Más allá de los Alpes: por qué el Foro Económico Mundial evalúa dejar Davos

El foro que marcó la agenda de la globalización evalúa un giro histórico: dejar Davos y repensar su modelo de poder.

por Diana
foro economico mundial Davos

Tras 60 años celebrándose en Davos, Suiza, el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) evalúa trasladar su reunión anual a otra ciudad. Ejecutivos de la organización debaten el futuro del encuentro y ya analizan posibles sedes alternativas como Detroit (Estados Unidos) y Dublín (Irlanda), en lo que podría convertirse en uno de los cambios más significativos en la historia del foro.

Más allá de las élites

La discusión responde a la intención de renovar el formato del WEF y ampliar su alcance más allá de los tradicionales círculos de líderes políticos y empresariales. El objetivo es conectar con audiencias más diversas y reflejar mejor los profundos cambios económicos, sociales y tecnológicos que atraviesan al mundo. Aunque Davos se ha convertido en un símbolo del diálogo global entre élites, un eventual cambio de sede marcaría un giro histórico para uno de los encuentros más influyentes del calendario internacional.

Davos, epicentro del poder global

Desde su creación, el Foro Económico Mundial convirtió a Davos en el epicentro anual de los grandes debates sobre la economía global, la globalización, el comercio internacional, el cambio climático, la gobernanza mundial y las tensiones geopolíticas. Por sus paneles han pasado jefes de Estado, directivos de las principales corporaciones, líderes financieros y referentes de la sociedad civil, consolidando al encuentro como uno de los espacios más influyentes —y también más cuestionados— del poder global.

La fortaleza alpina

Situada a más de 1.560 metros de altitud, Davos presume de ser la ciudad más elevada de los Alpes y, desde hace décadas, uno de los escenarios simbólicos del poder económico mundial. Cada enero, más de 3.000 participantes —entre ellos decenas de mandatarios y cientos de CEO— transforman esta tranquila localidad del este de Suiza en una auténtica fortaleza diplomática. La mayoría llega en jets privados a aeropuertos cercanos, especialmente Zúrich, desde donde completan el trayecto final en helicópteros militares o privados, debido tanto a la compleja orografía alpina como a los estrictos protocolos de seguridad. En el caso del presidente de Estados Unidos, el desplazamiento incluye incluso aeronaves específicas como Marine One.

Seguridad y logística al límite

Durante la celebración del Foro, el espacio aéreo alrededor de Davos queda restringido en un radio aproximado de 47 kilómetros, bajo control directo de las Fuerzas Aéreas Suizas. En tierra, los desplazamientos se realizan casi exclusivamente en vehículos oficiales blindados y servicios de chófer de alta gama, en un despliegue logístico sin precedentes para una ciudad de apenas 11.000 habitantes.

La idea de un foro itinerante

Sin embargo, precisamente en este escenario icónico del poder económico y político global ha comenzado a filtrarse una idea que podría marcar un punto de inflexión. Según informó el Financial Times, el WEF estaría considerando abandonar Davos como sede fija y evolucionar hacia un foro itinerante, con ediciones celebradas en distintas ciudades del mundo y con un mayor grado de apertura al público. La propuesta ha sido respaldada por Larry Fink, presidente de BlackRock y actual copresidente interino del consejo del Foro, quien ha señalado ciudades como Detroit, Dublín, Yakarta o Buenos Aires como posibles anfitrionas futuras.

“Hacer algo nuevo”

“El Foro debería empezar a hacer algo nuevo: estar presente y escuchar en los lugares donde realmente se construye el mundo moderno”, afirmó Fink.

Cuando el encanto se vuelve un problema

El debate no surge en el vacío. El crecimiento sostenido del evento y la creciente atención mediática han convertido a Davos en un enclave cada vez más limitado desde el punto de vista logístico. La capacidad hotelera es reducida, los espacios de hospitalidad son escasos y cualquier visita de alto nivel —especialmente la del presidente estadounidense— multiplica la complejidad operativa y los costos de seguridad. El encanto alpino, que durante años fue parte del atractivo del Foro, comienza a percibirse como un obstáculo.

¿Qué se gana y qué se pierde?

¿Qué implicaría, entonces, trasladar la sede del WEF? Un foro itinerante podría ampliar su impacto geográfico, acercarse a economías emergentes, reducir la percepción de elitismo y adaptarse mejor a las dinámicas del poder global contemporáneo. Al mismo tiempo, supondría renunciar a un símbolo histórico y replantear el modelo de influencia, visibilidad y networking que Davos ha perfeccionado durante más de medio siglo.

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