En las dos entregas anteriores fuimos categóricos: respaldamos el nombramiento del general César Astudillo en el MININTER por su impecable trayectoria militar, pero advertimos que, sin liderazgo operativo en las calles, inteligencia interoperable y la depuración implacable mediante filtros rigurosos como el polígrafo, cualquier plan naufragaría. Hoy, la realidad nos exige ser aún más firmes.
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