Lima vivió una de sus jornadas más calurosas de las últimas décadas. El este de la capital registró una temperatura récord de 34.5 °C, un valor que no se alcanzaba desde hace casi 30 años y que remite directamente al intenso verano de 1998, marcado por un evento extraordinario de El Niño. El dato fue confirmado por el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología, que mantiene activa una alerta por calor de moderada a extrema intensidad en gran parte de la costa peruana.
La medición se realizó en la estación meteorológica ubicada en el distrito de La Molina, una de las zonas que históricamente suele registrar las temperaturas más altas de la ciudad. Sin embargo, el valor alcanzado este martes superó los promedios habituales y encendió las alarmas de las autoridades meteorológicas por el impacto que puede tener en la salud y en las actividades cotidianas de la población.
El día arde, la noche no da tregua
El calor no se limita a las horas diurnas. Durante la madrugada, Lima soportó temperaturas inusualmente altas que dificultaron el descanso de miles de personas. Según reportes oficiales, distritos como Carabayllo, al norte de la capital, registraron valores cercanos a los 27 °C en plena madrugada, acompañados de una fuerte sensación de bochorno.
Otras estaciones de Lima Metropolitana y del Callao reportaron temperaturas nocturnas entre 23 °C y 26 °C entre las 2:00 y las 4:00 de la mañana. Este fenómeno, explicaron los especialistas, se debe a la combinación de altas temperaturas acumuladas durante el día y a la humedad generada por el ingreso de vientos del norte y del oeste, que impiden un descenso térmico normal durante la noche.
Un verano que recuerda al Niño de 1998
A través de sus canales oficiales, el Senamhi recordó que la última vez que Lima alcanzó valores similares fue en 1998, un año asociado a uno de los eventos de El Niño más intensos del último siglo. Aunque las autoridades aclaran que no se trata de una repetición exacta de aquel fenómeno, sí reconocen que las condiciones actuales muestran patrones de calor extremo que no son habituales para la capital.
Este tipo de registros refuerza la preocupación por el impacto del cambio climático y la mayor frecuencia de eventos extremos, especialmente en ciudades densamente pobladas como Lima, donde el asfalto, la escasez de áreas verdes y la alta concentración urbana intensifican la sensación térmica.
Alerta activa en Lima y la costa
El Senamhi mantiene vigente una alerta por incremento de temperaturas en Lima y en gran parte de la costa peruana. Para este miércoles, el organismo pronostica temperaturas máximas entre 29 °C y 32 °C en la costa central, mientras que en otras regiones del litoral los valores podrían ser incluso mayores.
En la costa norte, se esperan máximas entre 30 °C y 35 °C, mientras que en la costa sur los registros podrían oscilar entre 28 °C y 36 °C. Estas cifras confirman que el calor no es un fenómeno aislado de la capital, sino parte de un episodio más amplio que afecta a varias regiones del país.
Impacto en la vida diaria
El intenso calor ya tiene efectos visibles en la rutina de los limeños. Aumenta el consumo de energía eléctrica por el uso de ventiladores y equipos de refrigeración, se incrementan las consultas médicas por golpes de calor y deshidratación, y se hace más difícil conciliar el sueño debido a las elevadas temperaturas nocturnas.
Las autoridades recomiendan evitar la exposición prolongada al sol entre las 11:00 a.m. y las 4:00 p.m., mantenerse hidratado, usar ropa ligera y prestar especial atención a niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas, quienes son más vulnerables a los efectos del calor extremo.
¿Cuándo bajará la temperatura?
Aunque no se espera un descenso brusco en el corto plazo, los especialistas señalan que las condiciones podrían variar conforme cambien los patrones de viento y nubosidad en la costa central. Sin embargo, advierten que el verano aún no ha terminado y que episodios similares podrían repetirse en las próximas semanas.
Por ahora, Lima sigue siendo, literalmente, un horno. Un calor histórico que no solo rompe récords, sino que vuelve a poner en debate la capacidad de la ciudad para enfrentar eventos climáticos extremos cada vez más frecuentes.