Mirar el bosque y no quedarse en los árboles. Esa es la invitación que plantea Alonso Núñez del Prado en El bosque y no los árboles, un volumen que reúne artículos y ensayos publicados desde el año 2000 sobre la problemática nacional. Una mirada crítica, pero también propositiva, sobre un país que parece condenado a repetir sus errores.
La presentación reunió a tres destacados académicos de la Pontificia Universidad Católica del Perú: Baldo Kresalja, Pepi Patrón y Pablo Quintanilla, quienes coincidieron en destacar la preocupación del autor por el futuro del país y su capacidad para analizar los acontecimientos políticos desde una perspectiva histórica.
Kresalja puso el acento en una cualidad que considera fundamental: la de ser un buen ciudadano. «Creo que Alonso ejerce plenamente en las entregas de este libro su condición de ciudadano», señaló, destacando su compromiso con los asuntos públicos, la defensa de los derechos y el bien común. Una virtud cívica cada vez más necesaria en una sociedad marcada por la desconfianza.
Por su parte, Pepi Patrón resaltó la combinación de crítica y propuestas que atraviesa el libro. Educación, salud, corrupción, desigualdad y debilidad institucional son problemas recurrentes que, pese al paso de los años, siguen sin resolverse. «Educar, como bien señala Alonso, es formar, no informar», recordó la filósofa.
Por su parte, Pablo Quintanilla destacó la independencia intelectual del autor, a quien situó en lo que denominó el «centro radical»: una posición alejada de los fundamentalismos de izquierda y derecha, abierta al diálogo y a la revisión de las instituciones. Para el filósofo, el libro busca comprender las causas profundas de las crisis, en lugar de limitarse a sus manifestaciones inmediatas.
Núñez del Prado explicó que su propósito es entender por qué el Perú atraviesa una sucesión de crisis políticas y sociales. Cuestionó el racismo, el clasismo, las enormes desigualdades y la falta de una visión de largo plazo, pero también defendió la necesidad de un Estado eficiente y una administración pública profesional.
Más que un inventario de frustraciones nacionales, El bosque y no los árboles es una invitación a ejercer una ciudadanía activa. Porque, como quedó claro durante la presentación, ser un buen ciudadano supone algo más que votar: significa interesarse por el destino colectivo, exigir responsabilidades y no renunciar a la posibilidad de construir un país mejor. (Diana Zileri)