Bajada: Acusaciones de repartija vuelven a instalarse en el centro del poder. Cecilia Chacón sostiene que APP y Podemos Perú respaldaron a José María Balcázar a cambio de cuotas ministeriales, en una lógica de supervivencia política a puertas del 2026.
El arranque del gobierno de José María Balcázar no ha estado marcado por anuncios programáticos ni por señales de estabilidad, sino por una vieja sombra que vuelve a recorrer Palacio y el Congreso: la repartija. Esta vez, la denuncia llega desde la oposición fujimorista y tiene nombres propios. La candidata a diputada por Fuerza Popular, Cecilia Chacón, afirmó que Alianza para el Progreso y Podemos Perú habrían entregado sus votos para sostener a Balcázar a cambio de controlar ministerios clave.
Las declaraciones fueron formuladas en una entrevista concedida a Exitosa Noticias, medio al que Chacón señaló como escenario para advertir lo que considera una “repartija sistemática” que se repite cada vez que el poder entra en fase de transición. Según su versión, el respaldo parlamentario no respondió a criterios de gobernabilidad ni a un acuerdo mínimo de políticas públicas, sino a la preservación de cuotas de poder en el Ejecutivo, a menos de dos meses de las elecciones generales de 2026.
El contexto de una censura apresurada
Para Chacón, el origen del problema está en la censura del expresidente encargado José Jerí, a la que calificó como una “decisión absurda y acelerada”. A su juicio, el Congreso actuó sin tener claridad sobre quién asumiría la conducción del país ni sobre el equipo ministerial que lo acompañaría. “Se censura primero y se pregunta después”, resumió, al describir una dinámica que —según dijo— ha convertido la política en una improvisación permanente.
En ese escenario, APP y Podemos Perú habrían optado por asegurar su presencia en el Ejecutivo como mecanismo de defensa frente a un eventual reacomodo de fuerzas. La acusación apunta directamente a que los votos otorgados a Balcázar no fueron gratuitos, sino parte de una negociación política clásica: apoyo parlamentario a cambio de ministerios estratégicos, con especial énfasis en el sector Salud.
La “repartija sistemática”, según Velásquez Quesquén
La crítica no quedó solo en voz de Chacón. El excongresista aprista Javier Velásquez Quesquén reforzó la idea de que el actual gobierno está condicionado desde su nacimiento. En declaraciones también recogidas por Exitosa, sostuvo que el Ejecutivo de Balcázar sería “el brazo ortopédico” de las bancadas que lo sostienen en el Congreso.
Velásquez Quesquén fue más allá al advertir que APP habría convertido el Ministerio de Salud en una suerte de botín político. “Están desfalcando el Ministerio de Salud”, afirmó, al señalar que, en los últimos meses, se han producido cambios acelerados de funcionarios y jefes territoriales, incluso cuando restan pocos meses para el cierre del actual ciclo gubernamental.
Para el exparlamentario, esta dinámica no solo compromete la capacidad de gestión del Estado, sino que profundiza la desconfianza ciudadana en la política. “El país no debe esperar nada de este gobierno”, sentenció, al describir un Ejecutivo atrapado por los intereses de las bancadas que lo controlan.
Fuerza Popular marca distancia
Desde Fuerza Popular, Chacón insistió en que su partido dejó en claro que no respaldaría un esquema que —a su juicio— beneficia a la izquierda y a grupos que buscan mantener influencia en el aparato estatal. En ese marco, sostuvo que mientras el fujimorismo se negó a entregar sus votos, APP y Podemos Perú optaron por respaldar a Balcázar para no perder presencia en el Consejo de Ministros.
La referencia a líderes partidarios como César Acuña y José Luna Gálvez no fue casual. Para Chacón, ambos representan una forma de hacer política basada en el cálculo inmediato y no en un proyecto de país. Esa lógica, añadió, explica por qué la conformación del gabinete ha sido leída por amplios sectores como el resultado de un trueque político antes que de una evaluación técnica.
Un gobierno bajo sospecha
Las acusaciones llegan en un momento especialmente sensible. Con el calendario electoral avanzando y la atención pública puesta en la organización de comicios transparentes, el Ejecutivo enfrenta el desafío de demostrar autonomía frente al Congreso. Sin embargo, la narrativa de la repartija vuelve a instalar la idea de un gobierno débil, sostenido por acuerdos frágiles y negociaciones bajo la mesa.
Aunque desde el entorno de Balcázar no se ha respondido directamente a las imputaciones, el debate ya está planteado. La pregunta no es solo si hubo votos a cambio de ministerios, sino qué margen real tiene el Ejecutivo para gobernar sin estar condicionado por quienes lo llevaron al poder.
Por ahora, lo único claro es que el fantasma de la repartija —ese viejo conocido de la política peruana— vuelve a aparecer cuando el país se acerca a un nuevo proceso electoral. Y, como suele ocurrir, lo hace dejando más dudas que certezas sobre el rumbo del poder.