El peruano Víctor Rímac volvió a escribir su nombre en la historia del montañismo nacional al alcanzar por segunda vez la cima del monte Everest (8.848 metros sobre el nivel del mar), la montaña más alta del planeta. Más que una hazaña deportiva, el ascenso se convirtió en una plataforma para advertir sobre el acelerado retroceso de los glaciares y la necesidad de proteger los ecosistemas de alta montaña.
La expedición se realizó durante la temporada de ascensos de mayo de 2026 y tuvo un significado especial para el deportista huaracino, quien representó al Parque Nacional Huascarán en el marco de las celebraciones por el 50 aniversario de esta área natural protegida. Desde las alturas del Himalaya, Rímac llevó un mensaje de sensibilización sobre los efectos del calentamiento global en las montañas del mundo.
“Después de varios años he regresado al Everest y he notado un gran cambio en la desglaciación de la montaña. También la contaminación está creciendo de manera muy preocupante. Si nosotros en el Perú no cuidamos nuestra Cordillera Blanca y no tomamos medidas, también seguiremos perdiéndola”, señaló tras culminar la expedición.
La preocupación del montañista no es casual. Como guardaparque honorario del Parque Nacional Huascarán e impulsor de la organización Mountain Protectors, participa activamente en iniciativas orientadas a la conservación de los ecosistemas de montaña y la educación ambiental.

Una historia de perseverancia
La nueva cumbre adquiere una dimensión especial porque Rímac ya había alcanzado el Everest en 2017, cuando se convirtió en el primer peruano en lograr la hazaña sin utilizar oxígeno suplementario. Aquella conquista llegó después de años de preparación y de superar dos intentos fallidos, uno de ellos marcado por la tragedia ocurrida en Nepal en 2015.
Ese año sobrevivió a la avalancha provocada por el terremoto de 7,8 grados que sacudió Nepal y afectó el campamento base del Everest. Lejos de abandonar la zona, permaneció colaborando en las labores de rescate, una experiencia que marcó profundamente su carrera deportiva.
Rumbo a los catorce ochomiles
Natural de Huaraz, Rímac desarrolla actualmente el proyecto “Cumbre 8 Mil”, una iniciativa que busca completar el ascenso a las catorce montañas más altas del planeta, todas por encima de los ocho mil metros de altitud. Con su reciente regreso a la cima del Everest, suma ya nueve ochomiles en su trayectoria.
Entre ellos figuran el Dhaulagiri, Manaslu, Cho Oyu, Everest, Lhotse, Makalu, Gasherbrum I, Gasherbrum II y Broad Peak, una lista que lo sitúa entre los montañistas peruanos con mayor experiencia en expediciones extremas.
Su carrera también incluye hitos como la expedición Bandera del Bicentenario, realizada en 2021, cuando lideró el despliegue de una gigantesca bandera peruana de 4.000 metros cuadrados en la cima del Huascarán, a 6.768 metros de altitud.
Una advertencia desde el techo del mundo
Más allá del logro deportivo, el segundo ascenso de Víctor Rímac al Everest deja una advertencia que trasciende fronteras. El retroceso de los glaciares observado en el Himalaya refleja un fenómeno que también afecta a la Cordillera Blanca, considerada la cadena montañosa tropical más extensa del planeta y una fuente estratégica de agua para millones de peruanos.
Desde el punto más alto de la Tierra, el montañista huaracino ha vuelto a demostrar que las grandes cumbres no solo sirven para alcanzar récords, sino también para recordar la fragilidad de los ecosistemas que sostienen la vida.