En un giro sobre la estrategia legal del caso, el abogado César Nakazaki, defensor de Adrián Villar, ha confirmado que su patrocinado reconoce su responsabilidad en el atropello que causó el fallecimiento de Lizeth Marzano. Según el letrado, el objetivo de la defensa no es cuestionar la culpabilidad del joven, sino garantizar que la sentencia impuesta se ajuste estrictamente al marco legal vigente.
El factor del «sueño» como causa del accidente
De acuerdo con la versión presentada por Nakazaki en el podcast Siempre a las 8, el accidente se produjo debido a que Villar perdió el control del vehículo al quedarse dormido «unos segundos» mientras conducía. El abogado argumentó que el joven enfrentaba un cuadro de salud delicado en los días previos al siniestro, caracterizado por fiebres y cuadros gastrointestinales, lo cual habría afectado su capacidad física al volante.
La explicación sobre la fuga y el retorno
Respecto a la omisión de auxilio, uno de los puntos más críticos de la investigación, Nakazaki admitió que la reacción de su defendido —quien huyó de la escena tras sentir el impacto— fue una falta a sus deberes éticos y morales. Sin embargo, atribuyó la huida a una reacción de «pánico y miedo» tras el choque. Según el abogado, la confusión inicial impidió que el joven comprendiera la magnitud de lo sucedido, lo que finalmente lo motivó a regresar al lugar de los hechos momentos después.
Estrategia procesal: Buscar una pena proporcional
La defensa ha reiterado que Villar ya ha aceptado los cargos por homicidio, abandono de persona en peligro y fuga tras accidente de tránsito. Nakazaki fue enfático al declarar que, al haber asumido los hechos ante la justicia, el trabajo de su equipo legal se centra en asegurar que la pena sea proporcional al delito y no exceda lo establecido por la ley.
«Él sabe que se le va a imponer una pena y lo que está haciendo es una defensa para preparar que se le ponga la pena que corresponde», declaró Nakazaki, quien también mencionó que se han realizado exámenes toxicológicos y de dosaje etílico para descartar la influencia de sustancias.
El caso continúa bajo el escrutinio público, mientras la familia de la víctima espera que el proceso judicial culmine en una sentencia que, según promete la defensa, será condenatoria.