La obesidad no solo compromete el corazón o el metabolismo: también representa un factor de alto riesgo para la salud renal. Así lo advierte el Seguro Social de Salud (EsSalud), que señala que el exceso de grasa —especialmente la abdominal— aumenta la carga de trabajo de los riñones, genera procesos inflamatorios y favorece la aparición de diabetes e hipertensión, las principales causas de enfermedad renal crónica (ERC).
El doctor Eduardo Ortega Guillén, especialista del Centro Nacional de Salud Renal de EsSalud, explica que existen genes que predisponen a almacenar grasa abdominal, lo que en muchos casos deriva en resistencia a la insulina, diabetes mellitus tipo 2, hígado graso e hipertensión arterial, patologías que, a largo plazo, deterioran progresivamente la función renal.
Las cifras son elocuentes. Hasta el 2024, más del 60 % de los peruanos mayores de 15 años presentaban sobrepeso u obesidad. Según el especialista, esta realidad responde tanto a una predisposición genética —conocida como el “genotipo ahorrador”— como a hábitos poco saludables, entre ellos el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados y el sedentarismo.
“Condenados” por la genética
Pese a la herencia biológica, Ortega Guillén subraya que la genética no es una sentencia inevitable. Una dieta equilibrada y la práctica regular de ejercicio, especialmente rutinas de fuerza y alta intensidad, pueden contrarrestar la tendencia a acumular grasa abdominal. A ello se suman otros factores determinantes, como el sueño adecuado, el manejo del estrés y el control del tamaño de las porciones.

Verano y exceso de azúcar
El médico alerta además sobre los malos hábitos que suelen intensificarse en verano. Las altas temperaturas y el tiempo libre favorecen el consumo de gaseosas, cervezas, helados y bebidas azucaradas, productos que contribuyen directamente al aumento de grasa abdominal. En el caso de la cerveza, advierte, su efecto diurético puede provocar deshidratación y estimular un consumo repetido.
La recomendación es clara y tajante: el agua debe ser la principal —y preferentemente única— bebida para saciar la sed. Esta indicación coincide con las advertencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que señala que las gaseosas, incluso en sus versiones “bajas en azúcar”, aportan cantidades significativas de azúcares que perjudican la salud metabólica y renal.
En un país donde el sobrepeso es ya una condición extendida, EsSalud insiste en que prevenir la obesidad es también una forma de proteger los riñones y evitar una enfermedad que, cuando se detecta tarde, puede derivar en tratamientos de alto impacto como la diálisis o el trasplante renal.