Escribe: Carlos Paredes
El 12 de septiembre de 1992, cuando agentes del Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) de la DIRCOTE irrumpieron en una vivienda de Surquillo y capturaron a Abimael Guzmán, muchos peruanos creyeron que estaban viendo el final de una época. El hombre que había conducido a Sendero Luminoso por el camino de la guerra fratricida aparecía derrotado. Sin fusil. Sin ejército. Sin territorio.
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