada entre Rusia y Ucrania si no se puede dialogar con ambos países?», planteó el secretario de Estado.
A las diferencias diplomáticas se sumó la decisión de Washington de excluir a Sudáfrica, miembro del G20 y país que ejerció la presidencia saliente del grupo.
Miami recibirá una cumbre marcada por las diferencias
El encuentro también puso de manifiesto la preocupación internacional por el impacto de los conflictos geopolíticos sobre la economía mundial. El encarecimiento de la energía, las restricciones comerciales y la incertidumbre sobre las cadenas de suministro estuvieron entre los principales asuntos abordados.
La falta de consenso deja un escenario complicado para la próxima Cumbre de Líderes del G20, prevista para diciembre en Miami, bajo la presidencia de Donald Trump.
El mandatario estadounidense ha invitado formalmente al presidente ruso, Vladímir Putin, aunque Rubio precisó que Moscú todavía no ha confirmado su asistencia.
La reunión concluye así sin acuerdos sustanciales y con las divisiones entre las principales potencias nuevamente expuestas, en un momento de creciente incertidumbre política y económica internacional.