Las ciudades peruanas son, hoy en día, el reflejo más crudo de las debilidades de la gestión pública. En el caso de Lima, el caos y la inseguridad no son accidentes, sino consecuencias de una gobernanza deficiente, la falta de autoridad y una planificación que durante décadas ha sido puramente reactiva. El Estado, históricamente, ha llegado tarde a una expansión urbana que crece por intereses individuales y sin una visión de largo plazo.

Para Claudia Consiglieri, directora de la Maestría en Gestión de las Ciudades de la Universidad de Lima, la solución no radica simplemente en administrar lo que ya existe, sino en transformar profundamente la dinámica metropolitana. El reto es transitar de una ciudad fragmentada a una metrópolis integrada donde el ciudadano sea el eje de toda política pública.
Los tres ejes estratégicos de la transformación
La propuesta de Consiglieri para mitigar el colapso de la capital se sostiene en tres pilares fundamentales que buscan optimizar los recursos estatales y dignificar la vida del habitante:
- Gobernanza metropolitana integrada: Superar la fragmentación distrital para tomar decisiones de impacto regional que no se detengan en fronteras municipales.
- Planificación inteligente basada en evidencia: Implementar modelos de gestión que utilicen el Big Data y la analítica para anticipar problemas y optimizar el flujo de la ciudad.
- Dignificación del hábitat: Intervenir sobre el espacio público, la vivienda y los servicios básicos como un derecho fundamental y no como una reacción a la autoconstrucción.
El nuevo perfil del gestor urbano
La complejidad de las ciudades modernas requiere un cambio en el liderazgo. Ya no basta con la ingeniería tradicional; se necesitan profesionales capaces de articular el diseño urbano con disciplinas como la economía, el derecho y la sociología. Esta visión integral es la que promueve la Universidad de Lima, enfocándose en la ciudad como un sistema complejo que demanda eficiencia para reducir las brechas sociales.
El objetivo final de una «Ciudad Inteligente» no es solo la implementación de tecnología, sino lograr que la inversión pública y privada permita vivir con dignidad. Optimizar los recursos del Estado a través de una gestión basada en datos es el primer paso para que Lima deje de ser una suma de retazos y se convierta en una metrópolis funcional y humana.