La más reciente encuesta nacional urbana y rural de enero de 2026, de CPI, revela que la aprobación presidencial continúa en niveles bajos, consolidando un escenario de desgaste político sostenido y una percepción ciudadana marcada por la desconfianza hacia el Ejecutivo. Los resultados reflejan no solo una evaluación crítica de la gestión del jefe de Estado, sino también un clima generalizado de insatisfacción con el rumbo político del país, a pocas semanas de un año electoral decisivo.
Aprobación y desaprobación: una brecha persistente
De acuerdo con el estudio, la desaprobación presidencial supera ampliamente a la aprobación, confirmando una tendencia que se ha mantenido durante los últimos meses. La mayoría de ciudadanos considera que la gestión del presidente no responde a las expectativas generadas al inicio de su mandato, especialmente en temas vinculados a seguridad ciudadana, lucha contra la corrupción y estabilidad política.
El respaldo al mandatario se mantiene concentrado en sectores minoritarios, mientras que la desaprobación se extiende tanto en Lima Metropolitana como en el interior del país, con variaciones marginales entre zonas urbanas y rurales. Este comportamiento evidencia que el desgaste no es territorialmente focalizado, sino de alcance nacional.
Diferencias regionales y sociopolíticas
El análisis por ámbito geográfico muestra que la desaprobación es más alta en zonas urbanas, particularmente en Lima y el Callao, donde la ciudadanía mantiene una evaluación más crítica del Ejecutivo. En las zonas rurales, si bien el rechazo también es mayoritario, se observa un leve mayor nivel de tolerancia, asociado principalmente a expectativas de programas sociales y presencia del Estado.
No obstante, la encuesta confirma que el respaldo presidencial no logra consolidarse en ningún segmento con claridad, lo que refuerza la percepción de un liderazgo debilitado y sin capacidad de recuperación significativa en el corto plazo.
Percepción del rumbo del país
Uno de los indicadores más relevantes del estudio es la percepción sobre la dirección del país. Una amplia mayoría de los encuestados considera que el Perú va por el camino equivocado, una respuesta que se mantiene constante y que se asocia directamente al clima de inestabilidad política y a la persistencia de conflictos institucionales.
Este pesimismo ciudadano no solo afecta la evaluación del presidente, sino que se proyecta sobre todo el sistema político. La encuesta evidencia un sentimiento extendido de frustración, donde la población no identifica señales claras de mejora ni soluciones estructurales desde el Ejecutivo.
Gobernabilidad y continuidad presidencial
En relación con la continuidad del presidente en el cargo, los resultados muestran una sociedad dividida, pero con una inclinación creciente hacia posiciones críticas. Un sector importante de la población considera que el mandatario no debería continuar hasta el final de su mandato, mientras otro grupo, aunque minoritario, opta por la estabilidad institucional como mal menor.
Este dato revela una tensión clave: el rechazo a la gestión no siempre se traduce en respaldo a salidas extremas, pero sí en un debilitamiento progresivo de la autoridad presidencial.
Impacto de los escándalos políticos
La encuesta también confirma que los escándalos políticos recientes han tenido un impacto directo en la imagen del Ejecutivo. Para una mayoría de ciudadanos, las denuncias, investigaciones y controversias han deteriorado la credibilidad del presidente y refuerzan la idea de un gobierno atrapado en la crisis.
Este factor se vuelve especialmente relevante en un contexto preelectoral, donde la confianza en las autoridades resulta clave para garantizar la neutralidad y legitimidad del proceso democrático.
Desconfianza estructural en el sistema político
Más allá de la figura presidencial, los resultados reflejan un problema más profundo: una desconfianza estructural hacia la política. La baja aprobación del Ejecutivo se suma a los bajos niveles de confianza en el Congreso, los partidos políticos y otras instituciones del Estado.
Este escenario configura un terreno complejo para la gobernabilidad, donde cualquier iniciativa del Gobierno enfrenta un alto nivel de escepticismo ciudadano y limitada capacidad de generar consenso.
Un escenario abierto hacia el año electoral
De cara al 2026, la encuesta perfila un panorama incierto. La debilidad del Ejecutivo, sumada al descrédito generalizado del sistema político, abre espacio para discursos disruptivos, candidaturas antisistema y una alta volatilidad electoral.
La falta de liderazgo sólido desde el poder central podría influir en la dinámica de la campaña, en la participación ciudadana y en la toma de decisiones estratégicas por parte de los actores políticos.
Lectura política de los resultados
En conjunto, los datos de la encuesta de enero de 2026 confirman que el país atraviesa un momento de desgaste político profundo, con un Ejecutivo que no logra revertir la desaprobación y una ciudadanía que percibe un estancamiento institucional.
Más que una coyuntura puntual, los resultados sugieren un problema de fondo: la distancia entre el poder político y las demandas reales de la población, una brecha que seguirá marcando el debate público en los meses previos a las elecciones generales.