Una mañana de noviembre, la vida de Gisèle Pelicot se quebró para siempre. Llamada a una comisaría, descubrió que su esposo había sido detenido tras ser sorprendido grabando bajo la falda de varias mujeres en un supermercado. Lo que parecía un hecho aislado destapó una trama devastadora: durante casi una década, él la habría drogado y violado en secreto, además de invitar a decenas de desconocidos a su casa para que abusaran de ella.
Cuatro años después, su entonces marido, Dominique Pelicot, y otros cincuenta hombres enfrentaron el llamado “juicio de Mazan”, un proceso que sacudió a Francia y tuvo eco mundial. Pero más allá de la magnitud judicial, fue la decisión de Gisèle de renunciar al anonimato lo que la convirtió en referente. “La vergüenza debe cambiar de bando”, declaró entonces, en una frase que recorrió titulares y redes sociales en todo el planeta.
Ahora, en Un himno a la vida. Mi historia (Lumen, 2026), Pelicot reconstruye su historia con una franqueza serena y una elegancia firme. Escritas junto a la periodista y novelista Judith Perrignon, estas memorias no se limitan al relato del horror. La autora revisita su infancia en la región francesa de Indre, su primer amor, su matrimonio, la maternidad y la intimidad antes y después del descubrimiento que lo cambió todo.
Nacida en Villingen-Schwenningen, Alemania, en 1952, y madre de tres hijos —David, Caroline y Florian—, Pelicot se divorció en 2024, antes del histórico proceso judicial. Desde entonces, su figura ha trascendido el ámbito privado: fue elegida la persona más destacada de 2024 en una encuesta en Francia y considerada la mujer más influyente de 2025 por medios internacionales como la BBC, Time Magazine y The Independent. Recientemente recibió la Legión de Honor, la más alta distinción civil francesa, y uno de los Roosevelt Four Freedom Awards, en la categoría Freedom From Fear.
Publicadas simultáneamente en veinte países, sus memorias se perfilan como un acontecimiento editorial de alcance global. Más que un testimonio judicial, el libro es una afirmación de vida y reconstrucción. En tiempos en que la violencia de género sigue marcando cifras alarmantes, la voz de Gisèle Pelicot emerge no solo como denuncia, sino como un acto político y profundamente humano: transformar el dolor en palabra y la palabra en dignidad.