La decisión de la Municipalidad de Miraflores de poner en venta el Mercado N.º 1 de Surquillo, con más de 80 años de historia, ha reactivado una antigua controversia territorial y política entre ambos distritos. El inmueble, actualmente clausurado, ha sido ofertado mediante concurso público por un valor cercano a los 12 millones de dólares, generando reacciones inmediatas desde la comuna surquillana.
Según los registros públicos, el predio —de aproximadamente 4.000 metros cuadrados— figura como propiedad de Miraflores, pese a encontrarse hoy dentro de los límites de Surquillo. Desde la municipalidad miraflorina sostienen que el mercado fue adquirido con recursos de sus contribuyentes cuando el distrito tenía una extensión territorial mayor, antes de la creación política de Surquillo.
“El mercado número uno es de propiedad de Miraflores”, señaló el gerente de Asesoría Jurídica del municipio, Lino de la Barrera, quien explicó que la redefinición de los distritos no modificó la titularidad legal del inmueble. No obstante, precisó que la venta no implica un cambio de uso del predio, el cual —aseguró— seguirá funcionando exclusivamente como mercado público.
La operación, sin embargo, ha generado rechazo desde Surquillo. La alcaldesa Cintia Loayza calificó el anuncio como una “amenaza” y sostuvo que el mercado pertenece históricamente al pueblo surquillano. Sus declaraciones reflejan el malestar político y social que rodea la posible transferencia del recinto, considerado un ícono de la vida comercial y gastronómica del distrito.
El mercado fue clausurado en 2023 por observaciones de salubridad, lo que obligó al traslado de los comerciantes a un espacio itinerante. Muchos de ellos han expresado su expectativa de tener prioridad para adquirir o alquilar los nuevos puestos en caso se concrete la venta.
Inaugurado en 1939, el Mercado de Surquillo N.º 1 fue construido sobre un terreno de más de 4.300 metros cuadrados, con tres niveles y alrededor de 300 puestos. Su ubicación estratégica, frente a la Vía Expresa y a la estación Ricardo Palma del Metropolitano, lo convierte en un activo urbano de alto valor económico y simbólico.
El futuro del recinto dependerá ahora del desenlace del proceso de venta y de las negociaciones que se abran entre la eventual nueva administración, los comerciantes y las autoridades locales. Mientras tanto, el mercado vuelve al centro del debate sobre propiedad pública, identidad barrial y gestión urbana en Lima.