Una actividad informal de manipulación de ajo, realizada sin condiciones mínimas de higiene ni control sanitario, fue detectada en el distrito de San Juan de Lurigancho, desde donde el producto es distribuido hacia distintos mercados de Lima.
Vecinos del asentamiento humano Enrique Montenegro denunciaron que el pelado y lavado del ajo se realiza en patios de viviendas particulares, utilizando bateas con agua turbia y exponiendo el alimento al polvo, al sol y a superficies no aptas para la manipulación de productos destinados al consumo humano.
Ajo es lavado en agua turbia y expuesto a contaminación
Según los testimonios recogidos en la zona, camiones descargan sacos de ajo sin cáscara que son trasladados a espacios interiores, donde jóvenes realizan el proceso de pelado y lavado sin ningún tipo de protección ni medidas sanitarias.
Las imágenes registradas muestran que los bulbos son colocados en recipientes plásticos con agua visiblemente sucia e incluso pisados con botas para facilitar el retiro de la cáscara. Todo el procedimiento se ejecuta a la intemperie y sin control técnico.
“Agua viene sabor de ajo. Para tomar. Sabor de ajo viene, día. Día no podemos sacar agua porque olor viene”, relató una vecina que vive a pocos metros del punto de acopio, quien aseguró que el olor invade las viviendas y afecta el suministro de agua.
Producto es distribuido a mercados y puntos de venta
El recorrido del ajo continúa fuera del distrito. Durante la madrugada, vehículos recogen los sacos ya procesados y los trasladan hacia zonas comerciales como Sebastián Barranca, donde el producto es ofrecido al público por kilo.
En uno de los puntos de venta, el intercambio es directo y sin referencia a su procedencia: “¿Y ese cuánto está, disculpe?”, pregunta una compradora. “Tres soles, cuatro soles”, responde el comerciante. Desde allí, el ajo es adquirido por familias y restaurantes, sin que se conozcan las condiciones reales en las que fue manipulado.
Especialista advierte riesgos para la salud
Una especialista en inocuidad alimentaria evaluó el ajo adquirido en uno de estos puntos de venta y advirtió que el producto no es apto para el consumo humano.
“Número uno: no está bien conservado. Número dos: no es apto para el consumo humano. Y número tres: no es una manipulación correcta”, señaló. La experta alertó sobre la posible presencia de microorganismos peligrosos como Escherichia coli, Salmonella o Clostridium botulinum, que pueden causar enfermedades graves.
Explicó además que el ajo requiere lavado adecuado, conservación en frío y protección frente a la intemperie, condiciones que no se cumplen en estos procesos informales. La situación expone un riesgo directo para la salud pública, considerando que el ajo es un insumo de consumo diario en la dieta peruana.