La madre del adolescente que denunció una presunta agresión sexual en el Liceo Naval Almirante Guise reveló que el entrenador y el chofer que estuvieron vinculados al traslado de los estudiantes no eran trabajadores del colegio.
En una entrevista con Milagros Leiva para Panamericana, la mujer explicó que el entrenador habitual de su hijo no acudió ese día y que el grupo fue trasladado en una cúster turística blanca contratada por el colegio, distinta de los buses amarillos de la institución.
Caso Liceo Naval: el entrenador habitual del alumno faltó ese día
La madre señaló que no conocía al entrenador que acompañó a los estudiantes durante la actividad deportiva y precisó que el entrenador habitual de su hijo había faltado ese día.
Según relató, su hijo tampoco conocía a los adultos que estuvieron a cargo del grupo durante el traslado.
“No tengo ni idea. Porque cuando le pregunté a mi hijo me dijo: ‘Mamá, no los conozco. No los conocía’”, declaró.
La mujer cuestionó que los adultos que acompañaron a los menores fueran personas que ella y su hijo no identificaban como parte habitual del personal del colegio.
Caso Liceo Naval: el traslado se realizó en una cúster contratada por el colegio
La madre explicó que los estudiantes no viajaron en uno de los buses amarillos del Liceo Naval. Según su relato, el colegio contrató una cúster turística blanca debido a que, en algunas ocasiones, no cuenta con suficientes buses.
“No, no es el bus amarillo”, respondió al ser consultada por el vehículo.
La periodista también le preguntó específicamente si el chofer de la movilidad era trabajador del colegio. La madre respondió que no, por lo que tanto el conductor como el vehículo correspondían a un servicio contratado para el traslado de los estudiantes.
Madre cuestiona cómo fueron supervisados los alumnos
Además de señalar que el entrenador habitual no acudió y que el chofer no pertenecía al colegio, la madre cuestionó la forma en que los adultos presentes supervisaron a los estudiantes.
Según su versión, los adultos se ubicaron en los asientos delanteros y de espaldas a los menores. La mujer consideró que quienes tenían a cargo la supervisión debían mantener una posición que les permitiera observar a los alumnos.
“Ellos han subido, se han ubicado en su mejor asiento adelante y dándole la espalda a unos chicos”, sostuvo.
La madre agregó que, desde su perspectiva, un docente encargado de acompañar a menores debería ubicarse de manera que tuviera una visión amplia del grupo.
“Yo me tengo que sentar atrás como docente y yo tengo que tener la vista panorámica”, afirmó.
La mujer insistió en que quiere conocer a los adultos que acompañaron a los estudiantes durante el traslado y pedirles explicaciones sobre lo ocurrido.
“Yo quiero conocerlos. Quiero preguntarles. Como adultos que son”, manifestó.