La alfombra roja de los Grammy 2026 dejó una idea clara desde los primeros flashes, ya que fue una noche de impacto calculado, con plumas y texturas teatrales como recurso dominante, el blanco total como golpe de efecto fotográfico y la sastrería llevando el pulso del look masculino hacia piezas con detalle couture. En el ingreso, el glamour se movió entre siluetas de alto contraste y decisiones de styling pensadas para cámara, con varias apuestas que se impusieron por concepto y ejecución.
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Entre las más comentadas, Lady Gaga convirtió su paso por la red carpet en una extensión estética de su era “Mayhem”: un vestido negro de plumas de cuello alto, firmado por Matières Fécales, que llevó el dramatismo al centro de la escena sin necesidad de color. La pieza, con volumen y movimiento, funcionó como statement inmediato y volvió a poner a Gaga como referencia cuando se habla de riesgo y construcción de personaje en alfombras rojas.
El blanco tuvo su propio capítulo con Addison Rae, que eligió un diseño a medida de Alaïa: escote ultra profundo y falda con corte high-low y volumen escultórico, una fórmula que capturó atención por la limpieza del color y la audacia de la silueta. En un mar de negro, su look se leyó como una apuesta de alto contraste, hecha para dominar titulares y galerías.
En clave de elegancia con detalle, Olivia Dean brilló con un vestido bicolor de Chanel, con bordado de lentejuelas y plumas en la transición de la falda, una combinación que equilibró clásico y tendencia sin perder frescura. El resultado fue uno de los looks más “red carpet” de la noche: reconocible, fotogénico y con identidad propia.
Chappell Roan aportó uno de los golpes de efecto más comentados de la alfombra roja con un look de Mugler en tono vino, transparente y de inspiración archivo, sostenido por aros tipo “piercing” en el pecho y acompañado por una capa/robo a juego; el estilismo se completó con un trabajo de “tatuajes” en la espalda que reforzó la idea de fantasía teatral que viene explotando en su era actual y convirtió el naked dress en una pieza de concepto, más allá del impacto inmediato en cámara.
En el terreno masculino, Bad Bunny llevó el “tuxedo statement” a otro nivel con un traje de Schiaparelli, destacado por un detalle corsetero con cordones en la espalda que actualizó la etiqueta clásica con un giro de pasarela. Fue una de esas elecciones que no se apoyan en el exceso, sino en un solo rasgo memorable que termina definiendo toda la foto.
También se impuso el viejo Hollywood en versión actual, con Sabrina Carpenter en un Valentino de brillo y silueta de gala, mientras que el guiño coordinado en sastrería apareció con trajes de terciopelo en tono rosado de Louis Vuitton, vistos en figuras como Pharrell Williams. En conjunto, la red carpet reforzó algo que los Grammy sostienen edición tras edición: no premian moda, pero sí habilitan la noche más libre para arriesgarla.